Para aquellos que ya están
acostumbrados a las opiniones ampliamente
sostenidas en casi todas las denominaciones,
es probable que les resulte alarmante
la sugerencia de que Jesús
no es, de acuerdo a la Biblia, “verdadero
Dios de verdadero Dios”. No
es usualmente conocido que muchos
estudiantes de la Biblia durante todas
las épocas, no concluyeron
que la Escritura describe a Jesús
como “Dios” con “D”
mayúscula, incluyendo a un
considerable número de eruditos
contemporáneos.
Una diferencia de opinión en
semejante asunto fundamental debería
retarnos a una investigación
de la importante cuestión de
la identidad de Jesús. Si nuestra
adoración debe ser, como ya
la Biblia lo demanda, “en espíritu
y en verdad”
(Juan
4:24), es claro que nosotros
deseásemos entender qué
revela la Biblia de Jesús y
su relación con el Padre. La
Escritura nos advierte que es posible
caer en la trampa de creer en “otro
Jesús”
(2
Corintios 11:3-4) ---un otro
“Jesús” que el
revelado en la Biblia como el Hijo
de Dios, el Mesías prometido
por los profetas del Antiguo Testamento.
Es un hecho chocante que Jesús
nunca se refirió de sí
mismo como “Dios”. Igualmente
notable es el uso del Nuevo Testamento
de la palabra “Dios”-
en Griego ho theos- para referirse
al Padre únicamente, unas 1350
veces. En contraste definido, Jesús
es llamado “dios” sólo
en un puñado de textos-tal
vez no más de dos.
1
¿Por qué esta diferencia
impresionante del uso del Nuevo Testamento,
cuando tantos parecen creer que Jesús
no es menos “Dios” que
Su Padre?
El Monoteísmo del Antiguo Testamento
Confirmado por Jesús y Pablo
Puede que Los lectores de la Escritura
en este siglo no aprecien fácilmente
la fuerza del monoteísmo -creencia
en un Dios- que fue el primer fundamento
de toda la enseñanza del Antiguo
Testamento acerca de Dios. Los Judíos
estuvieron preparados para morir por
su convicción de que el verdadero
Dios era una persona única.
Cualquier idea de pluralidad en la
Divinidad era rechazada como una peligrosa
idolatría. La ley y los profetas
insistieron repetidamente que sólo
uno era el Dios verdadero, y ninguno
pudo haber concebido “distinciones”
dentro de la Divinidad una vez que
se hubieron comprometido a memorizar
textos como los siguientes (citados
de la Versión Reina-Valera
1960 de la Biblia):
“Oye, Israel: Jehová
nuestro Dios, Jehová uno es”
(Deuteronomio.
6:4).
“No tenemos todos un mismo Padre?¿No
nos ha creado un mismo Dios?”
(Malaquías
2:10).
“Antes de mí no fue formado
Dios, ni lo será después
de mí”
(Isaías
43:10).
“Porque yo soy Dios, y no hay
más”
(Isaías
45:22).
Porque yo soy Dios, y no hay otro
Dios, y nada hay semejante a mí”
(Isaías
46:9).
Ejemplos de declaraciones estrictamente
monoteístas del Antiguo Testamento
pueden ser multiplicadas. El hecho
importante a observar es que Jesús,
como el fundador del cristianismo,
confirmó y reforzó la
insistencia del Antiguo Testamento
de que Dios es uno. De acuerdo con
los registros de su enseñanza
compilados por Mateo, Marcos, y Lucas,
Jesús no dijo nada del todo
para alterar la creencia en la absoluta
singularidad de Dios. Cuando un escriba
(un teólogo) citó las
palabras famosas “Dios es uno,
y no hay otro fuera de él”,
Jesús lo elogió porque
él “había respondido
sabiamente”, y “no estaba
lejos del reino de Dios”
(Marcos
12:29-34).
En el informe de Juan sobre el ministerio
de Jesús, el mismo Jesús
confirmó igualmente su irrestricto
monoteísmo de su herencia Judía
con palabras que no pueden ser mal
entendidas. El habló de Dios,
Su Padre, como “el único
que sólo es Dios”
(Juan
5:44) y “el único
Dios verdadero”
(Juan
17:3). En todos sus discursos
registrados él se refirió
a la palabra “Dios” como
una única persona. Podemos
fácilmente discernir la ortodoxia
Judía del Antiguo Testamento
de Pablo quien habló de su
creencia Cristiana en “un solo
Dios, el Padre”
(1
Corintios 8:6) y “el
único Dios” como distinto
de “un mediador entre Dios y
los hombres”
(1
Timoteo 2:5). Para ambos Jesús
y Pablo, Dios era un único
ser increado, “el Dios y Padre
de nuestro Señor Jesucristo”
(Efesios 1:3).
Aun después de que Jesús
fue exaltado a la diestra del Padre,
el Padre es aún, según
las propias palabras de Jesús,
Su Dios
(Apocalipsis
3:12).
Debemos resumir nuestra discusión
hasta aquí citando las palabras
de L.L Paine, en una ocasión
profesor en el Seminario Teológico
Bangor:
“El Antiguo Testamento es estrictamente
monoteísta. Dios es un Ser
personal único. La idea de
que una Trinidad debe encontrarse
allí o que incluso debe estar
oculta de alguna manera de la vista,
es una suposición que tiene
una larga vigencia en la teología,
pero carece totalmente de fundamento.
Los Judíos, como un pueblo
bajo sus enseñanzas vinieron
a ser unos severos oponentes de todas
las tendencias politeístas,
y ellos han permanecido resueltos
monoteístas hasta este día.
En este punto no hay ruptura entre
el Antiguo Testamento y el Nuevo.
La tradición monoteísta
es continuada. Jesús fue un
Judío, entrenado por padres
Judíos en las Escrituras del
Antiguo Testamento. Su enseñanza
fue Judía en el núcleo;
un nuevo evangelio realmente, pero
no una nueva teología. El declaró
que no vino a destruir la ley y los
profetas, sino a cumplirlos, y él
aceptó como su propia creencia
el gran texto del monoteísmo
Judío: “Oye Israel, Jehová
nuestro Dios, Jehová uno es”.
Su proclamación concerniente
a sí mismo estaba en línea
con la profecía del Antiguo
Testamento. El fue el ‘Mesías’
del reino prometido, el ‘Hijo
del Hombre’ de la esperanza
Judía...si él algunas
veces preguntó ‘¿Quién
dicen los hombres que es el Hijo del
Hombre? El no dio una respuesta más
allá de la implicada aserción
de “Mesianismo” (Una Historia
Crítica de la Evolución
del Trinitarianismo, 1900, pp. 4,5.)
La fuerza del sentimiento Judío
acerca del monoteísmo es ilustrada
correctamente por las siguientes citas:
“La creencia que Dios está
envuelto de algunas personalidades
tal como la creencia Cristiana en
la Trinidad, es una separación
de la concepción pura de la
unidad de Dios. Israel ha rechazado
a lo largo de los siglos todo lo que
ha estropeado u obscurecido la concepción
del monoteísmo puro que ha
dado al mundo, y en vez de admitir
algún debilitamiento en ella,
los Judíos están preparados
para andar errantes, a sufrir, a morir”(Rabbi
J.H. Hurtz).
Ezra D. Gifford, en El Dios Verdadero,
el Verdadero Cristo, el Verdadero
Espíritu Santo, dice: “Los
mismos Judíos se resintieron
sinceramente por la implicación
de que sus Escrituras contenían
alguna prueba, o alguna insinuación
de la doctrina de la Trinidad ortodoxa,
y Jesús y los Judíos
nunca se diferenciaron en esta materia,
sosteniendo ambos que Dios es sólo
Uno, y esta es la más grande
verdad revelada al hombre.”
Si examinamos las enseñanzas
registradas de Jesús en Mateo,
Marcos y Lucas, recordando que estos
documentos representan la comprensión
de la iglesia apostólica en
los 60-80 d.C., no encontraremos ninguna
insinuación de que Jesús
creyera ser él mismo una criatura
no creada que ha existido desde la
eternidad. Mateo y Lucas trazan el
origen de Jesús a un especial
acto de creación por Dios cuando
la concepción del Mesías
tomó lugar en el vientre de
María. Fue el evento milagroso
que marcó el principio-el génesis,
u origen de Jesús de Nazaret
(Mateo 1:18, 20). Nada se dice del
todo de una “eterna filiación”
2,
es decir, que Jesús estuvo
vivo como un Hijo antes de su concepción.
Esa idea no pertenecía al pensamiento
de los escritores bíblicos.
¿Quién
Dijo Que El Mesías Era Dios?
La mayor parte de los lectores de
la Escritura se acercan a los registros
divinos con un buen fundado conjunto
de suposiciones. Ellos están
inadvertidos del hecho que mucho de
lo que entienden acerca de Jesús
se deriva de sistemas teológicos
inventados por escritores fuera de
la Biblia. De esta manera ellos aceptan
de buena gana una larga dosis de tradición,
mientras van afirmando y creyendo
que la Biblia es su sola autoridad.
3
La cuestión crucial que debemos
contestar es ésta: ¿Sobre
qué base declararon tanto la
iglesia primitiva y Jesús que
él (Jesús) era realmente
el Mesías prometido? La respuesta
es clara. Fue por medio de afirmar
que él había cumplido
perfectamente el rol que había
sido predicho sobre el Mesías
en el Antiguo Testamento. Tuvo que
ser demostrado que él encajó
con las “especificaciones”
desplegadas para el Mesías
en la profecía Hebrea. Mateo,
particularmente, se deleita en citar
el Antiguo Testamento conforme era
cumplido en los hechos de la vida
y experiencia de Jesús
(Mateo
1:23;
2:6,
15,
etc).
Pero Marcos, Lucas, Juan, y Pedro
(en los primeros capítulos
de los Hechos) igualmente insisten
que Jesús encaja exactamente
en la descripción del Antiguo
Testamento acerca del Mesías.
Pablo pasó mucho de su ministerio
demostrando a partir de las Escrituras
Hebreas que Jesús era el prometido
Cristo
(Hechos
28:23). A menos que la identidad
de Jesús pueda ser igualada
con la descripción sobre él
en el Antiguo Testamento, no habrá
una buena razón para creer
que su afirmación sobre su
mesianismo era verdad!.
Es esencial preguntar, por lo tanto,
si el Antiguo Testamento sugiere en
algún lugar que el Mesías
iba a ser “Dios co-igual”
un segundo ser no creado que abandona
una existencia eterna en el cielo
para hacerse hombre. Si no dice nada
como esto (y recordando que el Antiguo
Testamento tiene que ver aún
con detalles al minuto acerca de la
venida del Mesías) tendremos
que tratar como sospechosas las afirmaciones
de cualquiera que diga que Jesús
es ambos el Mesías y una segunda
persona no creada de la Divinidad,
reclamando el título “Dios”
en el sentido pleno.
¿Qué retrato del Mesías
es dibujado por las Escrituras Hebreas?
