¡Este
escrito ha ayudado a muchos entender
el Reino de Dios!
Parece que ya
es una costumbre arraigada entre
muchos estudiantes y exégetas
bíblicos alegorizar todo
aquello que los hace sentir incómodos
o que va en contra de sus creencias
particulares. Un ejemplo de ello
es el reino de Dios. Pareciera que
los creyentes no quisieran creer
que Dios pueda establecer un reino
en la tierra liderado por verdaderos
Judíos, por hombres probos
y santos que han demostrado ser
dignos e idóneos en la vida
presente para cargos de responsabilidad
o de autoridad en el mundo venidero
de justicia.
Los más
de los creyentes están esperanzados
en ver totalmente destruido nuestro
planeta y vivir lejos en el cielo
cuando mueran a través de
sus almas inmortales, las que supuestamente
abandonarán sus respectivos
cuerpos muertos para estar inmediatamente
con Dios y con Su Hijo Jesucristo.
Sí, mis
amigos, los más de los estudiantes
bíblicos hoy siguen la línea
de Agustín de Hipona, el
gran teólogo del siglo IV,
quien espiritualizó el reino
de Dios definiéndolo como
la iglesia de Cristo, la cual, supuestamente,
reina en el mundo a través
de la curia o la clase clerical.
Para Agustín de Hipona, Jesús
no volverá a la tierra a
tomar un trono literal en Jerusalén
para restaurar el prometido reino
de David, ya que según él,
el reino ya se había establecido
algunos años después
de que Cristo partió al cielo.
Para los intereses del romanismo,
es muy conveniente rechazar un reino
literal dirigido por Judíos
verdaderos, por los hijos de Abraham.
Y es que es harto conocido que el
catolicismo ha tenido siempre muy
poca simpatía para el judaísmo
y los judíos. Estos han sido
perseguidos por el Papado y han
sido acusados de herejes, renegados,
asesinos de Jesús, y mil
epítetos más que todos
ya conocemos muy bien. Se puede
decir que hubo una usurpación
de los privilegios de Israel por
la llamada Iglesia reinante.
Ahora el reino de David es sustituido
o reemplazado por la iglesia, y
todos los privilegios y promesas
para el pueblo prístino de
Dios pasan a manos de la iglesia
imperante (el nuevo pueblo de Dios),
dejando a Israel como parias en
el mundo, como malditos y desechados
por Dios. Esto fue logrado gracias
a la maquiavélica interpretación
agustiniana del reino de Dios.
Otros cristianos suponen que el
reino de Dios es el reinado de Jesucristo
en el corazón de los creyentes,
es decir, una suerte de “morada
de Cristo en nosotros” como
el rey de nuestras vidas para dirigirnos
y guiarnos en nuestro diario andar
en el camino que conduce a la vida.
Esta teoría es muy difundida
entre los llamados cristianos evangélicos.
Muchos Estudiantes de la Biblia
encuentran una serie de pasajes
en la Biblia que les hacen pensar
que el reino de Dios no puede ser
de ninguna manera literal sino espiritual,
y francamente no les quitamos razón
para ello. Y es que una lectura
fugaz o superficial de tales textos
podrían convencernos efectivamente
de que el reino que Cristo y sus
apóstoles predicaron, nada
tiene que ver con un gobierno en
la tierra sino con algo distinto.
¿Pero acaso Jesús
no dijo que su reino no es de este
mundo?
“Respondió Jesús:
Mi reino no es de este mundo; si
mi reino fuera de este mundo, mis
servidores pelearían para
que yo no fuera entregado a los
judíos; pero mi reino no
es de aquí.” (Juan
18:36)
“Si fuerais del mundo, el
mundo amaría lo suyo; pero
porque no sois del mundo, antes
yo os elegí del mundo, por
eso el mundo os aborrece”
(Juan 15:19)
Observemos que el Señor Jesús
dijo que su reino no es de este
mundo, así como nosotros,
los cristianos, tampoco lo somos
(Juan 18:36; 15:19; 17:14). ¿Es
que acaso nosotros somos extraterrestres?
¿En qué sentido nosotros
y el reino no somos de este mundo?
En primer lugar, debemos entender
que los cristianos, y el reino que
gobernarán estos elegidos,
no son de este mundo puesto que
SON DE DIOS. El reino es de Dios
y nosotros también somos
de Dios.
El apóstol Juan escribió:
“Hijitos, VOSOTROS SOIS DE
DIOS “ELLOS SON DEL MUNDO;
POR ESO HABLAN DEL MUNDO, Y EL MUNDO
LOS OYE”. NOSOTROS SOMOS DE
DIOS”.
De modo que cuando Jesús
dijo que su reino no es de este
mundo, lo que dijo es que su reino
es de Dios, de arriba, de inspiración
divina. Y cuando Jesús dijo
que nosotros no somos de este mundo,
lo que él quiso decir es
que nosotros SOMOS DE DIOS, le pertenecemos,
somos parte de su familia, somos
sus Hijos.
Sin embargo, una lectura fugaz de
Juan 18:36 podría llevarnos
a pensar erradamente de que el reino
nada tiene que ver con el mundo
del futuro, con la tierra venidera
de justicia, o con un reino literal
tal como lo fue el reino davídico
en Jerusalén.
¿Pero no dijo Pablo que Dios
ya nos trasladó al reino
de su amado Hijo en Colosenses 1:13?
Muchos cristianos que lean las Escrituras
sin una reflexión cuidadosa
encuentran en el pasaje paulino
de Colosenses 1:13 “la prueba
definitiva” de que ya estamos
en el reino de Cristo. El pasaje
dice así:
“el cual (Dios) nos ha librado
de la potestad de las tinieblas,
y trasladado al reino de su amado
Hijo”.
Ajá, nos dicen, acá
está la prueba definitiva
de que ya fuimos trasladados al
reino, por tanto, no hay que esperarlo
para el futuro.
Pero yo les contesto de esta manera:
¿Cómo es posible que
los cristianos mortales, hechos
de carne y sangre, puedan entrar
en el reino espiritual cuando por
otro lado el mismísimo Pablo
dice claramente que “carne
y sangre no pueden heredar el reino
de Dios”? (1 Corintios 15:50).
¿Se estaba contradiciendo
el apóstol de los gentiles?
¿O no será más
bien que somos nosotros los que
nos contradecimos?
En primer lugar, debemos entender
que Pablo tiene una forma de expresarse
que podría confundir a algunos,
pero si aceptamos que Dios suele
hablar de “cosas que no son
como si fuesen” y así
se lo revela a sus siervos, las
cosas toman otro cariz (Rom. 4:17).
Pero este no es el único
pasaje en que Pablo habla de cosas
que ya nos han sido “entregadas”,
pues a los Efesios Pablo les dice
algo que ninguno pensaría
de que está hablando de manera
literal o de una promesa ya realizada
o cumplida. Dice Efesios 2:6, así:
“y juntamente con él
nos resucitó, y asimismo
nos hizo sentar en los lugares celestiales
con Cristo Jesús”.
Notemos que Pablo está hablando
por inspiración de Dios,
el Dios que suele hablar de cosas
que no son como si fuesen. El dice
que Dios nos resucitó con
Cristo, y asimismo nos hizo sentar
en “lugares celestiales con
Cristo”. Pues bien, ¿tomaremos
esto tan literalmente como suelen
hacer algunos con Colosenses 1:13?
Pues no creo. Ninguno en realidad
está resucitado de la tumba,
y menos, sentado con Cristo en su
reino celestial.
Otro ejemplo lo tenemos en Romanos
8:17,30 en donde Pablo dice sobre
la glorificación, así:
“Y si hijos, también
herederos; herederos de Dios y coherederos
con Cristo, si es que padecemos
juntamente con él, para que
juntamente con él seamos
glorificados (tiempo futuro)”
Y a los que predestinó, a
éstos también llamó;
y a los que llamó, a éstos
también justificó;
y a los que justificó, a
éstos también glorificó
(tiempo presente)”.
Aquí Pablo conjuga la glorificación
como algo futuro y a la vez presente.
Es decir, es futuro porque primero
hay que padecer juntamente con Cristo,
y es presente porque como dijimos
antes, Dios suele hablar de cosas
que no son como si fueran presentes.
¿No enseña Pablo en
Hebreos 12:28 “que estamos
recibiendo un reino inconmovible”?
Este pasaje de Hebreos 12:28 fue
escrito probablemente por Pablo,
quien suele escribir, como dijimos,
de cosas futuras como si fuesen
presentes. Pues bien, Pablo también
dice en Colosenses 2:6 que los que
andan en Cristo “han recibido
al Señor Jesucristo”.
Pero, ¿han recibido literalmente
a la persona de Cristo? ¿Es
que Cristo baja del cielo cada vez
que un pecador se convierte a él?
¿En qué sentido se
“recibe” el reino y
en qué sentido se “recibe”
a Cristo? Recordemos que el recibimiento
literal de la persona de Cristo
se realizará cuando él
regrese al mundo por segunda vez
(1 Tesalonicenses 4:17). También
es oportuno recordar lo que dice
Pablo en 1 Tesalonicenses 2:13.
En este pasaje Pablo les dice a
los creyentes de Tesalónica:
“Recibisteis la palabra de
Dios que oísteis de nosotros”.
¿En qué sentido se
“recibe” la Palabra
de Dios? Pues, ¡aceptándola
o creyéndola! En este caso
“recibir” puede significar
“creer” o “aceptar”.
