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EL
EVANGELIO DEL REINO |
JESÚS
nuestro REY
en el futuro REINO
DE DIOS en LA
TIERRA |
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¡USTED
NO IRÁ AL CIELO SINO
AL REINO DE LOS CIELOS! |
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El
Engaño de la Teología Tradicional:
Millones de hermanos cristianos han sido
aleccionados por sus curas y pastores de
que hay un premio para los creyentes, y
ése es el cielo. Los más de
los que profesan el cristianismo ven el
cielo como la meta final para sus vidas
consagradas al Señor, y lo vislumbran
como un lugar de bienaventuranzas y de paz
nunca antes concebidas o imaginadas por
hombre alguno.
Los cristianos tradicionales han creído
en que sus antepasados difuntos, que profesaron
la fe católica o protestante, están
ahora en el cielo como ánimas desencarnadas
o ángeles que tocan el arpa todo
el día y por la eternidad. No obstante,
esta creencia tradicional contradice lo
dicho por Jesús concerniente a que
los muertos cristianos verán finalmente
a Dios y a Cristo en la resurrección
del día postrero.
Veamos algunos pasajes bíblicos que
han sido ignorados o pasados por alto por
los maestros y líderes religiosos
de las iglesias en general, y que enfocan
el asunto de manera muy distinta:
La Verdad
Sobre los Muertos y la Vida Futura:
1 Juan 3:2:
“Amados, ahora somos hijos de Dios,
y aún
no se ha manifestado lo que hemos de ser;
pero sabemos que cuando él se manifieste,
seremos semejantes a él,
PORQUE LE
VEREMOS TAL COMO ÉL ES”.
Comentario:
Este pasaje juanino ha sido pasado por alto
por los cristianos en general, pues contradice
la teología “cristiana”
tradicional que dice que los cristianos
verán a Cristo en el momento de su
muerte, y no, en ocasión de la segunda
venida de Cristo en gloria, como afirma
La Biblia. Aquí Juan es claro al
decir que veremos a Cristo tal como él
es ahora (divino), únicamente cuando
seamos semejantes a él. ¿Y
cuándo seremos semejantes a él?
¿Y cuándo le veremos tal como
él es? ¿En nuestra muerte?
!NO!
En nuestra
resurrección,
cuando el Cristo divino vuelva nuevamente
en persona a este mundo en el día
postrero. Veamos otras pruebas bíblicas:
Juan 11:25:
“Yo
soy la resurrección y la vida; el
que cree en mí, aunque
esté muerto, vivirá”.
1 Corintios 15:42-45,51-53:
“Así
es la resurrección de los muertos.
Se siembra en corrupción,
resucitará en incorrupción.
Se siembra en deshonra,
resucitará en gloria;
se siembra en debilidad,
resucitará en poder.
Se siembra cuerpo
animal, resucitará
cuerpo espiritual.
He aquí, os digo un misterio: No
todos dormiremos; pero
todos seremos transformados,
en un momento, en un abrir y cerrar de ojos,
a la final trompeta; porque se tocará
la trompeta, y
los muertos serán resucitados incorruptibles,
y nosotros seremos transformados.
Porque es necesario que esto corruptible
se vista de incorrupción,
y esto mortal
se vista de inmortalidad.”
1 Tesalonicenses 4:13-18:
“Tampoco
queremos, hermanos, que ignoréis
acerca de los que duermen, para que no os
entristezcáis como los otros que
no tienen esperanza. Porque
si creemos que Jesús murió
y resucitó, así también
traerá Dios con Jesús a los
que durmieron en él.
Por lo cual os decimos esto en palabra del
Señor; que nosotros que vivimos,
que habremos quedado hasta la venida del
Señor, no precederemos a los que
durmieron. Porque el Señor mismo
con voz de arcángel, y con trompeta
de Dios, descenderá del cielo; y
los muertos en Cristo serán resucitados.
Luego nosotros los que vivimos, los que
hayamos quedado, seremos
arrebatados juntamente con ellos en las
nubes para recibir al Señor en el
aire, y así
estaremos siempre con el Señor. Por
tanto, alentaos unos a los otros con estas
palabras”.
Este texto de 1 Tesalonicenses 4:13-18 es
muy iluminador, y no obstante, muy poco
leído o conocido por los cristianos
católicos, y aún protestantes.
Y es que este texto, y los otros citados
arriba, contradicen abiertamente, y claramente,
el postulado escatológico o teologal
de la vida futura del cristianismo tradicional,
el cual enseña que los muertos en
Cristo están ahora disfrutando con
el Señor de la gloria celestial.
Ahora bien, adviértase que Pablo,
el autor de estos versículos, dice
que nosotros recibiremos a Cristo, ¡y
no al revés!
Léalo por usted mismo ahora mismo
en los versos citados de 1 Tesalonicenses
4:13-18. Si en verdad los muertos “vuelan”
al cielo, ¿no sería lógico
que Cristo los reciba a ellos en su morada
celestial?
Pero la verdad es lo opuesto, ¡nosotros
le recibiremos a él!
¿Y
por qué?
Porque él volverá a las nubes
de nuestra atmósfera, y con voz de
mando ordenará que los muertos creyentes
resuciten y le den la bienvenida en el aire.
Eso lo dice Pablo muy claramente en estos
versículos de 1 Tesalonicenses 4.
Además, Pablo no dice que los muertos
fieles —recién resucitados—
irán con él al cielo, sino
más bien, que estarán juntos
siempre con él. Pero: ¿Dónde?
Eso lo veremos más adelante.
Ahora bien, si lo aceptado tradicionalmente
fuera verdad: ¿Qué
sentido podría tener nuestra futura
resurrección, si los muertos en la
fe siguen vivos en el cielo?
Definitivamente hay cosas que no andan bien
con la teología tradicional, que
enseña nuestra partida al cielo inmediatamente
después de nuestra muerte. Usted
no encontrará en La Biblia ningún
pasaje que se nos asegure una estadía
eterna en los cielos. Yo le reto a usted
a que busque tan sólo un texto bíblico
en donde supuestamente Cristo nos promete
el cielo, y yo le aseguro que no lo encontrará.
Lázaro
y Marta: Dos Amigos de Jesús:
Usted recordará la historia del difunto
amigo de Jesús llamado Lázaro.
Esta historia de Lázaro es muy interesante,
pues nos da una visión de la esperanza
de los difuntos creyentes. Los más
de los cristianos no se han puesto a reflexionar
sobre este acontecimiento que conmocionó,
no sólo a la familia de Lázaro,
sino también a Jesús. Un resumen
de lo sucedido según está
registrado en Juan 11:1-44 es como sigue:
1.- Las
hermanas de Lázaro mandan a avisar
a Jesús que Lázaro está
muy enfermo (v.1-3).
2.- Jesús
demoró dos días su llegada
a la casa de Lázaro, y Lázaro
muere (v.6-14).
3.- Cuando
Jesús llega a la casa de Lázaro,
éste ya estaba sepultado 4 días
(v.17).
4.- Marta
sale al encuentro de Jesús, y es
confrontado por ella porque Jesús
no había llegado a tiempo para sanar
a Lázaro (v.21).
5.- Jesús
le promete a Marta que Lázaro resucitará
(v.23).
6.- Marta
le responde que ella sabe que su hermano
resucitará “en
el día postrero”
(v.24).
7.- Jesús
insiste que aquel que cree en él
resucitará y no morirá eternamente
(v.25, 26).
8.- Jesús
afirma que Marta, y las demás personas
que están de duelo, verán
la gloria de Dios con la resurrección
de Lázaro a pesar que éste
ya olía mal (v. 39,40).
9.- Cristo
ordena a Lázaro salir de su sepulcro
(v.43).