Cuando los Cristianos del Nuevo Testamento
buscan probar la afirmación
de Jesús acerca de su destino
mesiánico, a ellos les encanta
citar apasionadamente
Deuteronomio
18:18:
“Profeta les levantaré
de en medio de sus hermanos, como
tú (Moisés); y pondré
mis palabras en su boca, y él
les hablará todo lo que yo
le mandare.” Ambos Pedro
(Hechos
3:22) y Esteban
(Hechos
7:37) usaron este texto principal
para mostrar que Jesús era
“el profeta prometido”
(Juan 6:14),
cuyo origen sería en una familia
israelita y cuya función sería
similar a la de aquella de Moisés.
En Jesús, Dios levantó
el Mesías, el largamente prometido
vocero divino, el Salvador de Israel
y del mundo. En palabras de Pedro:
“Dios levantó a su siervo
y lo envió para que os bendijese,
a fin de que cada uno se convierta
de su maldad”
(Hechos
3:26).
Otro texto clásico Mesiánico
prometió que “un hijo
le nacerá a Israel”
(Isaías
9:6), la “simiente de
una mujer”
(Génesis
3:15), un descendiente de Abraham
(Gálatas
3:16), y un descendiente de
la casa real de David
(2
Samuel 7:14-16;
Isaías
11:1). El será el gobernante
nacido en Belén
(Mateo
2:6;
Miqueas
5:2). De sus varios títulos
uno será “dios fuerte”
y otro, “padre eterno”
(Isaías
9.6). Es en este único
texto donde podrá parecer que
se le coloca al Mesías dentro
de la categoría de los seres
no creados, sin embargo, el lector
sensitivo de la Escritura estará
advertido que a un texto único
no se le debería permitir deponer
la insistencia del Antiguo Testamento
de que sólo una persona es
el verdadero Dios. No debería
olvidarse que los oráculos
secretos fueron entregados a los Judíos,
ninguno de los cuales pensó
que un título divino dado al
Rey mesiánico significaba que
él era un miembro de una divinidad
eterna, ahora compuesta repentina
y misteriosamente de dos personas,
en contradicción a toda aquella
herencia que Israel defendió.
El “poderoso Dios” de
Isaías 9:6 es definido por
el destacado Léxico Hebreo
como “héroe divino, reflejando
la majestad divina.” La misma
autoridad registra que la palabra
“dios” usada por Isaías
es aplicada en otra parte en la escritura
a “hombres de poder y rango”,
así como a ángeles.
En lo que se refiere por “padre
eterno”, el título fue
entendido por los Judíos como
“el padre de la era venidera
(Mesiánica).”
4
Era ampliamente conocido que una figura
humana podía ser “padre
para los habitantes de Judá
y Jerusalén”
(Isaías
22:21).
En el
Salmo
45 el Rey Mesiánico
“ideal” es nombrado como
“dios”, pero no hay necesidad,
sea como sea, de asumir, por consiguiente,
que se ha comprometido el monoteísmo
Judío. La palabra (en este
caso elohim) fue aplicada no sólo
al único Dios sino también
a “representantes divinos, en
lugares sagrados o como proyectando
majestad divina y poder” (Léxico
Hebreo e Inglés del Antiguo
Testamento por Brown, Driver, y Briggs,
pp.42,43). El Salmista, y el escritor
de los Hebreos quienes la citaron
(Hebreos 1:8)
estuvieron conscientes del uso especializado
de la palabra “dios” para
describir al Rey Mesiánico
y añadir inmediatamente que
el Dios del Mesías le ha concedido
sus privilegios reales
(Salmo
45:7).
Aún el frecuentemente citado
texto de
Miqueas
5:2 acerca de los orígenes
del Mesías no requiere de ningún
tipo de preexistencia eterna literal.
En el mismo libro una expresión
similar fecha las promesas hechas
a Jacob desde “tiempos antiguos”
(Miqueas 7:20).
5
Ciertamente las promesas del Mesías
fueron dadas desde tiempos tempranos
en la historia del hombre
(Génesis
3:15: cp.
Génesis
49:10;
Números
24:17-19).
El Hijo de Dios
La fuente de la muy prolongada confusión
acerca de la identidad de Jesús
es la suposición extraída
de años de pensamiento tradicional
de que el título “Hijo
de Dios” debe significar en
las Escrituras un ser no creado, el
miembro de una Divinidad. Esa noción
no tiene ninguna posibilidad de ser
encontrada en las Escrituras. Es un
testimonio al poder del adoctrinamiento
teológico que hace que esta
idea subsista tan tercamente. En la
Biblia “Hijo de Dios”
es una alternativa y virtualmente
un título sinónimo para
el Mesías. Así Juan
dedica su evangelio completo a un
tema dominante, que creamos y comprendamos
que “Jesús es el Mesías,
el Hijo de Dios”
(Juan
20:31). La base para igualar
estos títulos se encuentra
en un pasaje favorito del Antiguo
Testamento en el
Salmo
2:
“Se levantarán los reyes
de la tierra, y príncipes consultarán
unidos contra Jehová y contra
su ungido” a quien ha puesto
como Rey de Jerusalén
(v.6)
y de quién él dice:
“Mi hijo eres tú; yo
te engendré hoy. Pídeme,
y te daré por herencia las
naciones”
(v.7,8).
Jesús no vacila en aplicar
todo el Salmo a su persona, y lo ve
como una predicción de su futura
gobernación y de sus seguidores
sobre las naciones
(Apocalipsis
2:26,
27).
6
Pedro hace la misma ecuación
de Mesías e Hijo de Dios, cuando
por revelación divina afirma
su creencia en Jesús: “Tú
eres el Cristo (Mesías), el
Hijo del Dios viviente”
(Mateo
16:16).
El sumo sacerdote le pregunta a Jesús:
“Eres tú el Cristo (Mesías),
el Hijo del Bendito?”
(Marcos
14:61).
Natanael comprende que el Hijo de
Dios no es otro que el Rey de Israel
(Juan 1:49),
el Mesías
(v.
41), “aquel de quien
Moisés escribió en la
ley y también en los profetas”
(v.45;
cp.
Deuteronomio
18:15-18).
El título “Hijo de Dios”
es aplicado también en la Escritura
a los ángeles
(Job
1:6;
2:1;
38:7;
Génesis
6:2,
4;
Salmo 29:1;
89:6;
Daniel 3:25),
a Adán
(Lucas
3:38), a la nación de
Israel
(Éxodo
4:22); a los reyes de Israel
como representando a Dios, y en el
Nuevo Testamento a los Cristianos
(Juan 1:12).
En vano buscaremos para hallar alguna
aplicación de este título
a un ser no creado, un miembro de
la eterna Divinidad. Este concepto
está simplemente ausente de
la idea bíblica de la filiación
divina.
Lucas sabe muy bien que la filiación
divina de Jesús se deriva de
su concepción en el vientre
de una virgen; él no sabe nada
del todo sobre algún origen
eterno:
“El Espíritu Santo vendrá
sobre ti, y el poder del Altísimo
te cubrirá (María) con
su sombra; por lo cual también
el santo ser que nacerá, será
llamado Hijo de Dios”
(Lucas
1:35).
El Salmista ha atribuido la filiación
Mesiánica a un momento definitivo
de tiempo —“hoy”
(Salmo 2:7)—
en la ocasión de su nombramiento
para la dominación del mundo.
Pablo encuentra una aplicación
adicional del
Salmo
2 en la resurrección
de Jesús
(Romanos
1:4).
Aquí están claramente
expuestas por las Escrituras las ideas
bíblicas de la filiación
de Jesús, las cuales Jesús
reconoció como la Palabra de
Dios. Esta filiación debe ser
fechada desde la concepción
de Jesús, su resurrección,
o desde su nombramiento para ser Rey.
La opinión de Lucas sobre su
filiación concuerda exactamente
con la esperanza en el nacimiento
del Mesías de una mujer, una
descendiente de Adán, Abraham,
y David
(Mateo
1:1;
Lucas
3:38). Los textos que hemos
examinado no contienen información
de una preexistencia personal del
Hijo en la eternidad.
El Hijo del Hombre,
El Señor a la Diestra de Dios
El título “Hijo del Hombre”
fue usado frecuentemente por Jesús
para referirse a sí mismo.
Como “Hijo de Dios”, él
está estrechamente asociado
con su Mesianismo; tanto que cuando
Jesús afirmó solemnemente
que él es el Mesías,
el Hijo de Dios, agrega en el mismo
momento que el sumo sacerdote vería
“el Hijo del Hombre” sentado
a la diestra del poder y viniendo
con las nubes del cielo”
(Marcos
14:61,
62).
El título “Hijo de Hombre”
está más plenamente
descrito en
Daniel
7:13,
14,
donde una figura humana (“un
Hijo de Hombre”) recibe el derecho
para el dominio mundial del Padre.
El paralelo con Salmo 2 es obvio,
así como la conexión
estrecha con el Salmo 110, donde David
se refiere a su “Señor”
(El Mesías) que se sentará
a la diestra (del Padre) hasta que
tome su oficio como gobernador mundial
y “reine en medio de sus enemigos”
(Salmo 110:2;
cp.
Mateo 22:42-45).
El Hijo del Hombre tiene igualmente
una clara conexión Mesiánica
en el
Salmo
80:17: “Sea tu mano sobre
el varón de tu diestra, sobre
el Hijo del Hombre que para ti afirmaste”.
Es significativo que los escritores
del Nuevo Testamento pongan muchísimo
énfasis en el
Salmo
110, citándolo unas
18 veces y aplicándolo a Jesús,
quien había sido exaltado por
aquel tiempo como Señor Mesiánico
a la inmortalidad a la mano derecha
del Padre exactamente como el Salmista
lo previó. Nuevamente debemos
reconocer que la eterna filiación
es ajena a todos los títulos
descriptivos del Mesías. Estos
hechos alarmantes deberían
conducir a los estudiantes de la Biblia
de todas partes a comparar lo que
se les ha enseñado acerca de
Jesús con el Jesús presentado
por la Escritura. Parecería
que un hijo eterno no haría
juego con la cuenta bíblica
del Mesías. Al optar por un
Jesús que es un ser eterno
que pasa a través de una vida
temporal en la tierra, muchos parecen,
por así decirlo, haber “obtenido
el hombre equivocado”.
Jesús
No Pretendió Ser Dios
En el evangelio de Juan la identidad
de Jesús es un tema fundamental.
Juan
escribió, como nos dice él,
con un propósito principal:
convencer a sus lectores que Jesús
es “el Mesías”,
el Hijo de Dios”
(20:31).
De acuerdo a Juan, Jesús distinguió
cuidadosamente su persona con la del
Padre quien es “el único
Dios verdadero”
(17:3;
cp.
5:44,
6:27).
Si estamos por buscar en el registro
de Juan una prueba de que Jesús
es Dios “co-igual”, en
el sentido trinitario, estaremos descubriendo
algo que Juan no se propuso, y en
vista de su herencia Judía,
no lo hubiera comprendido!
Por otra parte, tendríamos
que admitir que Juan introduce una
marcada nueva figura Mesiánica
que contradice el Antiguo Testamento
y depone la propia insistencia de
Juan (y Jesús) de que sólo
el Padre es verdadero Dios
(Juan
5:44,
17:3).
Semejante notoria auto-contradicción
es difícilmente probable.