Por tanto, “recibir un reino
inconmovible” quiere decir
“creer o aceptar un reino
inconmovible” --- ¡por
la fe!
Finalmente, el mismo apóstol
Pablo habla a los corintios del
“evangelio...el cual también
recibisteis” (1 Corintios
15:1). ¿Recibir el evangelio?
¿Qué significa eso?
Es CREER en el evangelio (Marcos
16:15,16). Entonces concluimos que
“recibiendo un reino inconmovible”
no quiere decir necesariamente que
dicho reino ya vino y que lo hemos
recibido, literalmente hablando.
¿Acaso no dijo Juan que era
“copartícipe del reino”
en Apocalipsis 1:9? ¿No enseña
este texto que el reino ya estaba
presente en la época apostólica,
en el Primer Siglo de la era Cristiana?
Este texto de Apocalipsis 1:9 no
dice que el reino se estableció
en el primer siglo de la Era Cristiana.
San Juan sólo dijo ser copartícipe
del reino, y no, como suponen algunos,
que ya estaba en el reino.
El apóstol Pedro, por su
parte, dice que él también
es participante (o sea “copartícipe”)
de la GLORIA QUE AÚN NO HABÍA
SIDO MANIFESTADA. Sus palabras son
como siguen: “...que soy también
participante (copartícipe)
de la gloria QUE SERÁ REVELADA.”
(1 Pedro 5:1).
Aquí vemos que Pedro participaba
también (o “co-participaba”)
de la gloria que aún no se
había manifestada. ¿Cómo
se explica esto? Muy simple, él
lo co-participaba por la fe y en
la esperanza como los otros apóstoles
(Romanos 5:2).
Él tenía puesta su
mira en el reino, y se aferró
a esa creencia como algo muy suyo.
Juan era copartícipe del
reino QUE SERÁ REVELADO cuando
Cristo se manifieste nuevamente
(2 Timoteo 4:1). Concluimos entonces
que co-participar del reino y de
la gloria no significa que ambas
cosas hayan sido ya reveladas. ¡Aún
permanecen en el futuro!
Pablo dice con razón al joven
Timoteo:
“El labrador, para PARTICIPAR
de los frutos, debe trabajar primero.”
(2 Timoteo 2:6)
Sí, el apóstol Pablo
dijo que uno puede ahora “co-participar
del reino” por la fe. Sin
embargo, debemos trabajar primero
para cosechar de sus frutos (p.e.
“La Vida Eterna en el Reino”,
Juan 4:36, Mateo 19:16-25).
¿No dijo Jesús que
su reino vendría en pocos
días cuando dice: “De
cierto os digo que hay algunos de
los que están aquí,
que no gustarán la muerte,
hasta que hayan visto el reino de
Dios venido con poder?” (Marcos
9:1)
Respuesta:
Este pasaje de Marcos 9:1 tiene
su paralelo en Mateo 16:28. El apóstol
Mateo registra estas palabras de
Jesús así:
“De cierto os digo que hay
algunos de los que están
aquí, que no gustarán
la muerte, hasta que hayan visto
al Hijo del Hombre venido en su
reino.”
Aquí Mateo asocia la venida
del reino con LA VENIDA de Jesús,
la cual era aún la “bendita
esperanza” para Pablo (Tito
2.13).
Algunos suponen que el reino se
inauguró en Pentecostés
(33 E.C), al bajar el Espíritu
Santo en forma de lenguas de fuego
sobre los creyentes. No obstante,
esta hipótesis es errada,
puesto que en Pentecostés
MUCHOS (no “algunos”)
fueron testigos de la venida del
Espíritu Santo (no del Jesús
glorioso). Recuérdese que
Jesús dijo que sólo
“ALGUNOS” de los suyos
verían el reino venido con
poder. Sólo algunos privilegiados.
En Pentecostés, en cambio,
TODOS los discípulos estaban
reunidos en el aposento alto (Hechos
1:12,13; 2:1-4). Es clarísimo
que Marcos 9:1 y Mateo 16:28 NADA
tienen que ver con Pentecostés
del año 33 E.C.
Lo cierto es que esta promesa se
cumplió seis días
después cuando:
“Jesús tomó
a Pedro, Jacob y Juan, y los llevó
aparte a un monte alto, y se TRANSFIGURÓ
DELANTE DE ELLOS; y resplandeció
su rostro como el sol, y sus vestidos
se hicieron blancos como la luz.
Y he aquí se les aparecieron
Moisés y Elías, hablando
con él.” (Mateo 17:1-3)
Nótese que aquellos “algunos”
fueron Pedro, Jacobo y Juan, quienes
vieron la “venida del reino
y la gloria del Rey” (2 Pedro
1:16). No obstante, esta fue una
visión de una gloria aún
mayor que vendrá con Cristo
en su segunda venida a la tierra.
Para ese entonces Jesús dirá
a sus escogidos:
“Venid, benditos de mi Padre:
Heredad el reino preparado para
vosotros desde la fundación
del mundo” (Mateo 25:31, 34)
En Lucas 19:11-27 Jesús pronuncia
la Parábola de las Diez Minas,
la cual es muy interesante e informativa.
Pero: ¿Por qué Jesús
pronunció esta parábola
a sus discípulos? La respuesta
es sorprendente, y la descubrimos
en el versículo 11:
“por cuanto estaba (Jesús)
cerca de Jerusalén, y ellos
pensaban que el reino se manifestaría
INMEDIATAMENTE.”
¡Aquí está la
razón! Los seguidores de
Jesús pensaron erradamente
que el glorioso reino de Dios se
establecería inmediatamente.
Entonces Jesús pasa a decirles
que antes que se establezca su reino,
él tiene que ir al cielo
a recibir un reino y volver (verso
12). Pero Cristo aún no ha
vuelto, por tanto el reino no ha
sido establecido aún. Además,
Jesús dice que ese esperado
reino se hará realidad para
él y su iglesia sólo
en su parusía o segunda venida
al mundo (Mateo 25:31,34).
Por eso Pablo irónicamente
se burla de aquellos cristianos
que creían que estaban reinando
sin Cristo, diciendo:
“Ya estáis saciados,
ya estáis ricos, sin nosotros
reináis. ¡Y OJALÁ
reinaseis, para que nosotros reinásemos
también juntamente con vosotros!”
(1 Corintios 4:8)
¡Y esto fue escrito por Pablo
varias décadas después
de Pentecostés!
¿No es la profecía
de Daniel 2:44 una prueba definitiva
de que el reino de Dios se estableció
durante el apogeo del imperio romano?
El pasaje de Daniel 2:44 dice:
“Y en los días de estos
reyes el Dios del cielo levantará
un reino que no será jamás
destruido, ni será el reino
dejado a otro pueblo; desmenuzará
y consumirá a todos estos
reinos, pero él permanecerá
para siempre.”
Ahora bien, notemos que Daniel señala
que “en los días de
estos reyes” el reino sería
establecido en la tierra. Sí,
el reino se establecería
cuando DIEZ REYES CORONADOS Y EN
SU PODER APARECIERAN EN LA HISTORIA
de Roma.
No obstante, cuando cierto grupo
de cristianos llamados “amilenialistas”
nos dice que ello ocurrió
en el año 33 E.C, no saben
cómo explicar quiénes
eran esos 10 reyes en pleno poder
y mando en Roma. Simplemente han
dicho que eran 10 césares
romanos. Sin embargo, nunca hubo
10 emperadores o césares
romanos gobernando SIMULTÁNEAMENTE.
Nótese nuevamente que dice
“en los días de estos
reyes”. La profecía
es clara.
El reino de Dios se establecería
cuando aparecieran diez reyes o
gobernantes en pleno poder en el
Medio Oriente (encabezados por el
anticristo). No obstante, cuando
se produjo el Pentecostés
del año 33 E.C, el gobernante
o césar romano de turno era
TIBERIO.
Sus antecesores ya estaban muertos,
y sus sucesores estaban todavía
jóvenes o no habían
aún nacido. Es claro que
sólo hubo un césar
romano cuando bajó el Espíritu
Santo en Pentecostés ---
¡No 10!
Daniel 7:7,8 nos revela, además,
que de entre los “diez cuernos”
(=diez dedos de Daniel 2:44) salió
un undécimo cuerno, delante
del cual son arrancados tres cuernos...
¿Diremos que el césar
romano #11 vio cómo derrocaban
----simultáneamente--- a
otros TRES césares romanos?
¿Tenemos acaso alguna información
histórica de que esto efectivamente
ocurrió durante el apogeo
o decadencia del imperio romano?
¿Dónde está
el documento? Que sepamos, Roma
nunca tuvo 3 césares reinando
juntos y que fueran derrocados por
otro césar usurpador.
Ahora bien, supongamos por un instante
que el reino se estableció
en el primer siglo, durante el apogeo
de Roma. ¿Destruyó
ese “reino” (=“iglesia
de Cristo”) a 10 reinos y
reyes existentes y los consumió?
Recordemos que Daniel 2:44 dice
que ese “reino celestial”
destruye y consume a 10 reinos existentes
(representados por los diez dedos
de los pies de la imagen colosal
que soñó Nabucodonosor).
Que sepamos, ningún reino
del primer siglo destruyó
a otros 10 reinos y sus reyes, y
menos, la iglesia de Cristo naciente.