10.-Lázaro
resucita envuelto en vendas hasta su rostro
(v.44).
Sin duda la resurrección de Lázaro
sirvió para demostrar que el Dios
de Jesús tenía el poder de
resucitar a los muertos que estaban ya en
descomposición. La presencia de un
Lázaro revivido reforzó el
testimonio de Jesús y la verdad de
su persona como el unigénito Hijo
de Dios.
No obstante, este registro histórico
demuestra que los primeros cristianos, como
Lázaro y sus dos hermanas María
y Marta, eran creyentes en la resurrección
de los muertos en el día postrero.
Marta y María sabían que volverían
a ver a su hermano en el día de la
resurrección de los justos, y esa
creencia, sin duda, les daba consolación.
Aquí NO encontraremos NINGUNA
“esperanza
celestial”,
o que Lázaro estaba gozando de las
“bienaventuranzas
celestiales”,
en la misma “presencia
de Dios”
en el cielo.
En otras palabras: NO vamos a encontrar
a Jesús diciéndoles a los
deudos algo así como: “No
os aflijáis, pues Lázaro ya
está en la presencia del Señor
gozando de las bienaventuranzas celestiales”.
Lo que él les dijo era que Lázaro
resucitaría de su sepulcro. Nótese
que tampoco Jesús dijo: “Baja
Lázaro, y regresa a tu cuerpo”,
sino más bien: “¡Lázaro,
ven fuera!”.
Esto es muy significativo, pues los muertos
no están en el cielo, sino en sus
sepulcros; y esto concuerda con lo dicho
por Jesús mismo en Juan 5:28, 29
donde se lee:
“No os maravilléis de esto;
porque vendrá hora cuando todos
los que están en sus sepulcros
(no en el
cielo) oirán
su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán
a resurrección
de vida; mas
los que hicieron lo malo, a resurrección
de condenación”.
Examínese bien lo dicho por Jesús
en este pasaje, pues de no hacerlo caeríamos
en errores garrafales e imperdonables.
1.- Jesús dice que habrá resurrección
de buenos y de injustos.
2.- Jesús afirma que los buenos resucitarán
para recibir la vida eterna.
3.- Jesús afirma que los malos no
recibirán la vida sino la condenación
o la destrucción.
Si los muertos en Cristo siguen viviendo,
y nunca mueren, ¿por
qué Jesús afirma que los justos
tendrán una resurrección de
vida? Esto
es sorprendente, pues desdice los postulados
católicos y aún protestantes
sobre la doctrina de la vida futura.
Los Muertos
no están Vivos:
Entonces, es claro que los muertos no siguen
viviendo en otra esfera o dimensión,
sino más bien, siguen inconscientes
en sus tumbas, sin poder pensar, amar, odiar,
maquinar cosas, pecar, etc. Los muertos
están muertos y no vivos. Decir que
los muertos viven es como decir que el color
oscuro es claro. En Eclesiastés 9:5,10
leemos:
“Porque
los vivos saben que han de morir; pero
los muertos nada saben,
ni tienen más paga; porque
su memoria es puesta en olvido.
También su
amor y su odio fenecieron ya;
y nunca más tendrán parte
en todo lo que se hace debajo del sol…
porque en el sepulcro,
adonde vas,
no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni
sabiduría.”
Y el salmista David dice de los muertos,
lo siguiente:
“Pues sale su
aliento, y
vuelve a la tierra; En ese mismo día
perecen sus
pensamientos”
(Salmo 146:4).
Nótese que los muertos no piensan,
y como dijo Descartes: “Pienso, luego
existo”; en consecuencia, los que
no piensan — ¡No existen! ¡Dejan
de existir!
La Recompensa
Será en la Segunda Venida de Cristo:
La única esperanza que tienen los
hombres creyentes, es la resurrección
del día postrero, cuando los “no
existentes”
vengan a la “existencia”
nuevamente. Así lo entendió
el profeta Daniel, cuando Dios, al anunciarle
su muerte, le dice:
“Y tú
irás hasta el fin, y reposarás,
y te levantarás para recibir tu heredad
al fin de los
días”
(Daniel 12:13).
Aquí es claro que Dios NO
le habló a Daniel de una partida
al cielo para estar con Él, después
de su muerte física. !NO!
lo que le dijo era que reposaría
(=moriría) y que sería después
levantado (=resucitado) para recibir su
heredad o recompensa, al fin de LOS
(NO ‘sus’)
días.
Entonces, la recompensa del cristiano se
recibe sólo después que Cristo
haya vuelto y transformado a los vivos,
y resucitado a los muertos, con inmortalidad.
Pues bien, siendo que los fieles muertos
no han recibido sus recompensas en el cielo,
ni en ningún otro lugar, pues están
muertos:
¿Qué recibirán en la
resurrección?:
1.- El
Reino de Dios en la tierra (Mateo
25:31,34).
2.- La
vida eterna (Mateo
25:46).
3.- La
gloria, honra y el poder (Colosenses
3:4, 1 Pedro 5:4)
4.- A
Jesucristo mismo como nuestro hermano mayor
(1 Tesalonicenses
4:17).
El Evangelio
Del Reino de Dios:
Lo que La Biblia claramente enseña
es que el propósito final de la fe
cristiana o la meta de la vida cristiana
es “el
reino de Dios”,
o también llamado “el reino
DE
(NO, “en”)
los cielos”.
Sí, Jesús habló muchísimo
del ‘reino de Dios’ o ‘reino
de los cielos’, lo cual ha hecho pensar
a muchísimos eruditos en Biblia de
que este es el tema central de toda La Biblia.
La Biblia habla de la salvación,
la cual pocos han llegado a comprenderla
en su verdadera dimensión. Los más
de los cristianos suponen que la salvación
no es otra cosa que recibir el perdón
de nuestros pecados a fin de poder ganar
el cielo. Pero esta idea es totalmente ajena
a las Escrituras, La Biblia, como ya lo
hemos probado. Lo que La Biblia enseña
es que el evangelio de Cristo tiene poder
para salvar a quienes lo aceptan por la
fe. Es decir, el que cree en el evangelio
de Jesucristo será salvo.
El apóstol Pablo es claro al decir
que el evangelio es poder de Dios para salvación
para todo aquel que lo cree, sea judío
o no judío (Romanos 1:16).
La Biblia enseña que sólo
hay un evangelio salvador (Gálatas
1:6-10), y no muchos evangelios como los
que se están propagando hoy. Pero:
¿Qué significa evangelio?
Es sencillo, significa “Buenas
nuevas”
o “buenas
noticias”.
De modo que Cristo vino a traernos buenas
noticias que se traducirán en nuestra
salvación si las creemos de todo
corazón. Ahora bien:
¿De
qué se tratan esas buenas noticias?
Si yo le digo a usted que le traigo buenas
noticias, y no le digo de qué se
tratan, ¿le servirá de algo?
Por cierto que no. Así que, como
creyentes, averigüemos ahora mismo
de qué se tratan esas buenas noticias
de Jesucristo. De esa tarea depende nuestra
salvación eterna! Veamos algunos
textos cruciales:
Marcos 1:1,14, 15:
“Principio del evangelio de Jesucristo,
Hijo de Dios. Después que Juan fue
encarcelado, Jesús vino a Galilea
predicando el evangelio
del reino de Dios,
diciendo: El tiempo se ha cumplido y el
reino de Dios
se ha acercado, arrepentíos,
y creed en
el evangelio”.
Lucas 4:43:
“Pero él les dijo: Es necesario
que también a otras ciudades anuncie
el evangelio
del reino de Dios;
porque para esto he sido enviado”.