7
Ya es tiempo suficiente para que le
permitamos a Jesús establecer
el registro correctamente. En los
informes de Mateo, Marcos, y Lucas
se nos dice que explícitamente
Jesús se suscribió al
monoteísmo estricto del Antiguo
Testamento
(Marcos
12:32-34). Por lo tanto, ¿acaso
él, de acuerdo a Juan, confunde
el asunto afirmando ser Dios después
de todo? La respuesta es dada claramente
en
Juan 10:34-36
donde Jesús definió
su condición en términos
de los representantes humanos de Dios
en el Antiguo Testamento. Jesús
dio este informe de sí mismo
como explicación de lo que
significa ser “uno con el Padre”
(10:30).
Es una unidad en función por
la cual el Hijo representa perfectamente
al Padre. Ese es exactamente el ideal
del Antiguo Testamento de la filiación,
el cual ha sido imperfectamente realizado
en los gobernantes de Israel, pero
encontrará su cumplimiento
perfecto en el Mesías, el Rey
escogido de Dios.
El argumento en
Juan
10:29-38 es como sigue: Jesús
comenzó por afirmar que él
y el Padre eran “uno”.
Fue una unidad de compañerismo
y función la cual en otra ocasión
él deseó también
para la relación de sus discípulos
con él y el Padre
(Juan
17:11,
22).
Los judíos entendieron que
Jesús estaba pretendiendo la
igualdad con Dios. Esto le dio una
oportunidad a Jesús para explicarse.
Lo que él estaba realmente
pretendiendo, así dice él,
era ser “Hijo de Dios”
(v.36),
un reconocido sinónimo para
Mesías. La pretensión
para la filiación no fue irrazonable,
sostuvo Jesús, en vista del
hecho bien conocido que aun los representantes
imperfectos de Dios han sido nombrados
por él en el Antiguo Testamento
como “dioses”
(Salmo
82:6). Lejos de demostrar alguna
pretensión para una eterna
filiación, él compara
su oficio y función con aquella
de los jueces. Se consideró
a sí mismo el representante
de Dios por excelencia ya que él
fue únicamente el Hijo de Dios,
el único y solo Mesías
sobrenaturalmente concebido, y el
objeto de toda profecía del
Antiguo Testamento. No hay absolutamente
nada, sin embargo, en el registro
de Jesús de sí mismo
que interfiera con el monoteísmo
del Antiguo Testamento o que requiera
una reescritura del texto sagrado
en
Deuteronomio
6:4. La propia comprensión
de Jesús está estrictamente
dentro de los límites impuestos
por la revelación autoritativa
de Dios en la Escritura. De otra manera
su pretensión de ser el Mesías
hubiera sido nula. Las Escrituras
hubieran sido invalidadas.
El Lenguaje Judío
de Juan
Puesto que Jesús expresamente
negó que él era Dios
en
Juan 10:34-36,
sería muy necio pensar que
él se contradijo a sí
mismo en otra parte. El Evangelio
de Juan debería ser examinado
con ciertos principios axiomáticos
firmemente en mente. Jesús
es distinto del “único
Dios verdadero”
(Juan
17:3). El Padre únicamente
es Dios
(5:44).
Juan desea que sus lectores entiendan
que todo lo que él escribe
contribuye a la única gran
verdad de que Jesús es el Mesías,
el Hijo de Dios
(20:31).
Jesús mismo dice, como hemos
visto, que el término “dios”
puede ser usado para un ser humano
que representa a Dios, pero ciertamente
ello no implica que sea una “Deidad
co-igual”. La propia auto designación
de Jesús es claramente la de
“Hijo de Dios”
(Juan
19:36). En
Juan
10:24,
25
Jesús les dijo “claramente”
que él era el Mesías,
pero ellos no lo creyeron.
Jesús declara frecuentemente
que él ha sido “enviado
por Dios”. Lo que el lector
promedio oye en esta frase no es del
todo lo que Juan quiso significar.
Juan el Bautista fue también
“enviado por Dios”, lo
que no significa que él preexistió
a su nacimiento
(Juan
1:6). Los profetas en general
son “enviados” por Dios
(Jueces 6:8;
Miqueas 6:4),
y los mismos discípulos han
de ser “enviados” como
fue “enviado” Jesús
(Juan 17:18).
“Viniendo del cielo” no
requiere que signifique descender
de una previa vida, más aún,
que “la carne de Jesús
que es el pan que descendió
del cielo” bajó literalmente
del cielo
(Juan
6:50,
51).
Nicodemo reconoció que Jesús
había “venido de Dios”
(Juan 3:2),
pero no pensó de él
como preexistente. Ni tampoco el pueblo
Judío cuando ellos hablaron
del profeta “que había
de venir al mundo”
(Juan
6:14; cp.
Deuteronomio
18:15-18), quisieron decir
que él estaba vivo antes de
su nacimiento. Santiago puede decir
que “toda buena dádiva
desciende de lo alto, del Padre de
las luces”
(Santiago
1:17). “Desciende del
cielo” es la misma manera gráfica
de Jesús y los Judíos
de describir el origen divino, el
cual ciertamente perteneció
a Jesús a través de
la virgen María.
Las declaraciones de “preexistencia”
en Juan
(Juan
3:138;
6:62) están conectadas
con el Hijo del Hombre, que significa
‘ser humano’. Lo máximo
que puede ser probado de estos versículos
es que Jesús era un ser humano
vivo en el cielo antes de que naciera
en la tierra! Este tipo de explicación
es innecesaria, sin embargo, una vez
que notamos que Daniel vio al Hijo
del Hombre 600 años antes en
visión sentado a la diestra
del Padre, es una posición
que ganó Jesús, dice
el Nuevo Testamento, por su resurrección
y ascensión. Como Mesías,
Jesús se vio a sí mismo
en el rol de uno que sería
después exaltado al cielo,
pues éste, de acuerdo a la
visión inspirada de Daniel,
era el destino del Mesías anterior
a su segunda venida en gloria. Jesús
realmente preexiste a su futuro retorno
a la tierra. Todo esto había
sido visto por adelantado por Daniel
antes del nacimiento del Mesías.
Así Jesús esperó
ascender a la diestra del Padre donde
él había sido visto
en visión como un ser humano
exaltado-Hijo del Hombre
(Juan
6:62). Decir que Jesús
estaba en realidad en el trono de
su Padre en el cielo como un ser humano
antes de su nacimiento en Belén
es mal entender a ambos Juan y Daniel.
Jesús tuvo que nacer antes
que pudiera tener lugar algo predicho
sobre él en el Antiguo Testamento!
Gloria Antes
Que Abraham
Jesús halla su propia historia
escrita en las Escrituras Hebreas
(Lucas 24:27).
El rol del Mesías estaba claramente
esbozado allí. Nada en el registro
divino ha sugerido que el monoteísmo
del Antiguo Testamento sería
radicalmente interrumpido por la aparición
del Mesías. Un montón
de evidencia apoyará la proposición
de que los apóstoles nunca
por un momento cuestionaron la absoluta
singularidad o unicidad de Dios, o
que la aparición de Jesús
creó algún problema
teorético acerca del monoteísmo.
Es por lo tanto destructor de la unidad
de la Biblia el sugerir que en uno
o dos textos en Juan, Jesús
trastocó su propia declaración
de fe de que el Padre era “el
único Dios verdadero”
(17:3),
o que él se transportó
lejos fuera de la categoría
de un ser humano hablando de una existencia
consciente desde la eternidad. Desde
luego que su oración por la
gloria que tuvo antes que comenzara
el mundo
(17:5)
puede fácilmente ser entendida
como un deseo por la gloria que ha
sido preparada para él en el
plan del Padre. La gloria que Jesús
deseó para los discípulos
ha sido también “dada”
(Juan 17:22),
pero ellos aún no la han recibido.
9
Era típico en el pensamiento
Judío que cualquier cosa de
suprema importancia en el propósito
de Dios---Moisés, la ley, arrepentimiento,
el Reino de Dios, y el Mesías---hayan
“existido” con Dios desde
la eternidad. En esta veta Juan puede
hablar de la crucifixión como
habiendo “ocurrido” antes
de la fundación del mundo
(Apocalipsis
13:8). Pedro, escribiendo tarde
en el primer siglo, aún conoce
de la “preexistencia”
de Jesús sólo como una
existencia en el preconocimiento de
Dios
(1 Pedro
1:20). Sus sermones en los
primeros capítulos de los Hechos
reflejan exactamente la misma opinión.
Pero. ¿Qué del texto
favorito probatorio en Juan 8:58 de
que Jesús existió antes
que Abraham?¿Acaso Jesús
después de todo confunde todo
diciendo por un lado que el Padre
sólo es el único Dios
verdadero”
(17:3,
5:44)-
y que él mismo no es Dios,
sino el Hijo de Dios
(Juan
10:36)-y por otro lado que
él, Jesús, es también
un ser no creado?¿Acaso él
define su rango dentro de las categorías
reconocibles del Antiguo Testamento
(Juan 10:36;
Salmo 82:6;
2:7)
sólo para plantear un acertijo
insoluble diciendo que él ha
estado vivo antes del nacimiento de
Abraham?¿Es acaso el problema
Trinitario el que debe erigirse debido
a un simple texto de Juan?¿No
sería más sabio leer
Juan 8:58
a la luz de la declaración
posterior de Jesús en 10:36,
y en el resto de la Escritura?
En la atmósfera completamente
Judía que penetra el Evangelio
de Juan es muy natural pensar que
Jesús hablara en términos
que fueron corrientes entre aquellos
entrenados en la tradición
Rabínica. En un contexto Judío,
el sostener “preexistencia”
no significa que uno está afirmando
ser una criatura increada! No obstante,
sí implica que uno tiene significación
absoluta en el plan divino. Jesús
es verdaderamente la razón
central para la creación. Pero
la singular actividad creativa de
Dios y su plan para la salvación
no fueron manifestados en un único
ser creado, el Hijo, hasta que Jesús
nació. La persona de Jesús
se originó cuando la propia
expresión de Dios tomó
forma en un ser humano
(Juan
1:14).
10
Es un hecho bien reconocido que las
conversaciones entre Jesús
y los Judíos fueron frecuentemente
antagónicas. En
Juan
8:57 Jesús de hecho
no dijo, como los Judíos parecieron
entender, que él había
visto a Abraham, sino que Abraham
se regocijó de ver el día
del Señor
(v.56).
El Patriarca estaba esperando levantarse
en la resurrección en el último
día
(Juan
11:24;
Mateo
8:11) y tomar parte en el Reino
Mesiánico. Jesús estaba
afirmando su superioridad sobre Abraham,
pero, ¿en qué sentido?
Como el “Cordero de Dios”
él había sido “crucificado
antes de la fundación del mundo”
(Apocalipsis
13:8;
1
Pedro 1:20)-no, por supuesto,
literalmente, pero en el plan de Dios.
De esta manera también Jesús
‘era’ antes que Abraham.
Así Abraham pudo mirar adelante
hacia la venida del Mesías
y su Reino. El Mesías y el
Reino entonces ‘preexistieron’
en el sentido que ellos fueron vistos
por Abraham a través de los
ojos de la fe.
11
La expresión ‘yo soy’
en
Juan 8:58
positivamente no significa ‘yo
soy Dios’. No es, como frecuentemente
se ha alegado, el nombre divino de
Éxodo
3:14, donde Jehová declaró:
“Yo soy el que soy (el único
auto existente---‘ego eimi o
ohn’). En ninguna parte Jesús
pretendió ese título.
