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El
Engaño de la Teología
Tradicional:
Millones de hermanos cristianos han
sido aleccionados por sus curas y
pastores de que hay un premio para
los creyentes, y ése es el
cielo. Los más de los que profesan
el cristianismo ven el cielo como
la meta final para sus vidas consagradas
al Señor, y lo vislumbran como
un lugar de bienaventuranzas y de
paz nunca antes concebidas o imaginadas
por hombre alguno.
Los cristianos tradicionales han creído
en que sus antepasados difuntos, que
profesaron la fe católica o
protestante, están ahora en
el cielo como ánimas desencarnadas
o ángeles que tocan el arpa
todo el día y por la eternidad.
No obstante, esta creencia tradicional
contradice lo dicho por Jesús
concerniente a que los muertos cristianos
verán finalmente a Dios y a
Cristo en la resurrección del
día postrero.
Veamos algunos pasajes bíblicos
que han sido ignorados o pasados por
alto por los maestros y líderes
religiosos de las iglesias en general,
y que enfocan el asunto de manera
muy distinta:
La Verdad Sobre los Muertos y la Vida
Futura:
1 Juan 3:2:
“Amados, ahora somos hijos de
Dios, y aún no se ha manifestado
lo que hemos de ser; pero sabemos
que cuando él se manifieste,
seremos semejantes a él, PORQUE
LE VEREMOS TAL COMO ÉL ES”.
Comentario:
Este pasaje juanino ha sido pasado
por alto por los cristianos en general,
pues contradice la teología
“cristiana” tradicional
que dice que los cristianos verán
a Cristo en el momento de su muerte,
y no, en ocasión de la segunda
venida de Cristo en gloria, como afirma
La Biblia. Aquí Juan es claro
al decir que veremos a Cristo tal
como él es ahora (divino),
únicamente cuando seamos semejantes
a él. ¿Y cuándo
seremos semejantes a él? ¿Y
cuándo le veremos tal como
él es? ¿En nuestra muerte?
!NO! En nuestra resurrección,
cuando el Cristo divino vuelva nuevamente
en persona a este mundo en el día
postrero. Veamos otras pruebas bíblicas:
Juan 11:25:
“Yo soy la resurrección
y la vida; el que cree en mí,
aunque esté muerto, vivirá”.
1 Corintios 15:42-45,51-53:
“Así es la resurrección
de los muertos. Se siembra en corrupción,
resucitará en incorrupción.
Se siembra en deshonra, resucitará
en gloria; se siembra en debilidad,
resucitará en poder. Se siembra
cuerpo animal, resucitará cuerpo
espiritual. He aquí, os digo
un misterio: No todos dormiremos;
pero todos seremos transformados,
en un momento, en un abrir y cerrar
de ojos, a la final trompeta; porque
se tocará la trompeta, y los
muertos serán resucitados incorruptibles,
y nosotros seremos transformados.
Porque es necesario que esto corruptible
se vista de incorrupción, y
esto mortal se vista de inmortalidad.”
1 Tesalonicenses 4:13-18:
“Tampoco queremos, hermanos,
que ignoréis acerca de los
que duermen, para que no os entristezcáis
como los otros que no tienen esperanza.
Porque si creemos que Jesús
murió y resucitó, así
también traerá Dios
con Jesús a los que durmieron
en él. Por lo cual os decimos
esto en palabra del Señor;
que nosotros que vivimos, que habremos
quedado hasta la venida del Señor,
no precederemos a los que durmieron.
Porque el Señor mismo con voz
de arcángel, y con trompeta
de Dios, descenderá del cielo;
y los muertos en Cristo serán
resucitados. Luego nosotros los que
vivimos, los que hayamos quedado,
seremos arrebatados juntamente con
ellos en las nubes para recibir al
Señor en el aire, y así
estaremos siempre con el Señor.
Por tanto, alentaos unos a los otros
con estas palabras”.
Este texto de 1 Tesalonicenses 4:13-18
es muy iluminador, y no obstante,
muy poco leído o conocido por
los cristianos católicos, y
aún protestantes. Y es que
este texto, y los otros citados arriba,
contradicen abiertamente, y claramente,
el postulado escatológico o
teologal de la vida futura del cristianismo
tradicional, el cual enseña
que los muertos en Cristo están
ahora disfrutando con el Señor
de la gloria celestial.