Los césares romanos murieron
asesinados o de muerte natural,
pero ninguno de ellos por acción
de la iglesia militante, o por la
intervención de algún
nuevo imperio.
El imperio romano cayó por
su propia decadencia moral y social,
unos 400 años después
de que se estableciera la iglesia
del Señor. Sólo cuando
ya no quede “rastro alguno”
de estos reinos, la profecía
se habrá cumplido (Leer Daniel
2:35). Pero todavía existe
Roma y sus ruinas antiguas, así
como muchas otras. Que sepamos,
no hay registro alguno de la desaparición
SIMULTÁNEA de 10 reinos y
reyes en el primer siglo, ni en
el segundo, ni en el tercero, ni
hoy.
Finalmente, si por “reino”
ha de entenderse “La Iglesia
Cristiana”, entonces los otros
10 reinos destruidos ha de entenderse
como “10 iglesias destruidas”.
Pero, ¿destruyó la
iglesia de Cristo naciente a otras
10 iglesias existentes en el primer
siglo? ¡Jamás! Al contrario,
la iglesia naciente fue fuertemente
perseguida y diezmada por Roma hasta
el siglo IV. Recién con el
emperador Constantino (Siglo IV)
la iglesia pudo respirar aires de
libertad y paz.
¿No dijo Jesús en
Lucas 17:20,21 que su reino “está
entre vosotros”? ¿No
prueban estas palabras suyas que
el reino estuvo presente en el primer
siglo?
Estimados amigos este pasaje de
Lucas 17:20, 21 es muy citado por
los que no creen en un reino literal.
Este dice así: “El
reino no vendrá con advertencia,
ni dirán helo aquí,
o helo allí, porque he aquí
que el reino está entere
vosotros.” Si lo que Jesús
dijo era que el reino estaba ya
establecido en la tierra durante
su ministerio, entonces éste
no llegó el 33 E.C de Pentecostés
(fecha que muchos suponen comenzó
el reino) sino ANTES.
Recordemos que Jesús aún
estaba cumpliendo su misión
redentora entre los suyos, y ni
siquiera había mencionado
la futura llegada del Espíritu
Santo en Pentecostés. ¿Creerán
los “amilenialistas”
o los “reino-fóbicos”
que el reino vino ANTES del Pentecostés
del año 33 E.C?
Ahora bien, en Lucas 21:25, 31 Jesús
afirma que ANTES de la venida del
reino habría “señales”
en el sol, la luna y las estrellas
(Lucas 21:25). Luego Jesús
dice:
“Cuando veáis que suceden
estas cosas (las señales),
sabed QUE ESTÁ CERCA EL REINO
DE DIOS” (verso 31)
Me pregunto: ¿Se contradice
nuestro Señor? En el capítulo
17 de Lucas dice que el reino vendrá
sin advertencia (sin “señales”)
pero en el capítulo 21 dice
lo contrario. Sin duda Lucas 17:20,
21 no debe ser tomado a la ligera.
Hugh J. Schonfield, en su libro
“El Complot de Pascua”
dice algunas verdades indiscutibles.
En la página 147 de su libro
comenta este pasaje de Lucas 17:20,
21 así: “...dijo a
los fariseos que el reino no vendrá
permaneciendo ociosos, en espera
de signos. El reino de Dios estaba
justo a su lado, delante de sus
narices, listo para aparecer sólo
con que ellos quisieran cumplir
las condiciones que lo inaugurarían.
Estad vivos, insistía Jesús.
El objetivo no se alcanzará
mediante una adormilada asociación
con él.”
Hans Conzelmann: En su libro “La
Teología de San Lucas”,
página 147 comenta este pasaje
de Lucas 17:20, 21 así: “La
declaración principal no
es que el reino está viniendo,
sino que el reino está siendo
predicado por Jesús y hecho
manifiesto en su ministerio. La
“venida” en si misma
pertenece al futuro, y está
separada por un largo intervalo
de su manifestación.”
(Pág. 180).
Finalmente podemos decir que Cristo,
como Rey del reino de Dios, fue
el más importante y esencial
de sus partes componentes; y usando
un lenguaje llamado SINECDOQUE (el
acto de recibir, describe la figura
por la que un vocablo recibe de
otro algo, por estar asociado con
él mediante alguna conexión,
como cuando se toma la parte en
lugar de todo y viceversa) él
pudo muy bien decir que el reino,
representado por él mismo,
ya estaba verdaderamente entre los
fariseos. No obstante, el reino
escatológico aún no
se establecería en la tierra
durante su ministerio en Israel.
¿No dijo Jesús que
el reino había llegado cuando
expulsaba a los demonios? (Lucas
11:20)
En Lucas 11:20 Jesús dice:
“Mas si por el dedo de Dios
echo yo fuera demonios, ciertamente
el reino de Dios ha llegado a vosotros.”
Aquí nuevamente vemos un
reino que supuestamente ya “ha
llegado” antes de Pentecostés.
Es un reino que se manifiesta por
el hecho de la expulsión
de los demonios de los poseídos.
Jesús asocia la “venida”
del reino con la atadura de los
demonios, y con su arrojamiento
al abismo (Mateo 10:1; 1 Juan 3:8).
Pues bien: ¿No es esto lo
que exactamente va a hacer nuestro
Señor con Satanás
y sus demonios justo antes de inaugurar
su reino milenario? (Leer Apocalipsis
20:1-3). Por eso, cuando Jesús
y sus apóstoles ataban a
los demonios, daban a saborear un
poco ---por así decirlo---
la presencia benefactora del reino
futuro en su ministerio terrestre.
El reino de Cristo significará
la liberación humana de las
garras satánicas, y el inicio
de una nueva existencia en Cristo.
¿Por qué dice usted,
Sr. Apologista, que el reino está
relacionado con el pueblo judío
si éste rechazó a
su Mesías? ¿No dice
Jesús que el reino le sería
quitado a Israel y dado a los no
judíos, según Mateo
21:43?
En este texto NO se dice que el
reino le sería quitado a
Israel para siempre. En Romanos
11:11, 12 el apóstol Pablo
dice que la transgresión
de los judíos trajo la riqueza
a los gentiles. No obstante, el
apóstol luego pasa a decir
que la futura restauración
del pueblo judío ---y con
él su reino--- se traducirá
en mayores bendiciones para los
no judíos (gentiles).
El apóstol pasa a decir también
que “algunas ramas (no todas)
fueron desgajadas del buen olivo”
las cuales fueron reemplazadas por
otras ramas injertadas de un olivo
silvestre (Romanos 11:17). Luego
Pablo dice que las “ramas
silvestres” (gentiles) no
deben enorgullecerse de haber sido
injertadas dentro del buen olivo,
pues no son las ramas (gentiles)
las que sostienen al olivo (la nación
judía), sino el olivo bueno
y su raíz a las ramas injertadas
del olivo silvestre (v.18).
Finalmente Pablo dice, en el verso
24, que Dios injertará nuevamente
a las ramas naturales del “buen
olivo” si se arrepienten.
Ahora bien, hubo muchos judíos
que permanecieron fieles a Dios,
los cuales no fueron desgajados
del buen olivo.
Por ejemplo: Todos los apóstoles,
sus discípulos hebreos en
Jerusalén y de la diáspora,
etc. Ellos no fueron cortados, pertenecían
al pueblo original de Dios. Sólo
los infieles fueron cortados para
luego ser reemplazados por los gentiles
convertidos. Estos gentiles convertidos
se unen al pueblo elegido de Dios
(“buen olivo”), y se
nutren igualmente de su rica savia
(las promesas hechas a los padres
hebreos). Decir que Dios rechazó
totalmente a su pueblo original,
significa que las ramas injertadas
no tienen la rica savia del buen
olivo como fuente de sostenimiento,
y esto entonces quiere decir: Desesperanza
y la muerte.
Pablo les dice a los gentiles de
Efeso lo siguiente:
“Por tanto, acordaos de que
en otro tiempo vosotros, los gentiles
en cuanto a la carne...estabais
sin Cristo, alejados de la CIUDADANÍA
DE ISRAEL y ajenos a los pactos
de la promesa, sin esperanza y sin
Dios en el mundo. Pero ahora en
Cristo Jesús, vosotros que
en otro tiempo estabais lejos, habéis
sido hechos cercanos (a la ciudadanía
de Israel) por la sangre de Cristo.”
(Efesios 2:11-13)
Aquí Pablo aclara más
el asunto. Los gentiles ahora están
dentro de la ciudadanía de
Israel, el antiguo pueblo de Dios,
por medio de Cristo.
Ahora los gentiles, como los judíos
elegidos, tienen la oportunidad
de beneficiarse de los pactos de
la promesa (“la rica savia
del olivo”). Ahora los gentiles
injertados a la nación de
Israel (el pueblo de Dios) son conciudadanos
de esa nación de Dios, y
ya son miembros de la familia de
Dios, y herederos de Sus promesas.
“Hay pues un solo Señor,
una sola fe, una sola esperanza
de nuestra vocación”
(Efesios 4:4)
Decir que la esperanza de los fieles
hebreos es distinta a la de los
fieles de la Iglesia, es una tesis
que no encuentra su apoyo en la
Biblia.
Pero también es un grave
error decir que Dios rechazó
para siempre a su pueblo al cual
desde mucho antes conoció.
Dice Pablo sobre este punto así:
“Digo, pues: ¿Ha rechazado
Dios a su pueblo? EN NINGUNA MANERA.