La correcta traducción de ‘ego
eimi’ en
Juan
8:58 es ‘Yo soy él’,
p.e., el prometido Mesías (Cristo)(cp.
La misma expresión es en
Juan
4:26, “Yo soy (el Mesías),
el que habla contigo”).
12
Antes que naciera Abraham Jesús
fue ‘preconocido’
(cp.
1 Pedro 1:20).
Jesús hace acá la estupenda
reclamación de la absoluta
trascendencia en el propósito
de Dios.
El Logos en Juan
1:1
No hay otra razón, que la fuerza
del hábito, para entender que
la “Palabra” en
Juan
1:1 significa una segunda persona
divina, antes del nacimiento de Jesús.
13
Una personificación similar
de la sabiduría en
Proverbios
8:22,
30
y
Lucas 11:49
no significa que “ella”
es una segunda persona. No hay una
forma posible de acomodar una “segunda
persona divina” en la deidad
revelada como Juan y Jesús
la entendieron. El Padre permanece,
como siempre ha sido, “el único
Dios verdadero”
(17:3)
“el que solo es Dios
(5:44).
Leyendo el término “Logos”
(“Palabra”) en una perspectiva
del Antiguo Testamento entenderemos
que es la actividad de Dios en la
creación, su orden dador de
vida por medio del cual todas las
cosas vinieron a existir
(Salmo
33:6-12). La Palabra de Dios
es el poder por el cual Sus propósitos
adelantan
(Isaías
55:11). Si nosotros la tomamos
prestada de otra parte en el Nuevo
Testamento deberemos igualar la Palabra
con el mensaje creador de salvación,
el evangelio. Este es el significado
a lo largo del Nuevo Testamento
(Mateo
13:19;
Gálatas
6:6,
etc).
Es este complejo de ideas el que va
a formar el significado del Logos,
la “Palabra”. Por medio
de él (Logos) todas las cosas
fueron hechas, y nada fue hecho sin
él”
(Juan
1:3). En
Juan
1:14 la palabra se materializa
en un ser humano real teniendo un
origen divino en su concepción
sobrenatural.
14
Desde este momento, en “el cumplimiento
del tiempo”
(Gálatas
4:4), el único Dios
se expresa a sí mismo en una
nueva creación, la imagen de
la creación original en Adán.
La concepción y el nacimiento
de Jesús marcan una nueva fase
sin precedente del propósito
de Dios en la historia. Como el segundo
Adán, Jesús arma la
escena para el programa completo de
la salvación. El abre el camino
a la inmortalidad. En él el
propósito de Dios es finalmente
revelado en un ser humano
(Hebreos
1:1). Todo esto no significa,
sin embargo, que Jesús renunció
a una vida por otra. Eso hubiera perturbado
seriamente el paralelo con Adán
quien fue también “Hijo
de Dios” por la creación
directa
(Lucas
3:38). También estropearía
el monoteísmo puro revelado
a todo lo largo de las Escrituras
las cuales “no pueden ser quebrantadas”
(Juan 10:35).
Antes, Dios comienza a hablarnos en
el primer siglo D.C. en un Nuevo Hijo,
su última Palabra al mundo
(Hebreos 1:1).
Es la noción de un Hijo eternamente
existente la que desbarata tan violentamente
el esquema bíblico, desafiando
el monoteísmo y amenazando
la humanidad real de Jesús
(1 Juan 4:2;
2 Juan 7).
Esta comprensión de Jesús
en el Evangelio de
Juan
pondrá a Juan en armonía
con sus compañeros apóstoles,
y el monoteísmo del Antiguo
Testamento será preservado
intacto. Los hechos de la historia
de la iglesia muestran que el monoteísmo
irrestricto de las Escrituras Hebreas,
fue pronto, después de los
tiempos del Nuevo Testamento, abandonado
bajo la influencia de distintas ideas
Griegas. Al mismo tiempo el marco
predeterminado para el Mesianismo
fue olvidado, y con él la realidad
del Reino Mesiánico futuro.
El resultado fue años de conflicto
aún no resueltos sobre cómo
una segunda persona divina preexistente
pudo ser combinada con un ser plenamente
humano en un solo individuo. El concepto
de la preexistencia literal para el
Mesías es la idea intrusa,
la parte del acertijo Cristológico
que no encaja. Sin él emerge
una clara figura de Jesús dentro
de los términos de la revelación
Hebrea y las enseñanzas de
los apóstoles. Dios, el Padre,
permanece verdaderamente como el único
Dios verdadero, el único quien
sólo es Dios
(17:3;
5:44)
y la singularidad de Jesús
con su Padre está basada en
una unidad de función representado
por uno quien es verdaderamente el
Hijo, como la Biblia en todas partes,
además, entiende ese término
(10:36).
Si el Cristianismo debe ser revivido
y unificado deberá serlo sobre
la base de creer en Jesús,
el Mesías de la Biblia, no
estropeado por las especulaciones
extraviadas de los Griegos quienes
manifestaron muy poca simpatía
por el mundo Hebreo en donde nació
el Cristianismo.
La “Divinidad”
de Jesús
Decir que Jesús no es Dios
no es negar que él está
excepcionalmente investido con la
naturaleza divina. La Divinidad es,
por así decirlo, “innato”
en él en virtud de su concepción
única bajo la influencia del
Espíritu Santo, como también
por el Espíritu que mora en
él en medida plena
(Juan
3:34). Pablo reconoce que la
“plenitud de la deidad moraba
en él”
(Colosenses
1:19;
2:9).
Viendo al hombre Jesús vemos
la gloria del Padre
(Juan
1:14). Vemos que Dios mismo
estaba “en el Mesías
reconciliando al mundo consigo mismo”
(2 Corintios
5:19). El Hijo de Dios es,
por consiguiente el pináculo
de la creación de Dios, la
expresión plena del carácter
divino en un ser humano. Sin embargo
la gloria del Padre fue manifestada,
en un mucho menor grado, en Adán
(Salmo 8:5;
cp.
Génesis
1:26), en Jesús la voluntad
del Padre es plenamente explicada
(Juan 1:18).
Nada de lo que Pablo dice acerca de
Jesús lo saca de la categoría
de un ser humano. La presencia de
Dios que moró en el templo
no convirtió al templo en Dios!
Raramente es observado que un alto
grado de “divinidad” es
atribuida por Pablo también
al Cristiano
15
que tiene el espíritu del Mesías
morando en él
(Efesios
3:19). Así como “Dios
estaba en Cristo”
(2
Corintios 5:19), así
también Cristo estaba “en
Pablo”
(Gálatas
2:20), y él ora para
que los Cristianos sean “llenos
de toda la plenitud de Dios”
(Efesios 1:23;
3:19).
Pedro habla de los fieles como teniendo
la “naturaleza divina”
(2 Pedro 1:4).
Lo que es cierto de los Cristianos
es cierto en un más alto grado
de Jesús quien es el “precursor”
que lleva a otros a través
del proceso de la salvación
después que él mismo
hubo “completado la trayectoria”
exitosamente
(Hebreos
2:10).
En la Forma de
Dios
A pesar de la masiva evidencia del
Nuevo Testamento mostrando que los
apóstoles siempre distinguieron
a Jesús del único Dios,
el Padre”
(1
Corintios 8:6), muchos confiadamente
encuentran la opinión tradicional
de Jesús como una segunda criatura
increada, plenamente Dios, en
Filipenses
2:5-11. Es algo de una paradoja
que el escritor sobre Cristología
en el Diccionario de la Iglesia Apostólica
pueda decir que “Pablo nunca
le da a Cristo el nombre o descripción
de ‘Dios,’” pero
no obstante encuentre en
Filipenses
2 una descripción de
la “pre-vida” eterna de
Cristo en el cielo.
16
Un reciente y muy aclamado estudio
de la visión bíblica
sobre Jesús—Christology
in the Making, por James Dunn—nos
alerta del peligro de leer en las
palabras de Pablo las conclusiones
de la generación posterior
de teólogos, los “padres”
de la iglesia Griega en los siglos
siguientes a la culminación
de los escritos del Nuevo Testamento.
La tendencia de buscar en la Escritura
lo que ya creemos, es natural, ya
que ninguno de nosotros puede fácilmente
encarar la amenazante posibilidad
de que nuestra comprensión
“recibida”, no coincida
con la Biblia. (El problema es aún
más agudo si estamos envueltos
en enseñar o predicar la Biblia).
Sin embargo, ¿no estamos demandando
de Pablo más de lo que a él
le sería posible dar por medio
de pedirle que nos presente, en unas
pocas frases breves, con otro ser
eterno distinto que el Padre? Esto
amenazaría tan obviamente el
estricto monoteísmo que él
expresa tan claramente en todos los
demás lugares
(1
Corintios 8:6;
Efesios
4:6;
1
Timoteo 2:5). También
aumentaría la totalidad del
problema trinitario el cual Pablo,
como brillante teólogo que
era, ignora completamente.
Mirando de nuevo a
Filipenses
2, debemos formular la pregunta
si Pablo en estos versos ha hecho
realmente lo que sería su única
referencia de Jesús como habiendo
estado vivo antes de su nacimiento.
El contexto de su comentario lo muestran
urgiendo a los santos a ser humildes.
Se ha preguntado frecuentemente si
es de alguna manera probable que él
hubiera forzado esta lección
por medio de pedir a sus lectores
a adoptar esta estructura de mente
de uno que, habiendo sido Dios eternamente,
tomó la decisión de
ser hombre. Podría ser también
difícil para Pablo referirse
al preexistente Jesús como
Jesús el Mesías, leyendo
hacia atrás a la eternidad
el nombre y oficio que él recibió
en su nacimiento en Belén.
Pablo puede ser comprendido fácilmente
en
Filipenses
2 en los términos de
un tema favorito: La Cristología
de Adán. Fue Adán quien
era a la imagen de Dios como el Hijo
de Dios
(Génesis
1:26;
Lucas
3:38). Mientras que Jesús,
el segundo Adán
(1
Corintios 15:45) era también
en la forma de Dios (las dos palabras
“imagen” y “forma”
pueden ser intercambiadas).
17
No obstante, mientras Adán,
bajo la influencia de Satán,
ambicionó la igualdad con Dios
(“seréis
como Dios”-
Génesis
3:5), Jesús no. Sin
embargo él tuvo todo el derecho
al oficio divino puesto que él
era el Mesías que reflejaba
la presencia divina, pero él
no se consideró igual a Dios
como algo a “que aferrarse”.
En vez de eso él renunció
a todos los privilegios, rechazando
la oferta de Satán de poderío
sobre los reinos mundiales
(Mateo
4:8-10), y se comportó
a lo largo de su vida como un siervo,
aun al punto de ir a una muerte de
criminal en la cruz.
En respuesta a esta vida de humildad
Dios ahora ha exaltado a Jesús
al rango de Señor Mesías
a la diestra del Padre, tal como el
Salmo 110
lo predijo. Pablo no dice que Jesús
estaba re-obteniendo una posición
que temporalmente había renunciado.
Él parece más bien haber
ganado su oficio exaltado por primera
vez después de su resurrección.