Mateo 24:14:
“Y será predicado este evangelio
del reino
en todo el mundo, para testimonio a todas
las naciones; y entonces vendrá el
fin”.
Lucas 9:2:
“Y los envió a predicar el
reino de Dios,
y a sanar a los enfermos”.
Lucas 8:1:
“Aconteció después,
que Jesús iba por todas las aldeas,
predicando y anunciando el evangelio
del reino de Dios,
y los doce con él.”
Hechos 8:12:
“Pero cuando creyeron a Felipe, que
anunciaba el evangelio
del reino de Dios
y el nombre
de Jesucristo,
se bautizaban hombres y mujeres”.
Hechos 19:8:
“Y entrando Pablo en la sinagoga habló
con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo
y persuadiendo acerca del reino
de Dios”.
Hechos 20:25:
“Y ahora, he aquí, yo sé
que ninguno de vosotros, entre quienes he
pasado predicando el reino
de Dios, verá
más mi rostro”.
Hechos 28:23, 30, 31:
“Y habiéndole señalado
un día, vinieron a él muchos
a la posada, a los cuales les declaraba
y les testificaba el reino
de Dios desde
la mañana hasta a tarde, persuadiéndoles
acerca de Jesús,
tanto por la
ley de Moisés
como por los
profetas.
Y pablo permaneció dos años
enteros en una casa alquilada, y recibía
a todos los que a él venían,
predicando el reino
de Dios y
enseñando acerca del Señor
Jesucristo,
abiertamente y sin impedimento”.
Hechos 14:22:
“…Es necesario que a través
de muchas tribulaciones entremos en el reino
de Dios”
Lucas 9:60:
“Jesús le dijo: Deja que los
muertos entierren a sus muertos; y tú
vé, y anuncia el reino
de Dios”.
1 Corintios 15:50:
“Pero esto digo, hermanos: Que la
carne y la sangre no pueden heredar el reino
de Dios, ni
la corrupción hereda a incorrupción”.
Juan 3:3,5:
“Respondió Jesús le
dijo: De cierto, de cierto te digo, que
el que no naciere de nuevo no puede ver
el reino de
Dios. Respondió
Jesús: De cierto de cierto te digo,
el que no naciere de agua y del Espíritu,
no puede entrar en el reino
de Dios”.
Santiago 2:5:
“Hermanos míos amados, oíd:
¿No ha elegido Dios a los pobres
de este mundo, para que sean ricos en fe
y herederos del reino
que ha prometido a los que le aman?”.
Marcos 12:34:
“Jesús entonces, viendo que
había respondido sabiamente, le dijo:
No estás lejos del reino
de Dios…”
Mateo 25:31,34:
“Cuando el Hijo del Hombre venga
en su gloria, y todos los santos ángeles
con él, entonces se sentará
en su trono de gloria. Entonces el rey
dirá a los de su derecha: Venid,
benditos de mi Padre, heredad el reino
preparado para vosotros desde la fundación
del mundo”.
Mateo 6:33:
“Mas buscad primeramente el reino
de Dios
y su justicia, y todas estas cosas os
serán añadidas”.
1 Tesalonicenses 1:5:
“…para que seáis tenidos
por dignos del reino
de Dios,
por el cual asimismo padecéis”.
2 Pedro1:11:
“Porque de esta manera os será
otorgada amplia y generosa entrada en
el reino
eterno de nuestro Señor y salvador
Jesucristo”.
Gálatas 5:19,21:
“Y manifiestas son las obras de
la carne: adulterio, fornicación,
inmundicia, lascivia…los que practican
tales cosas no heredarán el reino
de Dios”.
Hechos 1:3:
“A quienes también, después
de haber padecido, se presentó
vivo con muchas pruebas indubitables,
apareciéndoseles durante cuarenta
días, y hablándoles acerca
del reino
de Dios”.
Lucas 13:29:
“Porque vendrán del oriente
y del occidente, del norte y del sur,
y se sentarán a la mesa en el reino
de Dios”.
Lucas 18:24:
“Al ver Jesús que se había
entristecido mucho, dijo: ¡Cuán
difícilmente entrarán al
reino de
Dios los
que tienen riquezas!”.
Todas estas citas bíblicas nos
prueban que el evangelio o “buenas
noticias”
tienen que ver con algo llamado el reino
de Dios. Usted encontrará esa frase
en muchísimos textos bíblicos,
como una promesa para los creyentes consagrados
al Señor. Es algo que se puede
ver y entrar, además es algo que
Cristo reinaugurará en su segunda
venida con sus discípulos. Al reino
no se le puede ingresar con este cuerpo
mortal, ya que requiere antes su transformación
cuando Cristo regrese. El Reino es algo
que viene a la tierra, y un asunto que
debemos buscar y pedir diariamente.
El Reino
de Dios es el Gobierno de Cristo en la
Tierra:
También el reino de Dios tiene
que ver con un gobierno en la tierra,
pues en innumerables pasajes a Jesús
se le llama “Príncipe
de paz”,
“Hombre
noble”, “Rey”, “Deseado
de todos los pueblos”, “Salvador”,
“Mesías”, “Juez”,
etc.
Sí, Jesús vino predicar
un nuevo gobierno mundial liderado por
él y su iglesia leal, pues también
se nos revela que su gobierno será
global, desde los ríos y mares
más lejanos de la tierra. Dice
el Salmo 72:7, 8:
“Florecerá
en sus días justicia,
y muchedumbre de paz,
hasta que no haya luna. Dominará
de mar a mar, y desde el río hasta
los confines de la tierra”.
Así es, Jesús ha prometido
traer la justicia y la paz a la tierra
— ¿cómo? — con
su gobierno mundial o también llamado:
“el
Reino de Cristo”.
En una ocasión Jesús fue
interrogado por Pilatos de la siguiente
manera:
“¿Luego, eres tú rey?
Respondió
Jesús:
Tú dices que yo
soy rey.
Yo para
esto he nacido,
y para esto
he venido al mundo,
para dar
testimonio a la verdad…”
(Juan 18:37).
Aquí claramente Jesús reconoce
que es rey, y que vino al mundo para dar
testimonio de esa verdad. Sin embargo
poquito antes Jesús había
dicho: “Mi
reino no es de aquí”
(v.36), o sea del presente mundo o era
maligna del diablo.
La Esperanza
Mesiánica:
Jesús era esperado como el Mesías
que gobernaría sobre Israel y que
depondría a la tiranía romana
sobre los judíos. Sí, el
Cristo era esperado por los judíos
como el libertador de la tiranía
romana. Este líder era aguardado
como aquel que reanudaría la dinastía
del rey David en Jerusalén, la
capital del reino de Dios. Y es que el
reino davídico era el reino de
Dios, el cual fue suspendido con el derrocamiento
de su último rey judío Sedequías
en 586 AC.
Lo que los paisanos de Jesús no
acababan de comprender es que la presencia
de Cristo hace dos milenios tenía
el propósito de llamar y de preparar
a los herederos del reino, es decir, a
sus elegidos o su iglesia. Jesús
vino a traer consuelo, y a salvar a los
pecadores, para hacerlos dignos y aptos
para su reino venidero de justicia. Recuerde
Santiago 2:5, en donde Santiago enseña
que Dios escogió a los pobres de
este mundo para convertirlos en reyes
y co-gobernantes en el reino de Cristo.
En Apocalipsis 2:26 se lee:
“Al
que venciere y guardare mis obras hasta
el fin, yo
le daré autoridad sobre las naciones”.
La iglesia ha sido llamada para cumplir
con el plan maestro de Dios para la transformación
de la sociedad humana que se encuentra
en decadencia absoluta. Dice San Juan
en Apocalipsis 5:10:
“Y
nos has hecho para nuestro Dios reyes
y sacerdotes, y
reinaremos sobre la tierra”.