Porque también yo soy israelita,
de la descendencia de Abraham, de
la tribu de Benjamín. NO
HA DESECHADO DIOS A SU PUEBLO, AL
CUAL DESDE ANTES CONOCIÓ...”
(Romanos 11:1, 2)
Así que aunque los amilenialistas
digan que Dios rechazó al
pueblo elegido Judío, Pablo
dice que NO. Y aunque a algunos
les duela, “la salvación
viene de los Judíos”
(Juan 4:22) --- ¡Y lo dijo
el judío Jesús!
Si el reino del rey David dejó
de existir para dar paso a un “reino
espiritual y celestial”, ¿Porqué
los mismos discípulos de
Jesús le preguntaron, momentos
antes de su ascensión al
Padre:
“...Señor, ¿restaurarás
el reino a Israel en este tiempo?”
(Hechos 1:6)
Insistir en un reino monárquico
en Israel por parte de los discípulos
hubiera sido una testarudez, si
es que en verdad Cristo abolió
para siempre esa esperanza mesiánica.
Pero Jesús no los reprende
diciéndoles algo así
como: “Me sorprende que me
pregunten eso si ya les enseñé
que mi reino es espiritual y celestial”.
Pero Jesús no les dice eso
o algo similar. Lo que les dice
es que “no os toca saber los
tiempos y las sazones, que el padre
puso en su sola potestad”
(v.7). Lo que preguntaron los discípulos
era correcto y válido, y
no una tontería como algunos
teólogos han sostenido.
No creo que todos los discípulos
de Jesús hayan sido malos
alumnos como para entender mal lo
enseñado por él acerca
del reino, en esos 40 días
que estuvo en privado con ellos,
después de su resurrección
(Hechos 1:3). Jesús mismo
valida la pregunta contestando que
sólo Dios sabe el tiempo
cuándo será restaurado
el reino davídico a los israelitas.
La pregunta era correcta, pero el
tiempo sólo lo sabe Dios.
Pero los hermanos amilenialistas
se olvidan de lo que el profeta
Ezequiel dijo concerniente al reino
monárquico en Israel. En
primer término, el último
rey que tuvo la dinastía
de David fue SEDEQUÍAS, quien
fuera derrocado por Nabucodonosor
allá por el año 587
A.C. Desde esa fecha hasta hoy la
dinastía y el reino de David
quedaron suspendidos en el tiempo.
Pero nótese que el profeta
Ezequiel afirma que la corona y
la tiara se le dará a un
varón que tiene el derecho
a tomarlos (21:25-27). En Hechos
2:29, 30 el apóstol San Pedro
revelará que Jesucristo es
aquel varón que se sentará
en el trono del reino de David.
El evangelista Lucas dice que Jesucristo
recibirá “el trono
de David su padre, y reinará
sobre la casa (nación) de
Jacob (Israel) para siempre”
(Lucas 1:31-33). Los que dicen que
el trono de David está en
el cielo, están mintiendo.
Lo cierto es que ni David, ni ninguno
de sus sucesores, estuvieron reinando
en el cielo sobre el pueblo de Israel.
La Biblia es clara cuando nos dice
que David reinó 33 años
en Jerusalén, y 7 en Hebrón
(1 reyes 2:11).
¿Puede usted demostrar, Sr.
Apologista, que el reino de Dios
se establecerá en Jerusalén,
y que Cristo tendrá su trono
en esa ciudad?
En primer término, el reino
de Dios era el reino de David. En
1 Crónicas 28:5 leemos:
“Y de entre todos mis hijos
(porque Jehová me ha dado
muchos hijos), eligió a mi
hijo Salomón PARA QUE SE
SIENTE EN EL TRONO DEL REINO DE
JEHOVÁ (DIOS) SOBRE ISRAEL.”
Aquí está la prueba
de que “el trono de David”
en Israel era EL REINO DE DIOS.
Pero, ¿Dónde reinó
David, Salomón, etc? ¡En
Jerusalén! Eso lo vimos en
la pregunta anterior.
Otro texto interesante que prueba
que el “reino de David”
era “el reino de Dios”
está en 2 Crónicas
13:5, 8 que dice:
“¿No sabéis
vosotros que Jehová Dios
de Israel dio el reino a David sobre
Israel para siempre, a él,
y a sus hijos, bajo pacto de sal?
Y Ahora vosotros tratáis
de resistir al REINO DE JEHOVÁ
en mano de los hijos de David, porque
sois muchos...”
No es de extrañar lo que
el ángel de Dios le dijo
a María en relación
al judío Jesús:
“...y llamarás su nombre
Jesús. Este será grande,
y será llamado Hijo del Altísimo;
y el Señor Dios le dará
EL TRONO DE DAVID SU PADRE; y reinará
sobre la casa de Jacob para siempre,
y su reino no tendrá fin.”
(Lucas 1:31-33)
Nuevamente se nos dice que Cristo
reinará en Israel, y cuya
capital es Jerusalén.
En Mateo 5:34, 35 Jesús dice
algo muy interesante que pocos cristianos
han advertido:
“Pero yo os digo: No juréis
en ninguna manera, ni por el cielo,
porque es el trono de Dios; ni por
la tierra, porque es el estrado
de sus pies; ni por JERUSALÉN
PORQUE ES LA CIUDAD DEL GRAN REY.”
¿Quién era el “gran
Rey”? ¿Herodes? No,
sino Jesús mismo. Sí,
Jerusalén es la ciudad del
gran rey Jesucristo, él la
hará su capital en su reino
milenario.
Los discípulos sabían
perfectamente que el reino de Dios
estaba estrechamente ligado con
la ciudad de JERUSALÉN (la
sede del reino davídico).
En Marcos 11 vemos la historia de
la entrada triunfal de Jesús
en Jerusalén. ¿Qué
pensaron inmediatamente los discípulos
de esa entrada de Jesús en
la ciudad de David? Los versos 10
y 11 nos dicen:
“¡Bendito EL REINO de
nuestro padre David que viene! ¡Hosanna
en las alturas! Y ENTRÓ JESÚS
EN JERUSALÉN...”
Es clarísimo que los primeros
cristianos sí esperaban la
reanudación o la restauración
del reino de David en Jerusalén
en la persona del Cristo, su descendiente
según la carne. Más
adelante los discípulos se
verán precisados a preguntarle
si ya era el tiempo de la tan esperada
restauración (Hechos 1:6,
7).
Si el reino es ahora la Iglesia
de Cristo, entonces no habrá
una futura restauración del
reino de David en Israel. Pero esta
creencia contradice una infinidad
de pasajes que nos hablan de un
reino futuro aún no establecido
o restaurado.
Notemos que el reino verdadero será
restaurado. Eso quiere decir que
ese reino existió, se suspendió
y nuevamente se establecerá
como era antes. ¿Pero existió
la iglesia antes de Pentecostés,
en los tiempos de David? ¿Fue
el reino de David la misma iglesia
de Cristo, el cual fue derrocado
por Nabucodonosor en el año
587 AC? ¿Derrocó Nabucodonosor
a la iglesia de Cristo en los tiempos
de Sedequías? ¿Restauró
Cristo el reino de Dios en el 33
E.C? ¿Fue restaurada, o más
bien, inaugurada, la iglesia en
Pentecostés?
La Biblia habla de que el reino
será RESTAURADO como lo fue
antes --- ¡No INAUGURADO!
(Hechos 1:6; 3:19-21; Romanos 11:12).
Esto es importante. Véase
en el diccionario el significado
de la palabra “restauración”.
Esto es muy importante, pues también
significa reposición en el
trono de una dinastía caída,
depuesta, o derrocada. Esto ocurrirá
con la dinastía davídica
aún derrocada. Cristo regresará
en gloria para RESTAURAR EL REINO
DERROCADO DE DAVID! (Mateo 25:31,
34).
En Jeremías 3:17 se nos revela
que Jerusalén será
llamada: “Trono de Jehová”.
En Zacarías 8:3 leemos:
“Así dice Jehová:
Yo he restaurado a Sión,
y moraré en medio de Jerusalén;
y Jerusalén se llamará
Ciudad de la Verdad, y el monte
de Jehová de los ejércitos,
Monte de Santidad.”
En Zacarías 1:16 también
leemos:
“Por tanto, así ha
dicho Jehová: Yo me he vuelto
a Jerusalén con misericordia;
en ella será edificada mi
casa...”
El siguiente versículo, el
17, dice:
“Clama aún, diciendo:
Así ha dicho Jehová
de los ejércitos: Aún
rebosarán mis ciudades con
la abundancia del bien, y aún
consolará Jehová a
Sión, Y ESCOGERÁ TODAVÍA
A JERUSALÉN.”
“...y Jerusalén será
santa, y extraños no pasarán
más por ella.” (Joel
3:17)
Y en Lucas 21:24 Jesús dice
de Jerusalén, lo siguiente:
“...y Jerusalén será
hollada por los gentiles, HASTA
QUE LOS TIEMPOS DE LOS GENTILES
SE CUMPLAN.”
Pero muchos llamados cristianos
no se han puesto a meditar en estas
palabras proféticas de Jesucristo.
Aquí hay un hecho histórico
innegable e indiscutible. Jerusalén
ha sido pisoteada por las naciones
e imperios gentiles (no judíos)
durante milenios. Pero Jesucristo
afirma que este “hollamiento”
(pisoteo) --- ¡tendrá
su fin! (“hasta que los tiempos
de los gentiles se cumplan”).