Sin embargo él había
sido toda su vida el Mesías,
su posición fue públicamente
confirmada cuando él fue “hecho
ambos Señor y Mesías”
por medio de ser levantado de la muerte
(Hechos 2:36;
R
omanos 1:4).
Si leemos el registro de Pablo sobre
la vida de Jesús de esta manera
como una descripción continua
de su auto negación, se notará
un estrecho paralelo con otro de sus
comentarios en la carrera de Jesús.
“Siendo rico, se hizo pobre
por amor a vosotros”
(2
corintios 8:9). Mientras que
Adán había caído,
Jesús voluntariamente “bajó”.
La lectura tradicional del pasaje
de
Filipenses
2 depende casi enteramente
de comprender la condición
de Jesús “en la forma
de Dios” como una referencia
a una vida preexistente en el cielo.
Las traducciones han hecho mucho por
reforzar esta opinión. El verbo
“era” en la frase “era
en la forma de Dios” ocurre
frecuentemente en el Nuevo Testamento
y de ningún modo acarrea el
sentido de “existiendo en la
eternidad”, sin embargo algunas
versiones tratan de forzar ese significado
en él. En
1
Corintios 11:7, Pablo dice
que un hombre no debería cubrirse
la cabeza ya que él es a la
imagen y gloria de Dios. El verbo
aquí no es diferente al de
“era” que describe a Jesús
como en la forma de Dios. Si el hombre
ordinario es la imagen y gloria de
Dios, cuánto mucho más
Jesús, quien es el representante
humano perfecto de Dios en quien residen
todos los atributos de la naturaleza
divina
(Colosenses
2:9). La intención de
Pablo en
Filipenses
2 no es introducir el vasto
tema de un ser divino eterno que se
hizo hombre, sino enseñar una
sencilla lección de humildad.
Debemos de tener la misma actitud
que Jesús, pensar como él
lo hizo. Pero no se nos está
pidiendo imaginarnos a nosotros mismos
como seres divinos eternos por allí
rendidos a la divinidad con el fin
de venir a la tierra como hombres.
No es ampliamente conocido que muchos
han tenido serias reservas de leer
Filipenses
2 como una declaración
acerca de la preexistencia. Un Antiguo
profesor de Teología escribió
en 1923: “Pablo está
rogando a los Filipenses a cesar las
disensiones, y obrar con humildad
unos con otros. En
2
Corintios 8:9 él está
rogando a sus lectores a ser generosos
en dar limosnas. Es cuestionado si
no sería muy natural para él
hacer cumplir estas dos simples lecciones
morales por medio de hacer menciones
casuales (y es la única mención
que él hace alguna vez) al
enorme problema del modo de la encarnación.
Y es considerado por muchos que sus
apelaciones simples tendrían
más efecto si él se
hubiera dirigido al ejemplo inspirador
de la humildad de Cristo y su auto
sacrificio en su vida humana, como
en
2 Corintios
10:1: “‘Yo Pablo
os ruego por la mansedumbre y ternura
de Cristo’.” El autor
de estos comentarios, A.H. McNeile,
sugiere la siguiente paráfrasis.
“Aunque Jesús fue durante
toda su vida divino, sin embargo,
él no lo creyó un privilegio
de mantenerlo a toda costa y ser tratado
como una igualdad con Dios, sino por
su propia voluntad se despojó
(de toda auto-afirmación u
honra divina) mediante la adopción
de la naturaleza de un esclavo."
18
Pablo está señalando
el hecho de que Jesús apareció
en el escenario humano como cualquier
otro hombre ("a semejanza de
los hombres"). Su vida, considerado
como un todo, fue un proceso continuo
de auto-humillación, que culminó
con su muerte en la cruz. El segundo
Adán, a diferencia del primero,
se somete totalmente a la voluntad
de Dios y, en consecuencia, recibe
la mayor exaltación.
Cabeza de la
Nueva Creación
El paralelo entre Adán y Jesús
forma la base del pensamiento de Pablo
acerca del Mesías. Cristo posee
la misma conexión con la nueva
creación, la iglesia, así
como Adán la tuvo con la creación
que comenzó en
Génesis.
Comenzando con Jesús, la humanidad
hace un nuevo comienzo. En Jesús
como un hombre representativo, el
nuevo Adán, la sociedad comienza
de nuevo todo. Esta correspondencia
es perturbada seriamente si Jesús
después de todo no se origina
como un hombre. Así como Adán
es creado como un “Hijo de Dios”
(Lucas 3:38),
así la concepción de
Jesús lo constituye a él
“Hijo de Dios”
(Lucas
1:35). Ciertamente Adán
es de la tierra
(1
Corintios 15:47) mientras que
Jesús es el “hombre del
cielo”. No viniendo del cielo
en su nacimiento, sino según
Pablo, en su segunda venida para resucitar
a los fieles muertos
(1
Corintios 15:45f). Hasta este
punto vemos el defecto en las ideas
tradicionales acerca de la preexistencia.
La marcha de Cristo del cielo a la
tierra se centra en la mente de Pablo
en la Parousía (segunda venida).
En el pensamiento tardío, el
centro del interés fue transferido
a su nacimiento. Así, curiosamente,
el esquema tradicional mira hacia
atrás en la historia, mientras
que la Biblia nos orienta primeramente
hacia la venida futura del Mesías
en gloria.
Es como la cabeza de la nueva creación
y el centro del propósito cósmico
como Pablo describe a Jesús
en
Colosenses
1. Su intención es mostrar
la posición suprema que Jesús
ha ganado a través de la resurrección
y su preeminencia en el nuevo orden,
como contraria a las afirmaciones
de sistemas rivales de religión
por las cuales los Colosenses estaban
siendo amenazados. Todas las autoridades
fueron creadas “en Cristo”
(Colosenses
1:16). De modo que Jesús
afirmó también: “Todo
poder en el cielo y en la tierra es
mío”
(Mateo
28:18). “Todas las cosas”
aquí significan para Pablo
la inteligente creación animada
consistente de “tronos, dominios,
gobernadores o autoridades,”
que fueron creados “en Cristo”,
“a través de Cristo”
(no “por”) y “para
Cristo.” Es su Reino que Pablo
tenía en mente
(Colosenses
1:13). Jesús es el primogénito
de cada criatura así como el
primogénito de los muertos
(vs.15,
18).
19
El término “primogénito”
designa a Jesús como miembro
principal del nuevo orden creado,
así como su fuente, una posición
que él alcanzó por medio
de ser el primero en recibir inmortalidad
a través de la resurrección.
Juan, en
Revelación
3:14, llama similarmente a
Jesús: “El principio
de la creación de Dios”,
que muy naturalmente quiere decir
que él mismo fue parte de la
creación. Aquel “primogénito”
designa en la Biblia a aquel que tiene
el oficio supremo, y puede ser demostrado
en el
Salmo
89:27 donde el “primogénito”,
el Mesías, es el más
grande de los Reyes de la tierra,
uno elegido como David del pueblo
y exaltado
(Salmo
89:19). Nuevamente Pablo ha
desarrollado los conceptos mesiánicos
ya bien establecidos por las Escrituras
Hebreas.
En ninguna de las declaraciones de
Pablo estamos obligados a encontrar
un “segundo ser divino eterno.”
Él nos presenta más
bien con el glorificado segundo Adán,
ahora erigido al oficio divino para
el cual el hombre fue originalmente
creado
(Génesis
1:26,
Salmo
8). Jesús ahora representa
a la raza humana como la Cabeza del
nuevo orden de la humanidad. El intercede
por nosotros como Sumo Sacerdote en
el templo celestial
(Hebreos
8:1). Atribuyendo tales elevados
títulos al ascendido señor,
no hay razón para pensar que
Pablo haya violado su propio claro
monoteísmo en
1
Corintios 8:6:” Para
nosotros, sin embargo, sólo
hay un Dios, el Padre, y un sólo
Señor, Jesucristo”. Nada
en
Colosenses
1 nos fuerza a creer que Pablo,
sin advertirnos, se ha separado de
la comunión de Mateo, Marcos,
Lucas, Pedro, y Juan y que se ha desviado
del monoteísmo absoluto el
cual él expuso tan clara y
cuidadosamente en todas partes
(1
Timoteo 2:5;
Efesios
4:8), y el cual estuvo profundamente
incrustado en su entero antecedente
teológico.
La Tierra Habitada
por Venir de la cual hablamos
El escritor a los Hebreos pone particular
énfasis en la humanidad de
Jesús. Él estuvo tentado
en todos los puntos como nosotros
lo estamos y aún así
sin pecado
(Hebreos
4:15). Dios hizo originalmente
los siglos a través del hijo
(no “por el hijo”), con
su destino a la vista
(Hebreos
1:2). Después de comunicarse
con nosotros en diferentes formas
y en diferentes tiempos a través
de portavoces en el pasado, finalmente
Dios ahora nos ha hablado en uno que
es verdaderamente Hijo
(Hebreos
1:2). El escritor no quiso
decir al declararnos (lo que Jesús
no supo-
Marcos
10:6) de que Jesús fue
el agente activo en la creación
del
Génesis.
Fue Dios quien descansó el
séptimo día, después
de completar su obra
(Hebreos
4:4,
10).
20
Es Dios, también, quién
aún introducirá al Hijo
dentro de la “tierra habitada
del futuro: Cuando él nuevamente
introduce al hijo en el mundo”
(Hebreos 1:6).
21
Cuando el Mesías sea reintroducido
en el mundo, un número de importantes
afirmaciones sobre él, se convertirán
en historia. Primeramente, el trono
del Mesías será establecido
(Hebreos 1:8).
(Compare, “Cuando el Hijo del
Hombre, venga en su gloria, y todos
los santos ángeles con él,
entonces se sentará en su trono
de gloria” ---
Mateo
25:31).
22
Como representante de la majestad
divina del Padre, el título
mesiánico “dios”
le será aplicado a Jesús,
así como una vez le fuera dado
a los jueces de Israel) quienes simbolizaron
al Juez supremo de Israel, el Mesías
(Salmo 82:6).
Otra profecía del
Salmo
102:25 será también
cumplida en el Reino venidero del
Mesías. Los fundamentos de
la nueva tierra y los nuevos cielos
serán colocados como
Isaías
(51:16
y
65:17)
lo previó.
Hebreos
1:10 puede ser fácilmente
leído incorrectamente como
queriendo significar que el Señor
Mesías era el responsable de
la creación del Génesis.
Sin embargo, esto pasa por alto la
cita que el autor hace de los LXX
del enteramente mesiánico
Salmo
102. Además, él
declara específicamente que
sus series de verdades acerca del
Hijo se refieren al tiempo cuando
él es “nuevamente traído”
a la tierra
(Hebreos
1:6). Y en
Hebreos
2:5 nos dice nuevamente que
es la tierra
(Hebreos
1:6). Y en
Hebreos
2:5 nos dice nuevamente que
es la “tierra habitada del futuro”
de la cual él está hablando
en el
capítulo
1. Se le debe permitir al escritor
proveer su propio comentario. Su interés
es con el Reino Mesiánico,
no con la creación del
Génesis.
A causa de que no compartimos la visión
mesiánica del Nuevo Testamento
como debiéramos, nuestra tendencia
es ver hacia atrás en vez de
hacia adelante. Debemos armonizarnos
con la perspectiva profundamente mesiánica
de toda la Biblia.