Pues bien, nótese que la iglesia
está llamada a reinar con Cristo
sobre la tierra, y no desde el cielo,
como algunos cristianos aún creen
erradamente. El Reino de Cristo será
en la tierra, no en el cielo, y durará
mil años o diez siglos corridos.
Dice Juan en Apocalipsis 20:6: “…y
reinarán con él mil años”.
Además, en Apocalipsis 3:21 hay
más información de la herencia
de la iglesia. Juan escribe lo siguiente:
“Al
que venciere, le daré que se siente
conmigo en mi trono,
así como yo he vencido, y me he
sentado con mi Padre en su trono”.
El Trono
de Cristo y su Ubicación:
Siendo que Cristo tiene su trono propio
el cual compartirá con su amada
iglesia, es lógico preguntarse:
¿Qué es ese trono, y dónde
estará?. El trono de Cristo es
el trono de David su padre. En Lucas 1:31-33
el ángel Gabriel le dice a María,
la madre de Jesús, lo siguiente:
“Y
ahora, concebirás en tu vientre,
y darás a luz un hijo, y llamarás
su nombre Jesús.
Este será grande, y será
llamado Hijo del Altísimo; y
el Señor Dios le dará el
trono de David su padre;
y reinará
sobre la casa de Jacob para siempre, y
su reino no tendrá fin”.
Este anuncio del ángel Gabriel
no es creído en su forma literal,
y más bien ha sido “espiritualizado”
o “alegorizado”
por el catolicismo, y aun, por algunas
denominaciones protestantes. Pero lo cierto
es que Cristo tomará el trono de
su ancestro David, y lo hará suyo,
como el legítimo heredero al trono
judío en Israel (=la casa de Jacob).
Es por eso que el evangelista Mateo comienza
su evangelio diciendo:
“Libro
de la genealogía de Jesucristo,
hijo de David,
hijo de Abraham”
(Mateo 1:1).
Sí, el reino de David, y el de
sus descendientes, era el reino de Dios,
cuya capital estaba localizada en la amada
Jerusalén (1 Crónicas 28:5).
Esa dinastía suspendida desde 586
AC será reanudada con Jesucristo,
el hijo de David. Efectivamente, Jesús
restaurará el reino de su ancestro
David cuando regrese en gloria desde el
cielo (Lucas 19:11, 12; Daniel 7:13, 14:
Mateo 25:31,34; Hechos 1:3, 6, 7).
También Jesús admite que
Jerusalén es la ciudad escogida
y amada del gran rey del reino de Dios
(Mateo 5:33-35). Sí, Jesús
llama a Jerusalén: La ciudad del
gran rey. Y esto va en concordancia con
lo dicho por Jeremías en el capítulo
3 y verso 17 de su libro: “…llamarán
a Jerusalén, trono de Jehová…”.
Este hecho profético, de una Jerusalén
como el centro del mundo de mañana,
es significativo.
Hoy las naciones árabes quieren
retomar Jerusalén, desde que esta
ciudad pasó a manos de sus legítimos
dueños en Mayo de 1948. Después
de dos milenios de destierro y diáspora
del pueblo Judío, éstos
han recuperado su territorio de la promesa.
Y en Junio de 1967, en la guerra de los
seis días, la amada ciudad capital
de David, Jerusalén, es reconquistada.
Esto vino como cumplimiento de la profecía
de Jesús dada en Lucas 21:24, que
dice:
“…y
serán llevados cautivos a todas
las naciones; y Jerusalén
será hollada por los gentiles,
hasta que los tiempos de los gentiles
se cumplan”.
Sí, las naciones extranjeras (romanos,
árabes, turcos, e ingleses), pisotearon
Jerusalén durante el destierro
de su gente judía, hasta que en
la segunda mitad del siglo XX esta amada
ciudad pasó a manos de los judíos.
¡Se cumplió la profecía!
Los Pueblos
serán Regidos con Vara de Hierro:
Cuando Cristo y su iglesia comiencen a
gobernar este mundo, lo harán con
mano firme y con autoridad de Dios. Sí,
La Biblia habla que Cristo regirá
con vara de hierro, y esto supone que
no será un gobierno débil
o defectuoso. Dice Apocalipsis 12:5:
“Y
ella dio a luz a un
hijo varón
que regirá
con vara de hierro a todas las naciones…”
Muchos pueblos de la tierra han sido tratados
duramente por sus gobernantes impíos
y ateos, los cuales no han logrado durar
o ganarse el afecto permanente de sus
simpatizantes. Y es que ellos mismos no
han tenido la sabiduría que viene
de lo alto para corregir los males de
la sociedad humana. Muchos han gobernado
a espaldas de Dios, y sólo han
buscado su beneficio económico
y de los que los rodean y adulan.
No obstante, el gobierno de Cristo y de
su iglesia, transformada en divina, y
llena del Espíritu Santo, sabrá
solucionar los males más comunes
de la sociedad humana, como son los crímenes,
las injusticias, las explotaciones, las
miserias, los vicios, las enfermedades,
la polución, el hambre, las plagas,
etc. Estas son buenas noticias en verdad.
Entonces se cumplirá la profecía
de 2 Pedro 3:13,14 que dice:
“Nosotros esperamos según
sus promesas, nuevos cielos y nueva tierra
donde mora la justicia”.
Sí, “una nueva tierra de
justicia” (no
“el cielo”)
es nuestra esperanza, pues Jesús
mismo lo dijo:
“Los mansos heredarán la
tierra”
(Mateo 5:5).
La Tierra
Será un Paraíso:
Dios creó a la primera pareja humana
y la puso en un jardín hermoso,
o también llamado parque, o “paraíso
edénico”.
Adán y Eva podrían disfrutar
de los frutos de los árboles y
de los productos de la tierra sin tener
que sufrir para ganárselos. La
maldición no era algo conocido
para ellos, sino las bendiciones del Creador.
Sí, la tierra será un verdadero
paraíso de Dios, pues dice Isaías
51:3:
“Ciertamente
consolará
Jehová a Sión;
consolará todas sus soledades,
y cambiará
su desierto en paraíso,
y su soledad en huerto
de Jehová;
se hallará en ella alegría
y gozo, alabanza y voces de canto”.
Sin duda Dios preparó todo para
los humanos, dándoles aire puro,
animales dóciles, frutos sanos
y sin plagas, agua pura y sin la contaminación
por los desechos químicos o bacteriológicos,
una tierra fértil, etc. Y lo más
importante aún es que ellos no
fueron creados para morir, sino para vivir
eternamente. Su desgracia se originó
por su desobediencia y rebelión
hacia Dios y sus leyes. La salud, la paz,
la felicidad, y la longevidad serán
restauradas, y los animales no serán
violentos ni amenazadores.
Los ejércitos del mundo habrán
desaparecido de la faz de la tierra, así
como los idiomas, las fronteras, las clases
sociales, la pobreza, las enfermedades,
las plagas, las contaminaciones, los vicios,
la deforestación, los desiertos,
las sequías, la explotación,
los desamparados, los cojos, los ciegos,
los mancos, los paralíticos, los
que sufren de enfermedades mentales, los
enajenados, los retardados, los atormentados,
los angustiados, los resentidos, etc.
En el Salmo 115:16 leemos algo que es
muy significativo e iluminador:
“Los
cielos
son los cielos de
Jehová;
y ha dado la
tierra a
los hijos de los hombres”.
Aquí hay un plan de Dios. Los cielos
son para Dios, y la tierra para los hombres.
El propósito de Dios es que la
tierra sea habitada por los hombres que
él creó (Isaías 45:12).