Entonces, cuando los no Judíos
o gentiles dejen de pisotear Jerusalén,
los Judíos tendrán
el dominio y el control absolutos
de Jerusalén con el Mesías
y su iglesia a la cabeza (Joel 3:17;
Isaías 32:1; Lucas 1:31-33;
Mateo 5:34, 35).
Ya en Junio de 1967 se dio un gran
paso, cuando Jerusalén pasó
a manos de los Judíos, aunque
aún seguirá el pisoteo
gentil hasta que Cristo regrese
a reinar sobre sus enemigos en Jerusalén
(Leer Zacarías 14:1-21).
¿Acaso no prometió
Jesús a sus seguidores el
cielo en Juan 14:1-3?
Jesús jamás prometió
a sus seguidores darles un lugar
en el cielo como morada permanente.
Tampoco ninguno de sus apóstoles
creyó que iría al
cielo para estar con Dios y Jesús.
Fue el filósofo Griego Platón
el que sentó las bases de
un alma inmortal que parte de este
mundo después de la muerte.
Su filosofía fue mezclada
con el pensamiento Hebreo y nació
el gnosticismo.
Esta secta gnóstica, muy
en boga en los tiempos de Jesús,
amenazó a la sana doctrina
predicada por Jesús y sus
apóstoles. Los apóstoles,
y en especial Pablo y Juan, advirtieron
a las iglesias cristianas en contra
de esa secta. Pablo llamó
a los gnósticos: “La
falsamente llamada ciencia”
(“gnosis”) (1 Timoteo
6:20). Los gnósticos decían
que la materia era mala y pecaminosa,
y que Cristo no era humano sino
que tenía apariencia de hombre.
Creían que existía
un plano superior (el “Pleroma”,
especie de cielo gnóstico)
donde vivían los AEONES (espíritus
puros superiores, entre los cuales
estaba Cristo antes de venir al
mundo). Los gnósticos creían
que ellos tenían el conocimiento
verdadero para lograr partir a ese
plano o dimensión de los
espíritus con el alma inmortal.
¿No se parece esto mucho
al pensamiento “cristiano”
sobre una existencia en el cielo
con Dios, Cristo, y sus ángeles
después de esta vida, a través
de nuestras “almas inmortales”?
Es muy probable que muchísimos
cristianos sean realmente cristianos
gnósticos en este punto.
También Pablo advirtió,
que después de su “partida”,
entrarían en el rebaño
del Señor falsos maestros
que buscarían ganarse el
rebaño con palabras pervertidas
(Hechos 20:29,30). Y así
fue. Con el correr del tiempo, la
iglesia se corrompe con sus propios
malos obispos que se levantan con
sus herejías destructoras.
En el siglo IV, dijimos, aparece
el obispo “San Agustín
de Hipona”, el Padre y Teólogo
del catolicismo. Éste distorsiona
radicalmente el verdadero significado
del reino bíblico al decir,
por vez primera, en su obra “La
Ciudad de Dios”, que el reino
era “la iglesia reinante”.
Parece ser que los “amilenialistas
católicos”, y “campbelitas
amilenialistas” no han logrado
sacudirse del todo de los errores
de Agustín de Hipona.
Algunos dirán: “Bueno,
¿no dice Jesús que
de “los pobres en espíritu
es el reino de los cielos”?
(Mateo 5:3). Pero tomemos nota que
el Señor NO dice que de los
pobres en espíritu es el
reino EN (sino “DE”)
los cielos”. De modo que lo
que Cristo ofreció a los
pobres en espíritu era un
reino que tiene su origen en Dios,
y no en los hombres. Viene de Dios
como un don o regalo para los hombres.
Pues bien, regresemos a Juan 14:1-3
de la pregunta. Veamos lo que verdaderamente
dijo el Señor Jesucristo:
“No se turbe vuestro corazón;
creéis en Dios, creed también
en mí. En la casa de mi Padre
muchas moradas hay; si así
no fuera, yo os lo hubiera dicho;
voy pues a preparar lugar para vosotros.
Y si me fuere y os preparare lugar,
vendré otra vez, y os tomaré
a mí mismo, para que DONDE
YO ESTOY, vosotros también
estéis.”
Muchos estudiantes de la Biblia
no se han puesto a pensar en esta
última frase “para
que DONDE YO ESTOY (tiempo presente)”.
En las más importantes versiones
de la Biblia Inglesa se vierte este
pasaje como “WHERE I AM”
en tiempo siempre presente (“donde
yo estoy”). Esta frase es
sumamente importante y clave para
entender los versos en cuestión.
Jesús está ofreciendo
un lugar a sus discípulos
“en la casa de su Padre”.
Luego nos dice que él nos
tomará para que estemos con
él en el lugar donde ÉL
ESTÁ en el momento de pronunciar
la promesa. Y, ¿dónde
estaba Jesús cuando pronunció
esa promesa? ¿En el cielo?
¿En Marte? No! Él
estaba aún en LA TIERRA,
y más exactamente, EN JERUSALÉN.
Recuerde que Jesús todavía
no había ascendido al cielo,
y aún no había ni
siquiera resucitado.
Por tanto Jesús estaba ofreciéndoles
a sus seguidores volver a la tierra
para estar con ellos en el lugar
donde proclamó su promesa,
es decir: ¡En Jerusalén!
Muchos cristianos creen que Jesús
nos “llevará al cielo”
para darnos nuestro “lugar”
en la casa del Padre. Pero Jesús
nunca habló de llevarnos
al cielo en Juan 14:1-3. Usted NO
leerá, ni siquiera una vez,
de que iremos al cielo para recibir
nuestro “lugar” una
vez que esté preparado por
Jesús. Lo que Jesús
dijo era que prepararía nuestro
lugar en la casa de su Padre y que
luego volvería para estar
con nosotros. Lo que NO dijo era
CUÁNDO Y DÓNDE recibiríamos
nuestro lugar en la casa del Padre.
Él sólo está
ahora ocupado PREPARANDO nuestras
moradas, pero NO nos dice cuándo
entraremos en ellas. En Apocalipsis
21 se revela que la “ciudad
santa” bajará del cielo
después del milenio.
La ciudad santa de Apocalipsis 21
es descrita por Ezequiel como un
edificio (40:2), y como una casa
en 2 Corintios 5:1, 2. Esta ciudad
o casa santa bajará del cielo,
y “Dios estará con
los hombres” (Apocalipsis
21:3). Sólo los salvos entrarán
en ella para tomar sus lugares o
moradas (Apocalipsis 21:27).
También leer Hebreos 11:9,
10 donde se nos dice claramente
que Abraham (el padre de la fe)
“esperaba la ciudad que tiene
fundamentos, cuyo arquitecto y constructor
es Dios.” Y en Hebreos 13:14
Pablo dice: “Porque no tenemos
aquí ciudad permanente, sino
que buscamos LA PORVENIR.”
¿No dice Pedro, en 2 Pedro
3:10-13, que esta tierra será
destruida por fuego? Si este es
el caso: ¿No es lógico
concluir que escaparemos al cielo?
Es cierto que Pedro habla de la
“destrucción de la
tierra por fuego”, de la misma
manera que Dios dijo de la tierra
de la época de Noé.
En Génesis 6:13 leemos algo
interesante: “Dijo, pues,
Dios a Noé: He decidido el
fin de todo ser, porque la tierra
está llena de violencia a
causa de ellos; y he aquí
que yo los destruiré CON
LA TIERRA.”
Nótese que Dios iba a destruir
a todo hombre y animal... ¡y
la tierra misma! Pero: ¿Llegó
Dios a destruir a los hombres impíos
de entonces junto con el planeta
tierra? Por cierto que no. La tierra
sigue siendo la misma desde su creación.
En realidad es una forma superlativa
de hablar de Dios indicando la severidad
de su castigo.
En 2 Pedro 3:10-13 leemos:
“Pero el día del Señor
vendrá como ladrón
en la noche; en el cual los cielos
pasarán con grande estruendo,
y los elementos ardiendo serán
desechos, y LA TIERRA Y LAS OBRAS
QUE EN ELLA HAY SERÁN QUEMADAS.”
¿No son semejantes Génesis
6:13 y 2 Pedro 3:10-13? Si la primera
tierra PRE-diluviana no fue literalmente
destruida, ¿por qué
tendría que serla ésta?
Es claro que lo dicho por Dios ha
de entenderse como la severidad
y firmeza de su castigo, la erradicación
del mal, de los malos, y de sus
obras (casas de juego y de citas,
bares, fábricas de cigarrillos
y de cerveza, fábricas de
armas y bombas, etc). En el verso
13 se habla de “nuevos cielos
y nueva tierra” Esta forma
de dicción no es rara en
la Biblia, pues también encontramos
la expresión “nueva
criatura” en 2 Corintios 5:17,
aunque persistan aún los
viejos defectos (miopía,
cojera, cicatrices, etc).
En Efesios 4:24 encontramos la expresión
“nuevo hombre” (pero
sólo en lo moral y espiritual).
En Romanos 6:4 encontramos la frase
“nueva vida” (pero siempre
en el sentido moral y espiritual).
Y Para terminar diré que
2 Pedro 3:13 tiene relación
con Isaías 65:17 que dice:
“Porque he aquí que
yo crearé nuevos cielos y
nueva tierra; y de lo primero no
habrá memoria, ni vendrá
más al pensamiento.”