23
El Antecedente
Hebreo al Nuevo Testamento
Será útil por la vía
del resumen y para orientarnos al
pensamiento del mundo de los autores
del nuevo Testamento, establecer los
principales pasajes de las Escrituras
Hebreas de donde se derivaron su unificada
comprensión de la persona de
Cristo. En ninguna parte puede demostrarse
que el Mesías sería
un ser no creado, un hecho que nos
causaría mirar fuera de la
Biblia para hallar la fuente de semejante
concepto revolucionario.
El propósito original para
el hombre, hecho a la imagen y gloria
de Dios, fue la de ejercer dominio
sobre la tierra
(Génesis
1:26;
Salmo
8). Ese ideal nunca se pierde
más allá de nuestra
capacidad de recuperarlo, porque el
salmista habla de la “gloria”
con la que el hombre ha sido (potencialmente)
coronado de modo que “todas
las cosas le sean sujetas bajo sus
pies”
(Salmo
8:5,
6.
Como el plan divino lo revela, se
hace claro que la prometida “simiente
de la mujer” es la que revertirá
el desastre causado por Satanás
(Génesis
3:15) será un descendiente
de David
(2
Samuel 7:13-16). Él
llamará a Dios su Padre
(2
Samuel 7:14) y será
nombrado como el Hijo de Dios, el
Mesías, a quien Dios confía
la gobernación de la tierra
(Salmo 2).
Antes de ocupar su oficio real, no
obstante, el Mesías debe sentarse
al lado derecho del padre y llevar
el título de “Señor”
(Salmo 110:1).
24
Como Hijo de Hombre, hombre representativo,
él tomará su lugar en
el cielo antes de recibir de Dios
autoridad para administrar un imperio
Universal
(Daniel
2:44;
7:14;
Hechos 3:20,
21).
Habiendo en su primera venida sufrido
por los pecados de la gente
(Isaías
53,
Salmo
22), él está
por venir nuevamente como el primogénito
de Dios, el soberano de los reyes
de la tierra
(Salmo
89:27), prefigurado por David
quien fue también elegido de
entre el pueblo
(Salmo
89:19,
20).
Como el segundo Moisés, el
Mesías se levantará
en Israel
(Deuteronomio
18:18), derivando su filiación
divina a un nacimiento sobrenatural
de una virgen
(Isaías
7:14;
Lucas
1:35), y siendo confirmado
como Hijo de Dios a través
de su resurrección de los muertos
(Romanos 1:14).
Como Sumo sacerdote, el Mesías
sirve ahora a su pueblo desde el cielo
(Hebreos (8:1)
y espera el tiempo de la restauración
de todas las cosas
(Hechos
3:21), cuando él sea
destinado a ser reintroducido a la
tierra como Rey de Reyes, la figura
divina del
Salmo
45 (Hebreos 1:6-8). En aquel
tiempo, en la nueva era del Reino,
él regirá con sus discípulos
(Mateo 19:28,
Lucas 22:28-30;
1 Corintios
6:2;
2
Timoteo 2:12;
Revelación
2:26,
3:21;
Revelación
20:4). Como Adán encabeza
la creación original de los
seres humanos en la tierra, así
Jesús es la cabeza creadora
del Nuevo Orden de la humanidad, en
quien los ideales de la raza humana
se cumplirán
(Hebreos
2:7).
Dentro de este marco Mesiánico,
la persona y obra de Jesús
pueden ser explicadas en términos
comprendidos por los apóstoles.
El propósito de ellos aún
cuando presenten la más “avanzada
Cristología” es proclamar
la creencia en Jesús como Mesías
e Hijo de Dios
(Juan
20:31), quien es el centro
de todo el propósito de Dios
en la historia
(Juan
1:14). Sin embargo, Jesús
está obviamente coordinado
en una muy íntima manera con
su Padre, este último permanece
como “el único Dios verdadero”
del monoteísmo bíblico
(Juan 17:3).
Jesús así representa
la presencia del único Dios,
su Padre. En el hombre Jesús,
Emmanuel, el único Dios está
presente con nosotros
(Juan
14:9).
25
De Hijo de
Dios a Dios el Hijo
Hemos buscado el Jesús de
la Biblia por medio de reunir las
varias hebras de los datos revelados
en los registros inspirados. La
figura que emerge es diferente de
la figura presentada por el Cristianismo
tradicional en la que la persona
de Cristo que hemos descrito no
complica el primer principio de
la fe bíblica, a saber, creer
en uno quien sólo es verdadera
y absolutamente Dios (Juan
17:3; 5:44).
Es fácil ver como el Mesías
bíblico vino a ser “Dios
el Hijo” de los teólogos
post-bíblicos. Eso fue posible
solamente cuando el mesianismo esencial
de la Biblia fue gradualmente suprimido.
El término “Hijo de
Dios,” que en la Escritura
es un título puramente mesiánico
que describe la gloria del hombre
en relación íntima
con el Padre, fue desde el segundo
siglo mal entendido y reaplicado
a la parte divina de un eterno Dios/hombre.
Al mismo tiempo, la designación
”Hijo del Hombre”, nada
menos que un título del Mesías
como hombre representante, fue hecha
para referirse a su naturaleza humana.
De este modo ambos títulos,
hijo de Dios e Hijo del Hombre fueron
desalojados de su sentido Mesiánico
y sus significados bíblicos
se perdieron. Mientras que la evidencia
del Antiguo Testamento fue ampliamente
rechazada—así como
la evidencia de los Evangelios Sinópticos,
Hechos, Pedro, Santiago, y Juan
en el Libro de Revelación—una
serie de versículos en el
Evangelio de Juan y dos o tres en
las Epístolas de Pablo fueron
reinterpretados para acomodar la
nueva idea de que Jesús era
el segundo miembro de una trinidad
eterna, co-igual e inherentemente
Dios. Ese Jesús, sin embargo,
es escasamente el Jesús de
los documentos bíblicos.
Él es el otro Jesús
(2 Corintios
11:4).
El Hombre y
el Mensaje Obscurecidos
Con la pérdida del significado
bíblico del término
Mesías prosiguió una
pérdida paralela del significado
del reino Mesiánico el cual
es el centro de toda la enseñanza
de Jesús y el corazón
del evangelio (Lucas
4:43; Hechos
8:12; 28:23,31).
La esperanza para el establecimiento
del reino del Mesías en una
tierra renovada, que es el tema
de toda la profecía del antiguo
Testamento que Jesús vino
a confirmar (Romanos
15:8), fue reemplazada por
la esperanza del “cielo para
cuando tú mueras”;
y una gran porción de propaganda
convenció (y continúa
convenciendo) a un público
ignorante de que Jesús nunca
creyó en nada tan “terreno”,
político, o “no espiritual”
como el Reino de Dios en la tierra.
El resultado de los cambios radicales
que gradualmente trastocaron las
perspectivas de la iglesia (comenzando
tan temprano como el siglo segundo)
ha sido una pérdida del mensaje
central de Jesús—el
evangelio acerca del Reino de Dios
(Lucas 4:43;
Hechos 8:12;
28:23,30,31)
—así como un mal entendimiento
acerca de quién es él.
Las iglesias se les ha dejado en
algunos apremios explicando cómo
por un lado Jesús era el
cumplimiento de las profecías
del Antiguo Testamento acerca del
Mesías, mientras que se supone
que han rechazado al mismo tiempo
las promesas del Antiguo Testamento
de que el Mesías viene a
gobernar la tierra! La teoría
adelantada usualmente es que Jesús
mantuvo el Antiguo Testamento en
tanto que enseñara un ideal
ético de amor, pero que rechazó
la visión del profeta de
una intervención catastrófica
divina en la historia que conduciría
a una renovación de la sociedad
en la tierra bajo el Reino de Dios.26
En pocas palabras, se supone que
Jesús ha afirmado ser el
Mesías, pero al mismo tiempo
ha eliminado toda esperanza para
la restauración de la teocracia
que sus antepasados anhelaron.
No hay duda del todo de que los
fieles en Israel estaban realmente
mirando hacia delante al arribo
del Mesías para gobernar
en la tierra, pero Jesús,
como ha sido largamente sostenido,
se separo de tales “crudas”
expectativas.27
La cuestión en cuanto al
porqué los Judíos
esperaban un concreto imperio Mesiánico
en la tierra es evitada silenciosamente.
Si fuera cuestionada, la respuesta
hubiera tenido que ser obviamente
que las Escrituras del Antiguo Testamento
lo predijeron en cada detalle.
Las iglesias van a tener que llegar
a la comprensión de que ellas
no están jugando limpio con
la Biblia permitiendo sólo
el primer acto del drama divino—la
parte que concierne al sufriente
y moribundo Mesías—en
tanto que descartan el segundo acto.
El futuro arribo del Mesías
como Rey triunfante, el enviado
de Dios para crear una efectiva
y duradera paz en la tierra. La
resurrección y ascensión
de Jesús y su presente sesión
al lado derecho del Padre son sólo
parte del triunfo del Hijo de Dios,
como lo entiende el Nuevo Testamento.
Un serio y fundamental error refuerza
las formas tradicionales del pensamiento
acerca del rol de Jesús en
la historia. Este tiene que ver
con la función política-teocrática
del Mesías que es el principal
ingrediente del Mesianismo. Hasta
ahora, se ha hecho todo el esfuerzo
para sostener la creencia, contraria
a las declaraciones más sencillas
de la Escritura, que las promesas
de Jesús a la iglesia de
gobernar con él en el futuro
Reino Mesiánico (Mateo
19:28; Lucas
22:28-30) deben ser aplicadas
a la presente era. Lo que continúa
siendo pasado por alto es que será
“cuando Cristo venga en su
gloria” al final de la edad
presente (Mateo
25:31), “en la nueva
era cuando tome su oficio de Rey”
(Mateo 19:28),
que la iglesia reinará con
él. Para que no debiera haber
duda en lo más mínimo,
el coro de seres divinos cantan
acerca de la iglesia, “y nos
has redimido de toda nación,
y nos has hecho para Dios reyes
y sacerdotes destinados a reinar
en la tierra” (Apocalipsis
5:10). El Mesianismo puro
del Salmo
2 permanece tan fuerte como
siempre en Apocalipsis
2:26 y 3:21,
y estas son las muy propias palabras
de Jesús a la iglesia (Apocalipsis
1:1; 22:16).
El Jesús de las Escrituras
no es otro que el Mesías
de la profecía del Antiguo
Testamento y la literatura apocalíptica.
Hay una necesidad urgente para los
asistentes a la iglesia de que se
involucren ellos mismos en la investigación
personal de las Escrituras desencadenados
por éste o aquél credo,
que de tan buena gana ahora se han
aceptado “por la fe”.
Deberemos de ser lo suficientemente
honestos para admitir que las opiniones
mayoritarias no son automáticamente
las correctas, y que la tradición,
aceptada sin ninguna previa crítica,
puede haber ido lejos sepultando
la fe original tal y como Jesús
y los apóstoles la enseñaron.