Ahora bien, adviértase que
Pablo, el autor de estos versículos,
dice que nosotros recibiremos a Cristo,
¡y no al revés! Léalo
por usted mismo ahora mismo en los
versos citados de 1 Tesalonicenses
4:13-18. Si en verdad los muertos
“vuelan” al cielo, ¿no
sería lógico que Cristo
los reciba a ellos en su morada celestial?
Pero la verdad es lo opuesto, ¡nosotros
le recibiremos a él! ¿Y
por qué? Porque él volverá
a las nubes de nuestra atmósfera,
y con voz de mando ordenará
que los muertos creyentes resuciten
y le den la bienvenida en el aire.
Eso lo dice Pablo muy claramente en
estos versículos de 1 Tesalonicenses
4. Además, Pablo no dice que
los muertos fieles —recién
resucitados— irán con
él al cielo, sino más
bien, que estarán juntos siempre
con él. Pero: ¿Dónde?
Eso lo veremos más adelante.
Ahora bien, si lo aceptado tradicionalmente
fuera verdad: ¿Qué sentido
podría tener nuestra futura
resurrección, si los muertos
en la fe siguen vivos en el cielo?
Definitivamente hay cosas que no andan
bien con la teología tradicional,
que enseña nuestra partida
al cielo inmediatamente después
de nuestra muerte. Usted no encontrará
en La Biblia ningún pasaje
que se nos asegure una estadía
eterna en los cielos. Yo le reto a
usted a que busque tan sólo
un texto bíblico en donde supuestamente
Cristo nos promete el cielo, y yo
le aseguro que no lo encontrará.
Lázaro y Marta: Dos Amigos
de Jesús:
Usted recordará la historia
del difunto amigo de Jesús
llamado Lázaro. Esta historia
de Lázaro es muy interesante,
pues nos da una visión de la
esperanza de los difuntos creyentes.
Los más de los cristianos no
se han puesto a reflexionar sobre
este acontecimiento que conmocionó,
no sólo a la familia de Lázaro,
sino también a Jesús.
Un resumen de lo sucedido según
está registrado en Juan 11:1-44
es como sigue:
1.- Las hermanas de Lázaro
mandan a avisar a Jesús que
Lázaro está muy enfermo
(v.1-3).
2.- Jesús demoró dos
días su llegada a la casa de
Lázaro, y Lázaro muere
(v.6-14).
3.- Cuando Jesús llega a la
casa de Lázaro, éste
ya estaba sepultado 4 días
(v.17).
4.- Marta sale al encuentro de Jesús,
y es confrontado por ella porque Jesús
no había llegado a tiempo para
sanar a Lázaro (v.21).
5.- Jesús le promete a Marta
que Lázaro resucitará
(v.23).
6.- Marta le responde que ella sabe
que su hermano resucitará “en
el día postrero” (v.24).
7.- Jesús insiste que aquel
que cree en él resucitará
y no morirá eternamente (v.25,
26).
8.- Jesús afirma que Marta,
y las demás personas que están
de duelo, verán la gloria de
Dios con la resurrección de
Lázaro a pesar que éste
ya olía mal (v. 39,40).
9.- Cristo ordena a Lázaro
salir de su sepulcro (v.43).
10.-Lázaro resucita envuelto
en vendas hasta su rostro (v.44).
Sin duda la resurrección de
Lázaro sirvió para demostrar
que el Dios de Jesús tenía
el poder de resucitar a los muertos
que estaban ya en descomposición.
La presencia de un Lázaro revivido
reforzó el testimonio de Jesús
y la verdad de su persona como el
unigénito Hijo de Dios.
No obstante, este registro histórico
demuestra que los primeros cristianos,
como Lázaro y sus dos hermanas
María y Marta, eran creyentes
en la resurrección de los muertos
en el día postrero. Marta y
María sabían que volverían
a ver a su hermano en el día
de la resurrección de los justos,
y esa creencia, sin duda, les daba
consolación. Aquí NO
encontraremos NINGUNA “esperanza
celestial”, o que Lázaro
estaba gozando de las “bienaventuranzas
celestiales”, en la misma “presencia
de Dios” en el cielo.