Pero lo interesante del caso es
que Dios sigue diciendo en los siguientes
versículos (18-25) que:
“traigo a Jerusalén
alegría...y me alegraré
con Jerusalén.”
Estas palabras indican que finalmente
el planeta no será destruido,
pues seguirá existiendo Jerusalén
como una ciudad de gozo y alegría,
en contraste con la actual Jerusalén
agitada y convulsionada por los
conflictos internos y externos.
¿Acaso, Sr. Apologista, no
dice la Biblia que Cristo vendrá
para entregar su reino al Padre
según 1 Corintios 15:24?
Cristo entregará su reino
al Padre, pero: ¿Cuándo?
Esta es una pregunta importante.
Lo que la Biblia sí dice
verdaderamente es que Jesús,
al volver a la tierra, dará
su reino a sus discípulos
(no ha Dios) (Mateo 25:31,34; Daniel
7:13-18). Sí, la iglesia,
compuesta por judíos y gentiles
fieles, recibirá el reino
de Cristo al volver él al
mundo otra vez.
Esta es la verdad bíblica.
No obstante, será después
que Cristo haya reinado por mil
años que él devolverá
el reino al Padre; cuando haya puesto
a sus enemigos por estrado de sus
pies, incluyendo LA MUERTE misma
(Salmo 110:1; 1 Corintios 15:25).
Y, ¿Cuándo será
vencida la muerte? ¿En la
segunda venida de Cristo? ¡No!
Según la Biblia ella será
destruida al finalizar el milenio
de Cristo. La respuesta está
en Apocalipsis 21:4.
Esto significa que Cristo no va
a devolver el reino al Padre inmediatamente
después de volver a la tierra,
sino después de los mil años
de su reinado. Mientras tanto, Jesucristo
estará reinando sobre sus
enemigos (Salmo 110:1-5), siendo
el último destruido: La muerte.
Otra de las pruebas bíblicas
que señalan claramente que
la muerte reinará hasta el
final del milenio es que “los
otros muertos no llegaron a vivir
hasta que se cumplieron los mil
años.” (Apocalipsis
20:5). Habrá muertos al final
de los mil años del reinado
de Cristo. La muerte imperará
en la tierra hasta el final de esa
fecha memorable que es llamada:
“Milenio” (Apocalipsis
20:14).
Después del milenio bajará
“La Nueva Jerusalén”
y acabará el imperio de la
muerte (Apocalipsis 21:4; 20:14).
También en este periodo el
diablo será castigado definitivamente
con la muerte. Y además,
la muerte y el Hades serán
arrojados al lago de fuego junto
con el diablo y sus ángeles.
Todo esto ocurre al final del milenio
o del reino de Cristo. Los hermanos
amilenialistas debieran reflexionar
mejor sobre este pasaje antes de
sacar conclusiones inexactas.
Recordemos que “un texto sin
el contexto es un pretexto”.
Ir más allá de lo
que está escrito es peligroso.
¿No dice Pablo que nuestro
destino son “los lugares celestiales”
en Efesios 2:6?
Tomemos nota que pablo habla de
“los lugares celestiales”
en Efesios 2:6. Y, ¿dónde
están esos “lugares
celestiales”? La respuesta,
creo, la da Jesús en Juan
14:2, 3 --- ¡En la casa de
Su Padre! Por tanto, los “lugares
celestiales” tienen que ver
con las “muchas moradas”
de dicha casa, en donde Jesús
se ha ido a preparárnoslas.
Sin embargo, Pablo NO dice que iremos
al cielo para ingresar a nuestras
“moradas celestiales”.
Pongamos un ejemplo un poco fantástico.
Si una nave marciana bajara a la
tierra, y yo fuera invitado por
la tripulación marciana a
ingresar a ella para ver su interior,
pregunto: ¿No estaría
yo en un “lugar marciano”
en la misma tierra? Y si viera yo
en su interior sus compartimentos,
pregunto nuevamente: ¿No
serían esos compartimentos
“lugares o compartimientos
marcianos” en la tierra?
De igual modo, cuando baje la casa
celestial a la tierra, con todas
sus moradas o lugares, los que ingresen
a ella estarán ingresando
a sus lugares o moradas celestiales
--- ¡en la tierra!. Algo celestial
o “extraterrestre” se
posará en la nueva tierra,
y sus interiores o moradas seguirán
siendo celestiales aunque estén
en la tierra. Sí, en la nueva
tierra entraremos a los “lugares
celestiales” de la casa de
Dios.
¿No dice claramente San Pedro
que tenemos RESERVADA nosotros una
herencia incorruptible, incontaminada
e inmarcesible EN LOS CIELOS? (Ver
1 Pedro 1:4)
Nuevamente tampoco Pedro está
diciendo que subiremos al cielo
para recibir nuestra herencia que
está RESERVADA allí.
Sencillamente está reservada
en los cielos. Si por ejemplo decimos
que el dinero del pago de los trabajadores
está reservado en la bóveda
del banco, ¿significa eso
que los trabajadores tendrán
que ingresar a la bóveda
del banco para que se les pague?
No necesariamente.
Lo usual es que el cajero retire
el dinero de dicha bóveda
y proceda a pagar a los trabajadores
en la oficina del personal. De igual
manera, cuando Jesús vuelva
a retribuir a sus siervos, él
retirará nuestra herencia
de los cielos y la traerá
a la tierra. (Leer 1 Pedro 5:4;
2 Timoteo 4:8; Apocalipsis 22:12).
El sabio rey Salomón dijo
sobre este asunto, así:
“Ciertamente el justo será
recompensado en la tierra...”
(Proverbios 11:31)
En otra parte Salomón dice
también:
“El justo no será removido
jamás (de la tierra)...”
(Proverbios 10:30)
Estos textos contradicen la enseñanza
que dice que los salvos serán
retribuidos en el cielo cuando mueran.
¿No prometió el Señor
Jesús que nos arrebataría
con él mismo al cielo, en
1 Tesalonicenses 4:17?
El apóstol Pablo no está
diciendo tampoco en este texto,
que seremos arrebatados al tercer
cielo, sino EN LAS NUBES. No está
hablando de que seremos arrebatados
al cielo, sino “EN LAS NUBES
PARA RECIBIR AL SEÑOR EN
EL AIRE, y así estaremos
siempre con el Señor.”
Para nada se hace mención
del cielo en este versículo,
ni se nos promete estar con Cristo
en el cielo.
Pablo está hablando de que
seremos “arrebatados en las
nubes” y de “recibir
al Señor en el aire”
--- ¿Para qué? ¿Acaso
para que Jesucristo nos reciba y
nos lleve con él al cielo?
¡No! Pablo es claro al decir
que nosotros LE RECIBIREMOS A ÉL
EN EL AIRE cuando regrese a la tierra
(¡no al revés!). ¿Qué
importancia tiene este detalle?
Veamos el pasaje y analicemos su
contenido.
Si la iglesia recibirá al
Señor en el aire es para
acompañar a Jesús
en su descenso a la tierra, ¡no
al revés! Por ejemplo, si
el presidente del Perú sale
a recibir en palacio al Presidente
de los Estados Unidos, ¿se
irá el Presidente del Perú
con el presidente Estadounidense
a la Casa Blanca para la entrevista?
Otro ejemplo: Si mi amigo viene
a visitarme desde los Estados Unidos,
y yo salgo a recibirle en el aeropuerto
limeño, pregunto: ¿Me
iré con él a su casa
en los Estados Unidos, subiendo
inmediatamente en el avión
que lo trajo a Lima? ¡Claro
que no! Si yo lo recibo es para
traerlo a mi casa o a un hotel,
y disfrutar de su compañía
durante su estancia en mi país.
Igual ocurrirá con la Segunda
Venida de nuestro Señor Jesucristo
en las nubes de nuestra atmósfera.
Nosotros saldremos a RECIBIRLE en
las nubes para acompañarlo
en su descenso a nuestro planeta.
Entonces Jesús será
escoltado por su gloriosa iglesia
hasta el lugar donde se localizará
su trono de gloria, es decir, JERUSALÉN
(Mateo 5.33-35; Jeremías
3:17; Zacarías 14:4).
¿No dijo el apóstol
Pedro que Dios lo preservaría
para su reino celestial? ¿No
creyó Pablo que había
un reino en el cielo (2 Timoteo
4:18)?
En este pasaje Pablo NO dice que
iría al cielo para entrar
en el “reino celestial”.
Lo que Pablo creía era que
Dios lo preservaría o guardaría
para su reino DE los cielos (“celestial”).
Él NO dijo que Dios lo preservaría
para su reino EN los cielos en ningún
momento, sino para un reino de “inspiración
celestial”, o de “origen
celestial”.
En Hebreos 11:14-16 Pablo habla
de una “patria celestial”,
la cual, según el verso 16,
es UNA CIUDAD. En Hebreos 11:14
el apóstol sigue diciendo
que esta ciudad o “patria
celestial” está por
venir o por descender según
Apocalipsis 21:2, 3. Sí,
la ciudad o “patria celestial”
estará ¡en la tierra!.
En Lucas 2:8-13 vemos que a los
pastores del campo se les aparece
un ángel del Señor
que les anuncia que ha nacido el
Salvador, Cristo el Señor.