Puede ser que nosotros debiéramos
de tomar seriamente la observación
del canónigo H.L. Goudge
cuando escribió sobre el
desastre que aconteció “cuando
las mentes Griegas y Romanas vinieron
a dominar a la iglesia en lugar
de la mente Hebrea.” Fue “un
desastre en doctrina y práctica”,
de acuerdo al canónigo Goudge
“del cual la Iglesia nunca
se ha recuperado.”28
La recuperación puede sólo
comenzar cuando se tome la debida
atención de la advertencia
solemne de Juan de “que no
hay tan grande falsedad como la
negación del Mesianismo de
Jesús (1
Juan 2:22).29
Jesús debe ser proclamado
como Mesías, con todo eso
que el término altamente
colorido significa en su marco bíblico.
Lo Que Los
Eruditos Admiten
En un artículo sobre “Predicando
a Cristo” (Diccionario de
Cristo y los Apóstoles, Vol.II,
p.394), James Danny dice: “Es
ocioso decir que Jesús es
el Cristo, si nosotros no sabemos
quién o qué es Jesús.
No tiene sentido decir que una persona
desconocida está a la mano
derecha de Dios, exaltada y soberana;
los más fervorosos hombres
creyeron que Dios les había
dado un Príncipe y Salvador
en esta exaltación, y tuvieron
más ganas de saber todo lo
que es posible de él.
Esta buena declaración es
seguida por otra observación
valiosa de que “no hay predicación
de Cristo que no repose sobre la
base en donde se apoyó la
predicación de los apóstoles.”
¿Qué predicaron entonces
Jesús y los apóstoles?
“Una de las maneras en las
que Jesús describió
su absoluta importancia para la
verdadera religión fue ésta:
El se consideró a sí
mismo como el Mesías. El
rol Mesiánico era uno que
podría ser cumplido por una
sola persona, y él mismo
era la persona en cuestión;
él y no otro era el Cristo.”
Todo esto es excelente, pero los
pensamientos que siguen comienzan
a revelar un disgusto acerca del
Mesianismo de Cristo, a pesar de
las protestas en contra. “Pero
es el Cristo una concepción
que nosotros en otra época
hubiéramos podido usar para
algún propósito? Únicamente
---debe responderse--- si empleamos
el término con mucha extensión”.
James Denny parece no estar advertido
que está a punto de socavar
el Mesianismo bíblico de
Jesús, puesto que Jesús
no puede ser separado de su oficio
Mesiánico, para obscurecer
su identidad. El continúa
diciendo: “Es seguro que para
aquellos que primero vinieron a
creer en Jesús como el Cristo,
el nombre fue mucho más categórico
de lo que lo es para nosotros; y
tuvo una forma y color que ya no
tiene más.” Pero esto
debe implicar que hemos perdido
de vista lo que significa creer
que Jesús es el Mesías.
Denny da la impresión de
que estamos ahora en libertad de
inventar nuestra propia idea del
Mesianismo, desatendiendo la definición
bíblica que se hace de él.
Fue, sin embargo, precisamente esta
tendencia que trajo el desastre
a la iglesia poco después
de la muerte de los apóstoles.
La iglesia comenzó a crear
su propia concepción sobre
el Mesías, y al hacerlo así
perdió contacto con el Jesús
de la Biblia. Denny dice que el
término Mesías “tuvo
expectativas conectadas con dicha
palabra las cuales para nosotros
ya perdieron su vitalidad que una
vez tuvieron”. Exactamente;
¿pero, por qué han
perdido su significado, sino es
porque hemos cesado de creer lo
que la Biblia nos dice acerca del
Mesías? “En particular”,
dice Denny, las asociaciones “escatológicas”30
del término Mesías
no tienen para nosotros la importancia
que ellas tuvieron para los primeros
creyentes. En la enseñanza
de Jesús estas asociaciones
se agruparon alrededor del título
Hijo del Hombre...el cual es usado
como sinónimo con el de Cristo...nada
fue más característico
del Cristianismo primitivo que la
segunda venida de Jesús en
el carácter de Cristo. Fue
la verdadera esencia de lo que la
iglesia primitiva quiso decir por
esperanza...o nuestra perspectiva
en el futuro es diferente que la
de ellos.”
En qué autoridad es diferente
ésta? Uno seguramente no
puede poner a un lado uno de los
rasgos más característicos
del Cristianismo de la Biblia y
continuar llamando la misma fe,
lo restante.31
Es esta partida sutil de la esperanza
característica de la iglesia
primitiva que debería señalarnos
la diferencia riesgosa entre lo
que llamamos cristianismo y lo que
los apóstoles entendieron
por ese nombre. No tiene sentido
decir que somos Cristianos si hemos
abandonado la característica
esencial de la concepción
del Nuevo Testamento sobre el Mesías
en quien afirmamos creer.
Denny es sospechoso con razón
de una tendencia entre los eruditos
de “suponer tácitamente
que es un error creer en Cristo
como lo creyeron aquellos que primero
predicaron de él. Semejante
crítica hace su tarea de
conformar la personalidad de Jesús
exactamente como las nuestras y
su conciencia exactamente como pueden
ser las nuestras.” (énfasis
mío)
Este es precisamente nuestro problema,
pero también lo es de Denny,
quien admite que “nuestra
perspectiva en el futuro es diferente
de las de los apóstoles.’”
Pero la perspectiva de ellos del
futuro estaba basada sobre su comprensión
central de Jesús el Mesías,
el gobernante del futuro Reino de
Dios cuyo poder fue manifestado
como anticipo en el ministerio de
Jesús. ¿Por cuál
posible lógica podemos renunciar
a la esperanza que fue “la
característica esencial del
Cristianismo Apostólico”
y aun así pretender ser Cristianos?
En esta auto contradicción
descansa el gran fracaso de las
iglesias de permanecer fieles a
Jesús como el Mesías.
Hemos preferido nuestra propia perspectiva
y nuestra propia opinión
del Mesianismo; y hemos sentido
correcto atar a nuestra propia concepción,
el nombre de Jesús. ¿No
hemos creado así “otro
Jesús” según
a la imagen de nuestros corazones
gentílicos?
Una lectura de obras clásicas
sobre Cristología revelan
algunas notables admisiones que
estimularán al lector a conducir
una pesquisa por la verdad acerca
de Jesús. En un artículo
sobre el Hijo de Dios, William Sanday,
una vez profesor de teología
en Oxford, hace la pregunta si hay
algunos textos en los cuatro evangelios
que podrían conducirnos a
la idea de Jesús como el
“preexistente Hijo de Dios”.
El concluye que todas las afirmaciones
acerca de Jesús en Mateo,
Marcos, y Lucas se refieren a la
vida de Cristo en la tierra. No
hay ni una simple referencia de
que hubiese sido el Hijo de Dios
antes de su nacimiento. Si examinamos
el Evangelio de Juan “tenemos
que observar alguna cosa anormal
en las expresiones que están
libres de ambigüedad. Tal vez
no haya ninguna.” (Diccionario
Hastings de la Biblia, Vol. IV,
p.576, énfasis mío).
Aquí, entonces, está
la declaración de un destacado
experto en el sentido de que no
hay una simple referencia de Jesús
en todos los cuatro evangelios como
siendo el Hijo de Dios antes de
su nacimiento. Sin embargo permanece
un hecho de que las iglesias enseñan
la filiación eterna de Jesús
como un indispensable dogma básico
de la fe.
Se le ha dejado adivinando al profesor
Sanday del porqué Mateo,
Marcos, y Lucas no saben nada acerca
de la preexistencia de Jesús:
“Es probable que los escritores
no hayan reflexionado del todo sobre
la materia, y no transcriban una
porción de la enseñanza
del Señor sobre el tema”
(ibid., p.577). Cuando Sanday recurre
a las epístolas, él
sólo puede conjeturar que
podría haber una referencia
a un Hijo pre-existente (Hijo pre-humano
celestial) en Hebreos
1:1-3, pero de ningún
modo necesariamente.
Sobre Colosenses
1:15 él dice: “La
idea destacada en la palabra ‘primogénito’
es aquella referida a los derechos
legales del primogénito,
su precedencia sobre todos los que
son nacidos después de él”.
El agrega que “parece equivocado
concluir con la idea de prioridad
(en el tiempo) también”.
El finaliza sus comentarios citando
al teólogo alemán
diciendo como que “del Antiguo
Testamento y del Rabinismo no hay
camino hacia la divinidad de Cristo”
(p.e. que él es Dios). El
profesor Wernle sostuvo que el título
Hijo de Dios es estrictamente Judío
y que el nuevo paso de Hijo de Dios
a Dios el Hijo fue tomado sobre
terreno gentílico (pagano)
a través de ideas vagas traídas
por los convertidos al paganismo”
(Ibid., p.577).
Declaraciones de este tipo muestran
en qué terreno inestable
está construido todo el edificio
de la “filiación preexistente.”
La posibilidad debe ser encarada
honestamente, que las afirmaciones
dogmáticas acerca de Jesús
que datan de tiempos post bíblicos
dependen de su propia autoridad
en lugar de los apóstoles.
El derrotero más sabio es
tomar nuestra posición sobre
las afirmaciones dogmáticas
de la Escritura (La Biblia) misma
y de reconocer con Jesús
que “la vida eterna (vida
en la Era Venidera) consiste en
esto: Que podamos conocer al Padre
como el único Dios verdadero,
y a Jesús el Mesías
a quién El envió”
(Juan 17:3).
Jesús,
El Hombre y Mediador
El Jesús presentado por los
apóstoles no es “Dios
el Hijo.” Este título
no aparece en ningún lugar
en la Biblia. Jesús es el
Hijo de Dios, el Mesías,
cuyo origen debe ser trazado en
su milagrosa concepción (Lucas
1:35). El único Dios
de las Escrituras sigue siendo en
el Nuevo Testamento como el Creador
Dios de Israel. Jesús “hombre”
(1 Timoteo
2:5), media entre el único
Dios, el Padre, y la humanidad.
Este Jesús puede salvar “perpetuamente”
(Hebreos
7:25). Cualquier otro Jesús
debe ser evitado como una engañosa
falsificación—y es
muy fácil “recibirlo”
(2 Corintios
11:4).
La Confesión
de la Iglesia
La iglesia que Jesús fundó
está basada sobre la confesión
central de que Jesús es el
Mesías, el Hijo de Dios (Mateo
16:16). Esta confesión
es seriamente distorsionada cuando
al aparecer un nuevo significado
éste es adherido al término
“Hijo de Dios”. Semejante
distorsión que ya ha ocurrido
debiera ser evidente a los estudiantes
de historia de la teología.
Sus efectos están con nosotros
hasta hoy. Lo que se necesita rápido
es un retorno a la confesión
fundamental de Pedro, quien, en
presencia de Jesús (Mateo
16:16), y los judíos
(Hechos 2:3),
y al final de su ministerio declaró
que Jesús es el Mesías
de Israel, el Salvador del mundo,
preconocido en los consejos de Dios
pero manifestado en estos últimos
tiempos (1
Pedro 1:20). El estupendo
hecho del Mesianismo de Jesús
es comprendido sólo por la
revelación divina (Mateo
16:17).
La figura fundamental del Cristianismo
debe ser presentada dentro del marco
Hebreo-bíblico. Es allí
que descubrimos al Jesús
real e histórico quien es
también el Jesús de
la fe. Fuera de ese marco nosotros
inventamos a “otro Jesús”
porque sus títulos bíblicos
descriptivos han perdido ya sus
significados originales. (2
Corintios 11:4).