Pero también es cierto que Dios
se opone firmemente a los hombres que
están destruyendo su creación,
a través de la falsa ciencia, que
ha originado la contaminación del
agua, aire, alimentos, etc. (Apocalipsis
11:18).
Un Divino
“Nuevo
Orden Mundial”
con Gente Recta:
En el Salmo 37 encontramos hermosos versículos
que nos hablan de una tierra “nueva”
en donde las cosas malas del pasado habrán
desaparecido por completo. Veamos algunos
pasajes:
Verso 9: “Porque
los malignos serán destruidos,
pero los que esperan en Jehová,
ellos heredarán
la tierra”.
Verso 11: “Pero
los mansos heredarán
la tierra,
y se recrearán con abundancia de
paz”.
Verso 22: “Porque
los benditos de él heredarán
la tierra;
y los malditos de él serán
destruidos”.
Verso 29: “Los
justos heredarán
la tierra,
y vivirán para siempre sobre ella”.
El hijo
del rey David, Salomón,
dijo:
Proverbios 2:21:
“Porque
los rectos habitarán
la tierra,
y los perfectos permanecerán en
ella”.
Proverbios 10:30:
“El
justo no
será removido jamás;
pero los impíos no
habitarán la tierra”.
Notemos que el sabio Salomón afirma
que los rectos, justos y perfectos habitarán
la tierra, y no serán removidos
de ella. Esto es muy interesante, dado
que la teología tradicional ha
enseñado lo contrario, diciendo
que los hombres justos y rectos serán
removidos de la tierra al cielo para vivir
como angelitos alados, y tocando un arpa
celestial.
Pero, ¿quiénes son los perfectos?
La Biblia responde a esta pregunta muy
directamente. En una ocasión Jesús
les dijo a sus discípulos: “Sed,
pues, vosotros perfectos, como vuestro
Padre que está en los cielos es
perfecto”
(Mateo 5:48). Aun Jesucristo, el Hijo
de Dios, hará de la tierra su habitación,
pues él mismo es el más
grande justo de todos los tiempos.
Dice La Biblia que Jesús era un
hombre justo en Mateo 27:19,24; Lucas
23:47; Hechos 7:52; 22:14. También
se afirma que los cristianos son justos,
y en consecuencia, son ellos los que heredarán
la nueva tierra de justicia en el reino
de Cristo (Romanos 3:26; 5:19).
El Reino
de Dios
es Básicamente para los Desposeídos
del Mundo:
Es lógico suponer que los ricos
no se interesen por un mundo de justicia
y de prosperidad para todos, ya que ellos
tiene todo lo que alguno quisiera tener
ahora. Ellos no tienen mayor necesidad
material o espiritual, pues se creen los
amos y señores del mundo. Dice
Santiago 2:5 que “Dios
escogió a los pobres de este mundo
para que sean ricos en fe, y herederos
del reino
que ha prometido a los que le aman”.
También encontramos la sentencia
de Jesucristo para los ricos de este mundo:
“¡Cuán
difícilmente entrarán al
reino de
Dios los
que tienen riquezas!”
(Lucas 18:24). De modo que aquí
tenemos que el reino o gobierno de Cristo,
en la era venidera, estará compuesto
mayormente por personas que hoy no tienen
casi nada, y que no han recibido, probablemente,
una educación formal en un colegio,
o en alguna universidad.
Recordemos que los discípulos de
Cristo estaban constituidos por gentes
iletradas, o del vulgo, pero que aceptaron
la esperanza del reino o gobierno de Cristo
como un niño acepta una promesa
o un regalo. Dice Jesús:
“De
cierto os digo, que el que no recibe el
reino de
Dios como
un niño,
no entrará
en él.”
(Lucas 18:17).
Hoy las naciones ricas explotan a las
pobres otorgándoles préstamos
que se les hacen imposibles de pagar.
Éstas sólo pueden pagar
parte de los intereses, que de hecho ya
son altos.
Los gobernantes no tienen la posibilidad
de lograr el contentamiento de sus gobernados,
pues tienen que destinar la mayor parte
de sus ingresos al pago de la deuda externa.
Siempre habrá inconformidad e insatisfacción
dentro de cualquier nación del
mundo donde pesa la deuda externa.
Un Mensaje
Poco Popular:
El mensaje de Cristo sobre un reino en
la tierra, con un rey que viene del cielo
para regir el mundo desde Jerusalén,
no es creído tan fácilmente.
Y es que después de haberse enseñado
por siglos una doctrina totalmente distinta,
y fuera de este mundo, a las personas
se les hace difícil aceptar una
doctrina que concentra las esperanzas
cristianas en la tierra. Para esas personas,
nuestra propuesta cristiana sabe a “Judaísmo”
y no a “cristianismo
ortodoxo”.
Pero los tales se olvidan que Cristo era
un Judío, e igualmente todos sus
apóstoles. La primera iglesia en
Jerusalén era judía, y aun
las Escrituras Hebreas que se usaban y
se usan aún hoy son precisamente
eso — Hebreas. Incluso el Nuevo
Testamento fue escrito mayormente por
Hebreos, con excepción del evangelista
Lucas.
La Salvación
Viene de los Judíos:
Sí, los “antisemitas
cristianos”
debieran recordar lo dicho por el mismísimo
Jesús, su Señor y Maestro:
“Vosotros
adoráis lo
que no sabéis;
nosotros
adoramos lo que sabemos;
porque la
salvación
viene de
los judíos”
(Juan 4:22).
Esta es una crucial declaración
de nuestro Señor Jesucristo que
ha sido ignorada por el catolicismo romano
y por algunas denominaciones protestantes.
Los católicos, por muchísimos
siglos, han mantenido una posición
antisemita, o antijudía, persiguiendo
y matando a miles de Judíos en
Europa y cerrando los ojos ante la barbarie
Nazi de la Segunda Guerra Mundial.
Los católicos ahora piden perdón
por su ignorancia pasada contra los judíos,
aunque en la práctica no llegan
a entender que al pueblo Hebreo Dios le
ha prometido la tierra santa, y no a los
árabes (Génesis 12:3, 13:15;
15:18; 21:10). Ahora los católicos,
a través de su representante, el
Papa, están impulsados hacer de
Jerusalén una ciudad dividida o
internacionalizada para que sea gobernada
por árabes y judíos por
igual, ignorando así las Palabras
de Dios sobre el asunto.
En Romanos 11:1,2 el Hebreo Pablo afirma
que Dios no ha rechazado a su pueblo al
cual conoció primero. Estas son
sus palabras:
“Digo,
pues: ¿ha
desechado Dios a su pueblo? EN
NINGUNA MANERA.
Porque también yo soy israelita,
de la descendencia
de Abraham,
de la tribu de Benjamín. NO
ha desechado
Dios a su pueblo,
al cual desde antes conoció…”
Además, él mismo afirmó:
“Que son israelitas, de los cuales
SON
(NO “eran”)
la adopción, la gloria, el pacto,
la promulgación de la ley, el culto
y las promesas”
(Romanos 9:4).
Por otro lado, Pablo sostiene que el actual
estado de incredulidad hacia Cristo de
los judíos tiene como fin el ingreso
de los no judíos al pueblo de Dios.
Los que desecharon a Jesús son
reemplazados por los cristianos gentiles
o no judíos, y de ese modo el pueblo
de Dios es un pueblo mixto de creyentes
que han aceptado el evangelio salvador
de Cristo. No obstante, el apóstol
Pablo sigue afirmando que el árbol
de olivo, que representa al pueblo Hebreo,
y su rica savia, que representa los pactos
y promesas de Dios, “nutren”
a los gentiles y no al revés (Romanos
11:17-25).