Y el versículo 13 nos dice
que repentinamente apareció
con aquel ángel una multitud
de las “huestes celestiales”
que alaban al Señor, y decían:
“Gloria en las alturas...”
Aquí vemos nuevamente a “huestes
celestiales” --- ¡en
la tierra!
En conclusión, cuando la
Biblia nos dice que heredaremos
“el reino celestial”,
ello no quiere decir que iremos
al cielo para entrar en él.
Ya hemos visto como “cosas
y seres “celestiales”
” estuvieron aquí,
en la tierra. ¿Acaso no puede
bajar “el reino celestial”
a la tierra así como lo hicieron
“el pan celestial (Jesucristo)”,
y “las huestes celestiales”?
¡Claro que sí! Ah,
un ejemplo más. Después
de resucitar de la tumba, Jesús
recibió un “cuerpo
celestial” (Leer 1 Corintios
15:40,49). Con ese “cuerpo
celestial” nuestro Señor
estuvo en la tierra por 40 días
(Hechos 1:3).
¿No dijo acaso el apóstol
San Pablo que nuestra CIUDADANÍA
ESTÁ EN LOS CIELOS (Filipenses
3:20)? ¿No significa entonces
que viviremos en el cielo?
La palabra “CIUDADANÍA”
usada por Pablo, se relaciona con
la palabra CIUDAD(anía).
En la Santa Biblia aparece claramente
una “CIUDAD CELESTIAL”
(o “PATRIA CELESTIAL”)
que estará en la tierra (Apocalipsis
21:2, 3). También se nos
informa que entraremos a ella, una
vez que se establezca en la “nueva
tierra”. Pablo sostiene que
la ciudad está POR VENIR
(Hebreos 13:14).
También Pablo sostiene que
el fiel Abraham “esperaba
la ciudad que tiene fundamentos,
cuyo arquitecto y constructor es
Dios” (Hebreos 11:8-10). Mientras
tanto, “nuestra ciudadanía
está en los cielos”
hasta que venga a nosotros a la
tierra. En tanto que nuestra “ciudad”
o “patria” permanezca
en los cielos, podremos decir que
nuestra ciudadanía seguirá
estando en los cielos.
¿En qué parte de la
Biblia dice que Cristo va a pisar
este mismo planeta nuevamente?
En Hechos 1:11 los ángeles
les dicen a los discípulos,
quienes instantes antes habían
visto al Señor subir al cielo,
lo siguiente:
“Varones Galileos, ¿por
qué estáis mirando
al cielo? ESTE MISMO JESÚS,
que ha sido tomado de vosotros al
cielo, ASI VENDRÁ COMO LO
HABÉIS VISTO IR AL CIELO”
Aquí se profetiza que el
mismo Jesús resucitado, que
había permanecido con sus
discípulos 40 días
en la tierra (Hechos 1:3), volverá
DE LA MISMA FORMA O MANERA EN QUE
SE HABÍA IDO AL CIELO.
Esto se explica de este modo. Según
el verso 12, Jesús había
ascendido al Padre desde el MONTE
DE LOS OLIVOS, hasta que una nube
lo tapó de la vista de los
discípulos (v.9). Ahora bien,
Jesús, al volver, descenderá
del cielo a las nubes del cielo,
y de las nubes del cielo AL MONTE
DE LOS OLIVOS (Zacarías 14:4).
Si Jesús al volver, sólo
se quedara en las nubes, sin descender
hasta el Monte de los Olivos, entonces
JESÚS NO ESTARÍA EN
VERDAD VOLVIENDO DE LA MISMA MANERA
COMO ÉL SE FUE, O COMO LO
HABÍAN VISTO IRSE SUS DISCÍPULOS.
Si una persona hubiera podido tomar
una película de ese magno
suceso de la ascensión de
Jesús al cielo, y luego pusiera
en reversa o retroceso la película,
entendería exactamente cómo
será el futuro regreso de
Jesús al mundo. No obstante,
no precisamos del auxilio de una
cámara de video o de una
película para entender lo
que explicamos. Aceptemos el hecho
de que la ascensión de Jesús
al cielo NO comenzó en las
nubes, sino en EL MONTE DE LOS OLIVOS.
¿No es interesante que el
profeta Zacarías diga que
sus pies se posarán nuevamente
en el Monte de los Olivos y éste
se partirá en dos? ¡Esto
no sucedió en la primera
venida de Cristo! (Leer Zacarías
14:4).
Lo que Jesús dijo en Mateo
5:34, 35 nos lleva la conclusión
de que Cristo hará de Jerusalén
su ciudad real... ¡Su trono!.
El profeta Jeremías dice
que en aquel tiempo (de la restauración
del reino) llamarán a Jerusalén
TRONO DE JEHOVÁ (3:17).
El Salmo 67:4
dice que Dios pastoreará
a las naciones EN (no “DE”)
la tierra. En Apocalipsis 5:10 leemos:
“Y los has hecho reyes y sacerdotes
para nuestro Dios; y reinarán
sobre la tierra.”
En Apocalipsis 20:4, 6 dice que
estos reyes y sacerdotes reinarán
con Cristo mil años en la
tierra.
En el Salmo 122:3-5 encontramos
la información de que los
tronos de los “reyes y sacerdotes”
estarán en Jerusalén.
Por tanto, el trono del “Rey
de reyes” estará también
allí. Jesús dijo que
“Jerusalén es la ciudad
del gran Rey” (Mateo 5:34,
35).
En Juan 14:2, 3 el Señor
Jesús prometió a sus
discípulos que ellos estarían
con él en la tierra de Israel.
Él dijo: “PARA QUE
DONDE YO ESTOY (la tierra de Israel)
vosotros también estéis”.
Y en la profecía de Jeremías
23:5 leemos:
“He aquí que vienen
días, dice Jehová,
en que levantaré a David
renuevo justo, y reinará
como rey, el cual será dichoso,
y hará juicio y justicia
EN LA TIERRA” ( También
33:15)
Y en Romanos 4:13 dice que Jesús
será “EL HEREDERO DEL
MUNDO.”
Según el Salmo 37:29 “Los
justos heredarán la tierra,
y vivirán para siempre sobre
ella”. Ahora bien: ¿Es
Jesucristo el MAYOR JUSTO? ¡Sí!
(Leer 1 Juan 2:1). Y si Jesús
es también JUSTO, ¿qué
heredará él y dónde
vivirá? ¡La tierra
y en la tierra!. En el Salmo 85:9
se complementa lo anterior diciendo
que LA GLORIA HABITARÁ LA
TIERRA. Y, ¿cuál GLORIA?
¡La gloria del Señor
Jesucristo! (Mateo 16:27; 24:30;
Juan 1:14; 17:24; Colosenses 3:4).
Por tanto: ¡Jesucristo habitará
en la tierra!
En 2 Samuel 23:3 dice:
“El Dios de Israel ha dicho:
Habrá un justo que GOBIERNE
ENTRE (no “SOBRE”) LOS
HOMBRES, que GOBIERNE en el temor
de Dios.”
Sí, Jesús será
aquel justo varón que gobierne
en medio o entre los hombres en
este planeta. ¡Eso dice la
Biblia! Además, David dice
en su Salmo 140:13 que LOS RECTOS
morarán o habitarán
en la presencia del rey. Pero: ¿Dónde
morarán LOS RECTOS en la
presencia del rey? No puede ser
el cielo porque Salomón escribió
en Proverbios 10:30:
“EL JUSTO NO SERÁ REMOVIDO
JAMÁS; pero los impíos
NO HABITARÁN LA TIERRA.”
La conclusión lógica
y bíblica es que los rectos
habitarán la tierra y estarán
en la misma presencia del rey en
la tierra. Dice Salomón:
“LOS RECTOS HABITARÁN
LA TIERRA, Y LOS PERFECTOS PERMANECERÁN
EN ELLA.”
(Proverbios 2:21)
¡Aquí está la
evidencia! Y, ¿Quiénes
son los PERFECTOS que permanecerán
en la tierra? ¡Los cristianos!
(Leer 2 Timoteo 3:17; Colosenses
1:28).
Jesús dice que “los
mansos heredarán la tierra”
(Mateo 5:5). Pero más adelante
dirá: “Llevad mi yugo
sobre vosotros, y aprended de mi,
QUE SOY MANSO Y HUMILDE DE CORAZÓN...”
(Mateo 11:29). Notemos que Cristo
es también el mayor MANSO
del mundo. Esto quiere decir que
él HEREDARÁ LA TIERRA
(comparar con Romanos 4:13). Él
fue claro al decir que “los
MANSOS heredarán la tierra
(¡no el cielo!).”
¿Qué otra prueba existe
de que el reino de Dios NO es la
Iglesia de Cristo?
Lo más sencillo es sustituir
la palabra “reino” por
“iglesia” de los textos
bíblicos más importantes.
Si reino e iglesia son equivalentes,
no tendrá porqué cambiar
el sentido del texto bíblico
que habla de él. Veamos algunos
ejemplos:
Lucas 19:11:
“Dijo, pues: Un hombre noble
se fue a un país lejano para
recibir UNA IGLESIA y volver.”
Comentario:
Notemos que al cambiar la palabra
“reino” por “iglesia”
en este pasaje, obtenemos un absurdo.
¿Recibió Cristo una
iglesia en el cielo? o ¿Se
instituyó la iglesia en el
cielo? ¿Hemos bajado del
cielo como “la iglesia de
Cristo”?