Cuando los títulos de Jesús
son investidos con un nuevo significado
no bíblico, es claro que
éstos ya no comunican su
identidad conforme a la verdad.
Cuando esto ocurre la fe cristiana
es puesta en peligro. Nuestra tarea,
por lo tanto, debe ser proclamar
a Jesús como el Mesías
de la visión de los profetas,
y debemos dar a entender por Mesías
e Hijo de Dios lo que Jesús
y el Nuevo Testamento dan a entender
por estos términos. La Iglesia
puede pretender ser la depositaria
del auténtico Cristianismo
sólo cuando ella hable en
armonía con los apóstoles
y le diga al mundo quién
es Jesús.
________________________________________
ENDNOTES
1 Bultmann,
for example, in Essays Philosophical
and Theological, p. 276, claims
that John 20:28 is the only sure
instance in the New Testament of
the title “god” being
applied to Jesus. Most would agree
that Hebrews 1:8 is a second clear
instance. Note the careful translation
of the New American Bible: “Your
throne, O god, stands forever”
(Ps. 45:6). The God of the Bible
is designated thousands of times
by the singular personal pronoun
“I,” “You,”
“He,” etc. Singular
personal pronouns describe a single
Person, not three. Of the nearly
4,400 occurrences of the word “God”
in the Bible not one of them can
be shown to mean “God existing
in three Persons.” This fact
should convince the open-minded
that the Bible never presents God
as a Trinity. The Triune God is
foreign to Scripture.
2 The
phrase “eternal generation
of the Son,” which is the
linchpin of orthodox Trinitarianism,
has no meaning, since to generate
means to bring into existence, while
eternity lies outside time. Cp.
the protest of Dr. Adam Clarke:
“I trust I may be permitted
to say, with all due respect for
those who differ from me, that the
doctrine of the eternal Sonship
of Christ is, in my opinion, antiscriptural
and highly dangerous…To say
that he was begotten from all eternity
is, in my opinion, absurd; and the
phrase ‘eternal Son’
is a positive self-contradiction.
‘Eternity’ is that which
has had no beginning, nor stands
in any reference to time. ‘Son’
supposes time, generation, and father,
and time also antecedent to such
generation. Therefore the conjunction
of these two terms, ‘Son’
and ‘eternity,’ is absolutely
impossible, as they imply essentially
different and opposite ideas”
(Commentary on Luke 1:35). Dr. J.O.
Buswell writes, “We can say
with confidence that the Bible has
nothing whatsoever to say about
‘begetting’ as an eternal
relationship between the Father
and the Son” (A Systematic
Theology of the Christian Religion,
Zondervan, 1962, p. 111).
3 I
am indebted to F.F. Bruce for the
following keen observation: “People
who adhere to sola scriptura (as
they believe) often adhere in fact
to a traditional school of interpretation
of sola scriptura. Evangelical Protestants
can be as much servants of tradition
as Roman Catholics or Greek Orthodox
Christians; only they don’t
realize that it is ‘tradition’”
(from correspondence).
4 So
the Jews rendered the Hebrew expression
when they translated their Scriptures
into Greek.
5 Cp.
the remark of E. Kautzsch: “The
reference in Micah 5:2 is to remote
antiquity…Deut. 32:7 shows
that this is the meaning of ‘days
of old’ (not ‘days of
eternity,’ as if what were
spoken of were the eternal pre-existence
of the Messiah)” (Hastings
Dictionary of the Bible, extra vol.,
p. 696). The Pulpit Commentary (Micah,
p. 82) observes that “eternal
generation, humanly speaking, is
a theological fiction, a philosophical
absurdity.”
6 A
weakness of most theological systems
is the refusal to see in the statements
attributed to Jesus in Revelation
the very words of the Master.When
the Christology of the Revelation
is set aside, the claims of Jesus
in the book (1:1) are denied and
a distorted Christology results.
7 “It
should be noted that John is as
undeviating a witness as any in
the New Testament to the fundamental
tenet of Judaism, of unitary monotheism
(cp. Rom. 3:30; James 2:19). There
is the one, true and only God (John
5:44; 17:3)” (J.A.T. Robinson,
Twelve More New Testament Studies,
SCM Press, 1984, p. 175). Jesus
referred to the Father as “the
only one who is truly God”
(John 17:3). Such statements should
end all argument. Only the Father
is the one true God.
8 Alternatively
Jesus’ “ascension”
may be a reference to his knowledge
of divine secrets (cp. Prov. 30:3,
4).
9 It
is typical of Jewish thinking that
what is promised for the future
may be said to exist already in
God’s plan. Thus in John 17:5
Jesus already “had”
glory “with” the Father.
The glory was his promised reward.
Christians likewise already “have”
a reward stored up in heaven. It
is a reward “with” the
Father (Matt. 6:1; cp. John 17:5:
“glory I had with you before
the foundation of the world”).
“In some Jewish writings preexistence
is attributed to the expected Messiah,
but only in common with other venerable
things and persons, such as the
Tabernacle, the Law, the city of
Jerusalem, the lawgiver Moses himself,
the people of Israel” (Ottley,
Doctrine of Incarnation, p. 59).
10 Compare
G.B. Caird, The Development of the
Doctrine of Christ in the New Testament,
p. 79: “The Jews had believed
only in the preexistence of a personification;
wisdom was a personification, either
of a divine attribute or of a divine
purpose, but never a person. Neither
the fourth Gospel nor Hebrews ever
speaks of the eternal Word or Wisdom
of God in terms which compel us
to regard it as a person.”
11 H.H.
Wendt, D.D., commenting on John
8:58, says: “Jesus’
earthly life was predetermined and
foreseen by God before the time
of Abraham” (The Teaching
of Jesus, Vol. II, p. 176).
12 Edwin
Freed in JTS, 33, 1982, p. 163:
“In John 8:24 ‘ego eimi’
is to be understood as a reference
to Jesus’ Messiahship…‘If
you do not believe that I am he,
you will die in your sins.’”
13 See
note 10.
14 Compare
James Dunn, Christology in the Making,
p. 243, discussing John 1:1-14:
“The conclusion which seems
to emerge from our analysis is that
it is only with v. 14 that we can
begin to speak of the personal Logos…The
point is obscured by the fact that
we have to translate the masculine
logos as ‘he’...But
if we translated logos as ‘God’s
utterance’ instead, it would
become clearer that the poem did
not necessarily intend the Logos
in verses 1-13 to be thought of
as a personal divine being.”
15 Supposing
him to be properly baptized, fully
instructed, and active according
to the Truth of Scripture. The reader
should be aware that contemporary
ideas of what it is to be a Christian
may not correspond to a biblical
definition. Matthew 7:21 provides
the New Testament’s most uncomfortable
warning.
16 Vol.
I, p. 194.
17 See
particularly C.H. Talbert, “The
Problem of Preexistence in Philippians
2:6-11,” JBL 86 (1967), pp.
141-53. Also G. Howard, “Philippians
2:6-11 and the Human Christ,”
CBQ 40 (1978), pp. 368-87.
18 New
Testament Teaching in the Light
of St Paul’s, pp. 65, 66.
19 At
Colossians 1:17, many translators
are less cautious than the NASB
which wisely relegates to the margin
the implication that Jesus “existed
prior to” all things. It is
sufficient to say, with Paul, that
he is “before” all things,
meaning that he is supreme in the
created world, not that he is literally
the first in time to be created,
or existed eternally. In John 1:15,
30 a similar enthusiasm for preexistence
is shown by those translations which
do not allow us to see that the
verse may very well be rendered:
“He who comes after me has
taken up a position in front of
me, because he had absolute priority
over me” (see commentaries
by Raymond Brown in the Anchor Bible
series, and by Westcott. Also the
Geneva Bible (1602) rendering: “He
was better than I.”). The
NIV is misleading when it describes
Jesus as “returning”
or “going back” to the
Father. He was “going”
or “ascending” (see
John 13:3; 16:28; 20:17).
20 The
New Testament is quite clear about
God the Father being the creator
in Gen. 1:1; Acts 7:50; 14:15; 17:24,
Rev. 4:11; 10:6; 14:7; Mark 10:6;
13:19. Heb. 1:1-2 describes the
God of the Hebrew Bible as the Father
of Jesus and excludes any possibility
that “God” could mean
a Triune God. See also Murray Harris,
Jesus as God (Baker, 1992), fn.
p. 47: “For the author of
Hebrews (as for all New Testament
writers, one may suggest) the ‘God
of our fathers,’ Yahweh, was
no other than ‘the God and
Father of our Lord Jesus Christ’
(cp. Acts 2:30, 33; 3:13, 18, 25,
26)…It would be inappropriate
for Elohim or Yahweh ever to refer
to the Trinity in the Old Testament
when in the New Testament theos
regularly refers to the Father alone
and apparently never to the Trinity.”
On p. 273 (fn.) Harris admits that
“God” never refers to
both the Father and the Son together.
21 Compare
Tyndale Commentary on Hebrews by
Thomas Hewitt (1960), p. 56: “The
translation is therefore, ‘And
when he again bringeth the firstborn
into the world.’”
22 See
also Matt. 19:28; Luke 22:28-30;
and Rev. 2:26, 3:21, and 5:10, which
with many other texts foresee the
establishment on earth of the Messianic
Kingdom when Jesus returns.
23 For
further information on how the writer
to the Hebrews uses Psalm 102 in
Hebrews 1:10, see F.F. Bruce, Epistle
to the Hebrews, pp. 21-23.
24 The
Hebrew word “lord” (adoni,
my lord) is never, in all of its
195 occurrences, the title of Deity.
The Lord God, by contrast, is Adonai
449 times. This critical text proves
that no writer of the Bible thought
the Messiah was God Himself. See
appendix.
25 John
20:28 describes an address to Jesus
as “my Lord and my God.”
Both titles are ascribed to the
Messiah in the Old Testament (Ps.
45:6, 11; 110:1). John’s whole
purpose is to present Jesus as the
Messiah (John 20:31). But there
is a special significance in Thomas’
words. In John 14:7 Jesus had said
to Thomas: “If you had known
me you would have known my Father.
From now on you know Him and have
seen Him.” Finally, after
the resurrection, Thomas sees that
God indeed was in Christ and that
to see Christ was to recognize the
God who commissioned him. John 20:28
is the sequel to Jesus’ earlier
conversation with Thomas and Philip
(John 14:4-11).
26 Jesus
never denied that the predicted
theocracy would one day be established
by him as Messiah. Theology’s
loss of the Truth of the future
Messianic Kingdom involved also
the loss of the future co-rule of
Jesus and the faithful church. Thus
Christianity’s objective disappeared.
27 Found
as much in the Psalms of Solomon
as in the Old Testament, Psalm 2,
etc.
28 The
Calling of the Jews, in the collected
essays on Judaism and Christianity.
29 New
Testament Letters paraphrased by
J.W.C. Wand, D.D.
30 I.e.,
having to do with events to occur
at the end of the age.
31 In
the same way that Christian doctrines
of God and man and salvation are
“utterly untenable without
the existence of Satan” (Michael
Green, I Believe in the Downfall
of Satan, Eerdman’s, 1981,
p. 20).