Las promesas judaicas serán también
compartidas por los creyentes que no son
judíos, porque han creído
en Cristo y en su evangelio del reino.
Leer también Efesios 2:11-19 para
hallar más luz sobre este tema
profundo. Yo espero que el Espíritu
Santo pueda guiar al lector de este estudio
para que comprenda el plan de Dios.
Si, el pueblo Hebreo o llamado también
Judío o israelita, tiene una preferencia
o predilección de parte de Dios.
Pablo vuelve a decir:
“Así
que en cuanto
al evangelio,
son enemigos a causa de vosotros; pero
en cuanto
a la elección,
son amados
por causa de los padres”
(Romanos
11:28).
¿Quiénes son los padres?
La respuesta es que son los patriarcas
Abraham, Isaac y Jacob, y también
David. A Abraham, Dios le dijo que él
sería bendición para toda
la humanidad (Génesis 12:1) —
¿Cómo? A través de
su simiente o descendencia.
Sí, Abraham procrearía un
hijo, el cual, a su vez, procrearía
a otro hasta llegar a Jesucristo, el hijo
de la promesa final.
A Abraham Dios le promete, además,
darle una tierra, la cual sería
la sede de su reino — el reino milenario
de Dios (Génesis 13:15; 15:18;
1 Crónicas 28:5). Sí, Dios
le dijo a Abraham que tendría un
hijo especial que sería para la
bendición del mundo entero. Este
hijo sería un gobernante o soberano
mundial que traería la justicia
y la paz nunca antes vistas por hombre
alguno.
Es por eso que Mateo comienza su evangelio
diciendo que Cristo es hijo de Abraham
e hijo de David, pues de ambos desciende.
Nótese que desciende de un rey
— ¡David! Eso quiere decir
que Cristo es de linaje real, un hombre
noble, un príncipe heredero del
trono de David, por ahora suspendido.
Así como Jordania tiene un rey
o una monarquía real, así
también lo tendrá Israel
cuando regrese del cielo el heredero del
trono de David, el Señor Jesucristo
(Léase Mateo 25:31,34).
Si, Israel será nuevamente un estado
monárquico con Cristo a la cabeza
de su reino restaurado.
Usted Puede
ser Un Hijo de Abraham:
Si usted se hace judío espiritual
por medio de convertirse en un hijo adoptivo
de Abraham por la fe en Jesucristo, usted
será un protagonista en el gobierno
mundial y milenario de Cristo. Este es
su potencial como un hijo de Dios y el
propósito de su vida en Cristo.
Dice Pablo en Gálatas 3:16,29:
“Ahora
bien, a
Abraham fueron hechas las promesas,
y a su SIMIENTE. NO
dice: Y
a las simientes como si hablase de muchos,
sino como de uno: Y a tu simiente, la
cual es Cristo.
Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente
linaje de Abraham sois, y
herederos según la promesa”.
Y también Pablo dice:
“Sabed,
por tanto, que los
que son de fe,
éstos son
hijos de Abraham.
De modo que los de la fe son
bendecidos con el creyente Abraham”
(Gálatas
3:7,9).
Sí, usted puede ser un hijo de
Abraham, y ser bendecido con él
de las promesas de Dios. Recuerde que
Dios le prometió a Abraham lo siguiente:
“Porque
toda la tierra que ves, la daré
a ti
y a tu descendencia
para siempre” (Génesis
13:15).
Y como ya vimos en Gálatas 3:16,29,
la descendencia principal y singular es
Cristo. Por tanto Abraham y Cristo heredarán
el mundo. También dice Pablo de
Jesús:
“Porque
NO POR LA
LEY fue
dada a Abraham o a su descendencia la
promesa de que sería heredero del
mundo, sino
por la Justicia
de LA FE”
(Romanos
4:13).
No obstante, si usted es un cristiano
(de Cristo), y cree en el mensaje del
evangelio del reino, usted es constituido
inmediatamente en otro hijo de Abraham,
y también en hijo de Dios y con
iguales derechos que Cristo para heredar
las promesas de la herencia del mundo.
Dice Pablo al respecto:
“Y
si hijos, también herederos; herederos
de Dios y coherederos con Cristo,
SI
es
que padecemos juntamente con él,
para que
juntamente con él seamos glorificados”
(V.R.V.
1960) (Romanos 8:17).
Si mi amigo, ni Jesús, ni nosotros,
viviremos en el cielo con Jesús.
Lo que La Biblia en verdad enseña
es que viviremos en esta tierra hecha
nueva, con Cristo y los salvos, es decir:
Los que han creído en Cristo y
en su evangelio del reino, y han hecho
de éstos, el objeto o la razón
de su existencia.
Cristo y su iglesia están llamados
a regir el venidero mundo de justicia,
cuando se reinaugure el gobierno o reino
de Dios en la tierra, al regreso de Cristo
a la tierra con gloria y poder desde los
cielos. Este es el destino final de los
elegidos de Dios — ¡NO
una estadía eterna en el cielo!.
El Cielo
NO fue la
Promesa de Cristo:
En Juan capítulo 13, y verso 33,
Jesús fue claro al decirles a sus
discípulos:
“Hijitos, aún estaré
con vosotros un poco. Me buscaréis;
pero como dije a los judíos, así
os digo a vosotros ahora: A donde yo voy,
vosotros no podéis ir”.
¡Sorprendente! Jesús fue
claro al decirnos que NOSOTROS
NO PODEMOS IR AL CIELO
donde él regresaba. Entonces, si
no podemos ir al cielo: ¿dónde
iremos o estaremos con Jesús? La
respuesta la da Jesús en el siguiente
capítulo (el 14) y verso 3:
“Y si me fuere y os
preparare lugar,
vendré
otra vez,
y os tomaré a mí mismo,
para que donde YO
ESTOY, ustedes
también estéis”.
Nótese que Jesús es claro
al decir que nosotros estaremos en el
mismo lugar donde él está
cuando pronuncia la promesa. Ahora bien,
Jesús no estaba en el cielo, sino
en la tierra prometida. De modo que la
frase: “para
que DONDE YO ESTOY”
no es el
cielo, sino
la tierra.
Y es en la tierra prometida donde él
va a estar con nosotros — ¡NO
en el cielo!
Muchos cristianos no se han puesto a meditar
seriamente en lo dicho por Jesús
en Juan 14:3. Además, Jesús
va al cielo para prepararnos un lugar
— ¿qué lugar es ése?
¿Se contradice Cristo? De ningún
modo! Ahora regresemos a los versículos
1 y 2 de Juan 14, para adquirir más
luz y entendimiento del lugar que Jesús
nos está preparando en el cielo.
Dicen los versículos 1 y 2 así:
“No
se turbe vuestro corazón; creed
en Dios, creed en mí.
En la casa de mi Padre muchas moradas
hay; si
así no fuera, yo os lo hubiera
dicho; voy,
pues, a
preparar
lugar para vosotros”.
La Biblia
no se contradice, y menos Cristo.
De modo que tenemos que armonizar Las
Escrituras escudriñando cada palabra
del texto. En primer término, Jesús
dice que él estaba por regresar
al cielo en donde se halla algo. Ese algo
es: ‘La casa de su Padre’.
Sí, Jesús regresó
a la casa de Su Padre que está
localizada en el cielo. Como toda casa
o mansión, ésta tiene necesariamente
aposentos o habitaciones para los hijos
del Padre, y los invitados. Obviamente,
Dios, como Padre de familia, tiene su
propia habitación, y también
un gran salón donde tiene su trono.
Ahora bien, esto parece increíble,
pero recordemos que Jesús mismo
dijo que el templo de Jerusalén,
al cual se le había convertido
en un mercado de ladrones, era la casa
de su Padre. Lea por favor lea Juan 2:16.