Lucas 12:32:
“No temáis manada pequeña,
porque a vuestro Padre le ha placido
DAROS la iglesia”.
Comentario:
Aquí hemos sustituido la
palabra “reino” por
“iglesia” y hemos obtenido
algo absurdo. En primer lugar, Jesús
se dirige a sus apóstoles
--- ¡a los cuales se les DA
EL REINO!. No dice Jesús
que al Padre le ha placido “HACEROS
EL REINO”, sino “DAROS
EL REINO”.
El sentido es diferente. Si la iglesia
es el reino, y ella está
compuesta por los apóstoles
y demás discípulos,
¿cómo podrían
SER ellos “el reino de Cristo”
y RECIBIR al mismo tiempo el reino?
¿Cómo podían
los apóstoles recibir un
reino y ser parte de él al
mismo tiempo? Si la iglesia es verdaderamente
el reino, entonces Jesús
debió decirles a sus apóstoles
que al Padre “le ha placido
HACEROS el reino o iglesia”.
Pero no fue así, sino que
dijo: “Le ha placido DAROS
EL REINO”!
Mateo 6:10:
“Venga tu iglesia, hágase
tu voluntad, como en el cielo, así
también en la tierra.”
Comentario:
Los que creen que la iglesia es
el reino, tendrán que mutilar
esta parte del “Padre Nuestro”;
pues si el reino ya vino en el 33.d.C,
¿para qué seguir pidiéndolo?
Pero lo cierto es que esta parte
de la oración está
tan vigente como el resto de las
peticiones en el “Padre Nuestro”.
Así, pedir por la venida
del reino es tan importante como
pedir perdón por nuestras
ofensas, o por el pan diario.
Por otro lado, si reemplazamos “reino”
por “iglesia” tendríamos:
“Venga tu iglesia, hágase
tu voluntad...” Sí,
“Venga tu iglesia” ---
¿De dónde? ¿Cómo?
Si los discípulos vendrían
a ser la misma iglesia de Cristo:
¿Por qué tendrían
que pedir por la venida de una iglesia?
¡No tiene mucho sentido que
digamos!
Mateo 25:31,34:
“Cuando el Hijo del Hombre
venga...entonces el Rey dirá
a los de su derecha: Venid, benditos
de mi Padre HEREDAD LA IGLESIA preparada
para vosotros desde la fundación
del mundo.”
Comentario:
Aquí hemos reemplazado “reino”
por “iglesia” y encontramos
algo muy extraño.
Es un asunto muy importante que
no podemos pasar por alto, y es
que hay un reino (iglesia para los
amilenialistas) que se preparó
desde la fundación del mundo,
y que será heredado por la
iglesia en la “parusía”
o Segunda Venida de Cristo. ¿UNA
IGLESIA que hereda UNA IGLESIA?
¿Cómo es posible esto?
Por eso creemos que la iglesia y
el reino son dos cosas muy diferentes.
Juan 3:3:
“Respondiendo Jesús
y le dijo: De cierto, de cierto
te digo, que el que no naciere de
nuevo no puede ver la iglesia de
Dios.”
Comentario:
En este pasaje también hemos
sustituido “reino” por
“iglesia” y hemos obtenido
un absurdo total. ¿Cuál
es ése? Si el reino es la
iglesia, y ésta sólo
puede ser vista por hombres “renacidos”:
¿Cómo es posible que
cualquier hombre mundano o no convertido
pueda ver, e incluso entrar, en
la iglesia de Cristo? Muchos NO
renacidos pueden ver con sus ojos,
y entrar con sus pies a la iglesia
de Cristo sin dificultad. Esto me
lleva a la conclusión de
que el reino e iglesia --- ¡NO
son sinónimos!. Hay un reino
futuro en el cual los impíos
ni verán ni entrarán
--- ¡Sólo los renacidos.
Hechos 14:22:
“...es necesario que a través
de muchas tribulaciones entremos
en la iglesia de Dios.”
Comentario:
Aquí en este pasaje hemos
sustituido la palabra “reino”
por “iglesia” y hemos
obtenido algo interesante. Notemos
que Pablo se dirige a creyentes
de Listra, Iconio y Antioquia. A
estos hermanos, de las iglesias
de Cristo en esas ciudades, les
exhorta a que permanezcan fieles
a pesar de las tribulaciones, a
fin de que puedan “ganar su
entrada a la iglesia de Dios”.
Esto es muy extraño, pues
Pablo se dirige a iglesias cristianas
ya constituidas. ¿Cómo
entrarían las iglesias de
Iconio, Listra y Antioquia a la
iglesia misma? ¡No lo entendemos!
Aquí se vuelve a demostrar
que el reino de Dios es diferente
a la iglesia de Cristo.
1 Corintios 15:50:
“Pero esto digo, hermanos:
que la carne y la sangre no pueden
heredar la iglesia de Dios, ni la
corrupción hereda a incorrupción.”
Comentario:
Aquí, al reemplazar la palabra
“reino” por “iglesia”
nos hallamos con un serio problema.
Y es que si a la iglesia no se puede
pertenecer en la carne y en la sangre,
¿por qué aún
están en la carne y la sangre
los miembros de la iglesia de Cristo?
Obviamente algo no anda bien con
la interpretación “amilenialista”
del reino.
Hechos 1:6:
“Entonces los que se habían
reunido le preguntaron, diciendo:
Señor restaurarás
la iglesia a Israel en este tiempo?”
Comentario:
Aquí resulta una extrañeza
al reemplazar “reino”
por “iglesia”, pues:
¿Acaso la iglesia tiene que
ver con Israel? Cómo es eso
que la iglesia será restaurada
a Israel? Es obvio que reino e iglesia
son dos cosas diferentes. El reino
fue antes que la iglesia.
Los “amilenialistas”
se encuentran en serios apuros cuando
tienen que responder a toda esta
argumentación bíblica
consistente. El amilenialismo deja
sin horizontes y sin entendimiento
sobre los sucesos mundiales de hoy.
Prácticamente han anulado
muchísimas profecías
bíblicas del futuro (Leer
Proverbios 29:18). Para ellos casi
todas las profecías bíblicas
ya se han cumplido. Han dejado de
comprender los acontecimientos mundiales
del presente y del futuro.
Prácticamente están
en medio del mar sin mapas y brújulas,
y... ¡están a la deriva!
Finalmente, algunos me preguntan
preocupados:
¿Por qué cree usted,
apologista, en un reino de mil años
si la Biblia habla del reino eterno
en 2 Pedro 1:11?
Creo que los que me formulan esta
pregunta también deberían
preguntarse ellos mismos por qué
el evangelio es eterno, según
Apo. 14:6, o la herencia de los
cristianos, según Heb. 9:15.
Además, ¿cómo
puede alguien tener vida eterna
si la recibió por fe sólo
en el momento de su conversión
como una gracia del Señor?
En Efesios 3:1-11 Pablo nos dice
lo siguiente:
“Por esta causa yo Pablo,
prisionero de Cristo Jesús
por vosotros los gentiles; si es
que habéis oído de
la administración de la gracia
de Dios que me fue dada para con
vosotros; que por revelación
me fue declarado el misterio, como
antes lo he escrito brevemente,
leyendo lo cual podéis entender
cuál sea mi conocimiento
en el misterio de Cristo, misterio
que en otras generaciones no se
dio a conocer a los hijos de los
hombres, como ahora es revelado
a sus santos apóstoles y
profetas por el Espíritu:
que los gentiles son coherederos
y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes
de la promesa en Cristo Jesús
por medio del evangelio, del cual
yo fui hecho ministro por el don
de la gracia de Dios que me ha sido
dado según la operación
de su poder. A mí, que soy
menos que el más pequeño
de todos los santos, me fue dada
esta gracia de anunciar entre los
gentiles el evangelio de las inescrutables
riquezas de Cristo, y de aclarar
a todos cuál sea la dispensación
del misterio escondido desde los
siglos en Dios, que creó
todas las cosas; para que la multiforme
sabiduría de Dios sea ahora
dada a conocer por medio de la iglesia
a los principados y potestades en
los lugares celestiales, conforme
al propósito eterno que hizo
en Cristo Jesús nuestro Señor,
en quien tenemos seguridad y acceso
con confianza por medio de la fe
en él”.
Creo que en estos versos Pablo nos
habla del misterio escondido o el
propósito eterno de Dios
(su evangelio eterno) para los hombres
en la persona de Cristo. En ese
sentido el “evangelio es eterno”
porque es "el propósito
eterno" de Dios para los hombres
en “Cristo Jesús”
y ese evangelio es sobre las inescrutables
riquezas en Cristo Jesús,
las cuales incluyen su reino en
la tierra. Así, el reino
es eterno porque estuvo en los "propósitos
eternos" de Dios aun antes
de que la humanidad existiera.
Finalmente, algunos teólogos
como Anthony Buzzard, sostienen
que la palabra griega "aionios"
que se traduce "eterno"
se refiere a una era o siglo definido,
en este caso, la era venidera de
justicia. Así, cuando se
habla de la "vida Eterna",
lo que se quiere dar a entender
es a la vida de la era venidera,
y cuando se habla del "reino
eterno" lo que se quiere dar
a entender es que habrá un
reino singular en la era venidera,
la era del reino, la era de la justicia.
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Buen provecho, estimados hermanos.
Vuestro servidor,
Apologista, Mario A. Olcese