Aquí Jesús dice, al momento
que expulsaba a los mercaderes del templo:
“…y
no hagáis de la
casa de mi Padre
casa de mercado”.
Ahora note que al templo de Jerusalén,
Jesús lo llama: “la
casa de mi Padre”.
Sí, el templo de Jerusalén
era la casa de Dios el Padre. ¡Sorprendente!
Un Dios con su propia casa en la tierra.
Los Judíos adoraban al Padre en
ese templo, aunque no tenían acceso
al santísimo, donde moraba él
por medio de su Espíritu. Sólo
el Sumo Sacerdote tenía acceso
a él, no el pueblo. Con ese templo,
los judíos sentían la presencia
de Dios en sus vidas, y lo “veían”
cerca de ellos.
Pero en Juan 14:2, Jesús habla
de que en el cielo hay otra casa de Dios
Padre. Esa casa tiene moradas, así
como el templo judío las tenía.
Además, esa casa celestial tiene
las características del templo
en Jerusalén de los tiempos de
Jesús, con lugares sagrados, y
aposentos para los diferentes servidores.
Aún ese templo o casa celestial
tiene un lugar llamado el Santísimo,
donde mora Dios.
Esta verdad de un templo, casa o edificio
celestial se deja ver en Hebreos 9:24.
Pablo dice:
“Porque
no entró Cristo en el santuario
hecho de mano FIGURA
DEL VERDADERO,
sino al cielo mismo para presentarse ahora
por nosotros a Dios”.
Nótese que en el cielo hay un santuario
VERDADERO,
el cual tuvo uno pequeño (como
figura) en la tierra de Israel. Así
como el Sumo Sacerdote entraba en el santuario
terrenal para ofrecer sacrificios por
los pecados de los judíos; así
Cristo, como Sumo Sacerdote, se ofreció
a sí mismo por los pecados del
mundo, y tiene todo el derecho de estar
ante la presencia de Su Padre Dios, y
de abrirnos el paso a nosotros hacia el
trono de la gracia igualmente.
Ahora somos parte de la familia de Dios
como hijos suyos, y con el derecho de
estar frente a él y de morar en
su casa o santuario verdadero, el cual
es más amplio. Dice Pablo en Hebreos
9:11:
“Estando
ya presente Cristo,
sumo sacerdote de los bienes venideros,
por el más amplio y más
perfecto tabernáculo, no
hecho de manos,
es decir, no
de esta creación”.
El Santuario
Bajará a la Tierra:
He aquí el punto crucial: Nosotros
no iremos al cielo para entrar al santuario
o tabernáculo verdadero, ¿Por
qué? ¡Porque éste
bajará a la tierra, y Dios estará
con los hombres! Esta es una verdad ignorada
por las iglesias tradicionales que han
vivido a espaldas de Las Escrituras Sagradas.
Veamos algunos textos:
“Y
yo Juan vi la
santa ciudad, la nueva Jerusalén,
descender del cielo de Dios,
dispuesta como una esposa ataviada para
su marido. Y oí una voz del cielo
que decía: He
aquí el tabernáculo de Dios
con los hombres,
y él morará con ellos; y
ellos serán su pueblo, y
Dios mismo estará con ellos como
su Dios”.
Nótese que se habla de que este
tabernáculo está estrechamente
relacionado con una ciudad celestial (¿la
casa del Padre?), y que desciende a la
tierra para que Dios more con los hombres.
Por eso, no es de extrañar que
Abraham, el padre de la fe, esperara por
esta ciudad o tabernáculo de Dios
para que Dios reine entre los hombres
finalmente. Dice Pablo de Abraham, nuestro
padre de la fe, lo siguiente:
“Por
la fe Abraham,
siendo llamado, obedeció
para salir al lugar que había de
recibir como herencia; y salió
sin saber a dónde iba. Por
la fe habitó como extranjero en
la tierra prometida,
morando en tiendas con Isaac y Jacob,
coherederos de la misma promesa; porque
esperaba la ciudad que tiene fundamentos,
cuyo arquitecto y constructor es Dios”
(Hebreos
11:8-10).
Por eso Pablo pudo decir con confianza:
“Porque
no tenemos aquí ciudad permanente,
sino que
buscamos la porvenir”
(Hebreos
13:14).
Es claro, entonces, que hay un futuro
promisorio para nuestro planeta, cuando
Dios y sus ángeles (los verdaderos
extraterrenos) radiquen en nuestro mundo
para transformar el orden de cosas presentes
que es diabólico.
Contrario a lo predicado por las religiones
de hoy, Jesús sí volverá
a pisar este mismo planeta para transformarlo.
Recordemos la promesa de los dos ángeles,
cuando Jesús ascendía al
cielo:
“…varones
galileos, ¿porqué estáis
mirando al cielo? este
mismo Jesús,
que ha sido tomado de vosotros al cielo,
así
vendrá como lo habéis visto
ir al cielo”
(Hechos
1:11).
Por eso San Pablo pudo decirle a Tito
con verdad sobre este extraordinario suceso:
“Aguardando
la esperanza bienaventurada
y la de nuestro gran Dios y salvador Jesucristo”
(Tito 2:13).
También le dijo a Timoteo:
“Pablo,
apóstol de Jesucristo por mandato
de Dios nuestro Salvador, y del Señor
Jesucristo nuestra
esperanza”
(1 Timoteo
1.1).
También Pablo expresó confiadamente
lo siguiente al joven Timoteo:
“Te
encarezco delante de Dios y del Señor
Jesucristo, que juzgará a los vivos
y a los muertos en su manifestación
y en su reino…
Porque yo ya estoy para ser sacrificado,
y el tiempo de mi partida está
cercano. He peleado la buena batalla,
he guardado la carrera, he
guardado la fe.
Por lo demás, me está guardada
la corona de justicia, el
cual me dará el Señor, juez
justo, en aquel día;
y no sólo a mí, sino
también a todos los que aman su
venida”
(2 Timoteo
4:1,6-8).
El Significado
de La Gloria:
El apóstol Pedro dijo: “Mas
el Dios de toda gracia, que nos llamó
a su gloria eterna en Jesucristo,
después de que hayáis padecido
un poco de tiempo, él mismo os
perfeccione, afirme, fortalezca, y establezca”
(1 Pedro
5:10).
Y Pablo también dice lo mismo cuando
escribió: “Y
os encargábamos que anduvieseis
como es digno de Dios,
que os llamó a su reino y gloria”
(1 Tesalonicenses
2:12).
En otros pasajes, la palabra “reino”
es intercambiable con la palabra “gloria”,
como se puede descubrir comparando Mateo
20:21 y Marcos 10:37.
Mateo 20:21 dice: “Él le
dijo: ¿Qué quieres? Ella
le dijo: Ordena que en tu reino
se sienten estos dos hijos míos,
el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.
Marcos 10:37 dice: “Ellos le dijeron;
Concédenos que en tu gloria
nos sentemos el uno a tu derecha, y el
otro a tu izquierda”.
Entonces la gloria prometida a los cristianos
no es otra cosa que participar como protagonistas
en el reino de Cristo. Esta glorificación
no puede suceder antes de que aparezca
Cristo en el mundo por segunda vez, pues
dice Pedro:
“Y
cuando aparezca el Príncipe de
los pastores, vosotros
recibiréis la corona incorruptible
de gloria”.
Y también Pablo dice: “Pues
tengo por cierto que las aflicciones del
tiempo presente no
son comparables con la gloria venidera
que en nosotros ha de manifestarse”
(Romanos
8:18).
De modo que Pablo y Pedro, dos grandes
apóstoles del Señor, esperaban
su gloria futura cuando Cristo apareciese
en el mundo a resucitarlos en el día
final del mundo.
La Inmortalidad
de los Creyentes:
No hay gloria sin inmortalidad, ni inmortalidad
sin gloria. Pablo establece muy claramente
esta verdad al decir:
“El
cual pagará a cada uno conforme
a sus obras: vida
eterna a los que, perseverando en bien
hacer buscan gloria, y honra, e inmortalidad”
(Romanos
2:6,7).
Notemos que si la gloria es aún
futura, también lo es la inmortalidad.
Esto significaría que ningún
hombre tiene un alma inmortal inherentemente
en él. Y si esta conclusión
es razonable, entonces ningún difunto
parte al cielo, o al infierno, o en el
mejor de los casos, al purgatorio, a través
de sus supuestas “almas inmortales”.
Nótese que Pablo dice que estamos
en la búsqueda de la inmortalidad,
lo cual claramente implica que no la tenemos
ahora.
Además, ya hemos visto que la vida
eterna se recibirá cuando Cristo
regrese por segunda vez, y no antes. Dice
Jesús al respecto:
“Cuando
el Hijo del Hombre venga en su gloria,
y todos los santos ángeles con
él, entonces
se sentará en su trono de gloria…
e irán éstos (“las
cabras”)
al castigo eterno, y los
justos a la vida eterna”
(Mateo 25:
31,32, 46).
Si los justos difuntos están ahora
en el cielo como “almas
inmortales”,
¿qué sentido tendría
que estos difuntos reciban la vida eterna
si ya la tienen al momento de “ascender
al cielo” en ocasión de sus
muertes?
La Naturaleza
Divina:
Dice Pedro sobre nuestra futura naturaleza
divina, así:
“Como
todas las cosas que pertenecen a la vida
y a la piedad… nos ha dado preciosas
y grandísimas promesas, para
que por ellas llegaseis a ser participantes
de la naturaleza divina…
porque de
esta manera os será otorgada amplia
y generosa entrada en el reino eterno
de nuestro señor y salvador Jesucristo”
(2 Pedro
1: 3, 4, 5, 6, 11).
Nótese que entrar al reino venidero
es adquirir la naturaleza divina, lo que
también significa: Inmortalidad.
Y es que los mortales no pueden entrar
al reino, pues tienen que adquirir la
naturaleza divina en la resurrección
— ¡no
en la muerte!
(ver 1 Corintios 15: 53).
La Salvación
Venidera y Final:
La mayoría de cristianos supone
que ya son salvos desde su conversión,
ignorando que aún queda una última
y final salvación cuando Cristo
vuelva a la tierra. Dice Pablo en Hebreos
9:28:
“Así
también Cristo
fue ofrecido una sola vez para llevar
los pecados de muchos;
y aparecerá por segunda vez, sin
relación con el pecado, para
salvar a los que le esperan”.
De igual parecer es Pedro, cuando dice:
“Que sois guardados por el poder
de Dios mediante la fe, para
alcanzar la salvación que está
preparada para ser manifestada en el tiempo
postrero”
(1 Pedro
1:5).
Pero, ¿qué significa esa
salvación del tiempo postrero?
La respuesta se deja encontrar en el diálogo
del joven rico con Jesús en Mateo
19:16, 23, 25, donde se lee:
“Entonces,
vino uno y le dijo: Maestro
bueno, ¿qué
bien haré para tener la vida eterna?…
Jesús
le dijo:
Si quieres
ser perfecto,
anda, vende todo lo que tienes, y dalo
a los pobres… oyendo el joven esta
palabra, se fue triste, porque tenía
muchas posesiones. Entonces
Jesús
dijo a sus
discípulos:
De cierto os digo que difícilmente
entrará un rico en el reino
de los cielos…
sus discípulos oyendo esto, se
asombraron de gran manera, diciendo: ¿quién,
pues, podrá ser salvo?”.
Nótese lo interesante de este diálogo.
Aquí hay tres puntos importantes,
que son: “vida
eterna”, “reino de los cielos”,
y “salvo”.
Es decir, que la salvación no es
otra cosa que ‘tener
la vida eterna en el reino de Dios’.
Y otro texto que relaciona la salvación
con el reino venidero es Apocalipsis 12:10,
que dice:
“Entonces
oí una gran voz en el cielo que
decía: Ahora
ha venido la salvación, el poder,
y el reino de nuestro Dios”.
Estas evidencias bíblicas son más
que suficientes para demostrarnos que
la salvación es participar en el
reino de nuestro Dios. Un reino que “no
es de este mundo”
(Juan 18:36), sino del “venidero”
(Lucas 18:29,30).
La Esperanza
de José de Arimatea:
Hablemos ahora de José de Arimatea.
¿Qué importancia tiene este
hombre que sepultó a Jesús?
Dice el texto de Marcos 15:43 lo siguiente:
“José
de Arimatea, miembro noble del concilio,
que también
esperaba el reino de Dios,
vino y entró osadamente a Pilato,
y pidió el cuerpo de Jesús”.
Mateo dice de José de Arimatea,
así:
“Cuando
llegó la noche, vino un hombre
rico de Arimatea, ciudad de Judea, que
también había sido discípulo
de Jesús…”
(Mateo
27:57).
El evangelista Lucas habla de José
de Arimatea, así:
“Había
un varón llamado José, de
Arimatea, ciudad de Judea, el cual era
miembro del concilio, varón
bueno y justo”
(Lucas 23:50).
Aquí vemos lo que esperaba un discípulo
de Jesús: ¡El
Reino de Dios!
Y nótese que dice que él
“también
esperaba el reino de Dios”,
lo que quiere decir que él no era
el único discípulo que creyó
y esperó el reino de Dios. Esta
es la prueba de lo que un verdadero cristiano
esperó en el primer siglo de la
Era Cristiana: ¡El
reino de Dios!
Satanás
y el Evangelio
del Reino:
Como es de esperarse, el diablo no está
nada contento con las buenas noticias
del reino de Dios. Y la razón es
que el reino de Dios es el fin del reino
del diablo en este mundo malo. La táctica
del diablo es obscurecer la mente y la
razón del potencial creyente, para
que no le brille la luz del evangelio.
Dice así Pablo:
“En
los cuales el dios
de este siglo cegó el entendimiento
de los incrédulos, para
que no les resplandezca la luz del evangelio
de la gloria de Cristo, el cual es la
imagen de Dios”
(2 Corintios
4:4).
Y el mismísimo Señor Jesucristo
también dijo al respecto:
“Y
los de junto al camino son los que oyen,
y luego viene el diablo y quita de su
corazón la
palabra,
para que
no crean y se salven”
(Lucas 8:12).
Como dijimos antes, a muchas personas
incrédulas les parece que el evangelio
del reino es una completa locura, o una
fantasía de mentes hiperactivas.
Pero esas personas no se dan cuenta de
que ellas están cegadas por una
fuerza mayor y más sutil llamada
el diablo o Satanás.
Sin duda alguna, aquellas personas que
tercamente rechazan el evangelio del reino
de la gloria de Cristo, están poniendo
seriamente en juego su salvación
eterna. Su destino será la perdición
eterna junto con el diablo y sus demonios.
Los que aman la verdad de Cristo deben
cerciorarse si en verdad La Biblia enseña
“una
partida de nuestras almas inmortales al
cielo cuando morimos”.
Tener esperanzas que no se encuentran
en La Biblia pueden traernos trágicas
consecuencias en nuestras vidas futuras.
Cualquiera que enseña otro evangelio
diferente de aquel enseñado por
Jesús está desviando de
la luz a los hombres.
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Que Dios le bendiga
en el nombre del Señor Jesús.
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