En otras palabras: NO vamos a encontrar
a Jesús diciéndoles
a los deudos algo así como:
“No os aflijáis, pues
Lázaro ya está en la
presencia del Señor gozando
de las bienaventuranzas celestiales”.
Lo que él les dijo era que
Lázaro resucitaría de
su sepulcro. Nótese que tampoco
Jesús dijo: “Baja Lázaro,
y regresa a tu cuerpo”, sino
más bien: “¡Lázaro,
ven fuera!”.
Esto es muy significativo, pues los
muertos no están en el cielo,
sino en sus sepulcros; y esto concuerda
con lo dicho por Jesús mismo
en Juan 5:28, 29 donde se lee:
“No os maravilléis de
esto; porque vendrá hora cuando
todos los que están en sus
sepulcros (no en el cielo) oirán
su voz; y los que hicieron lo bueno,
saldrán a resurrección
de vida; mas los que hicieron lo malo,
a resurrección de condenación”.
Examínese bien lo dicho por
Jesús en este pasaje, pues
de no hacerlo caeríamos en
errores garrafales e imperdonables.
1.- Jesús dice que habrá
resurrección de buenos y de
injustos.
2.- Jesús afirma que los buenos
resucitarán para recibir la
vida eterna.
3.- Jesús afirma que los malos
no recibirán la vida sino la
condenación o la destrucción.
Si los muertos en Cristo siguen viviendo,
y nunca mueren, ¿por qué
Jesús afirma que los justos
tendrán una resurrección
de vida? Esto es sorprendente, pues
desdice los postulados católicos
y aún protestantes sobre la
doctrina de la vida futura.
Los Muertos no están Vivos:
Entonces, es claro que los muertos
no siguen viviendo en otra esfera
o dimensión, sino más
bien, siguen inconscientes en sus
tumbas, sin poder pensar, amar, odiar,
maquinar cosas, pecar, etc. Los muertos
están muertos y no vivos. Decir
que los muertos viven es como decir
que el color oscuro es claro. En Eclesiastés
9:5,10 leemos:
“Porque los vivos saben que
han de morir; pero los muertos nada
saben, ni tienen más paga;
porque su memoria es puesta en olvido.
También su amor y su odio fenecieron
ya; y nunca más tendrán
parte en todo lo que se hace debajo
del sol… porque en el sepulcro,
adonde vas, no hay obra, ni trabajo,
ni ciencia, ni sabiduría.”
Y el salmista David dice de los muertos,
lo siguiente:
“Pues sale su aliento, y vuelve
a la tierra; En ese mismo día
perecen sus pensamientos”
(Salmo 146:4).
Nótese que los muertos no piensan,
y como dijo Descartes: “Pienso,
luego existo”; en consecuencia,
los que no piensan — ¡No
existen! ¡Dejan de existir!
La Recompensa Será en la Segunda
Venida de Cristo:
La única esperanza que tienen
los hombres creyentes, es la resurrección
del día postrero, cuando los
“no existentes” vengan
a la “existencia” nuevamente.
Así lo entendió el profeta
Daniel, cuando Dios, al anunciarle
su muerte, le dice:
“Y tú irás hasta
el fin, y reposarás, y te levantarás
para recibir tu heredad al fin de
los días”
(Daniel 12:13).
Aquí es claro que Dios NO le
habló a Daniel de una partida
al cielo para estar con Él,
después de su muerte física.
!NO! lo que le dijo era que reposaría
(=moriría) y que sería
después levantado (=resucitado)
para recibir su heredad o recompensa,
al fin de LOS (NO ‘sus’)
días.
Entonces, la recompensa del cristiano
se recibe sólo después
que Cristo haya vuelto y transformado
a los vivos, y resucitado a los muertos,
con inmortalidad. Pues bien, siendo
que los fieles muertos no han recibido
sus recompensas en el cielo, ni en
ningún otro lugar, pues están
muertos:
¿Qué recibirán
en la resurrección?:
1.- El Reino de Dios en la tierra
(Mateo 25:31,34).
2.- La vida eterna (Mateo 25:46).
3.- La gloria, honra y el poder (Colosenses
3:4, 1 Pedro 5:4)
4.- A Jesucristo mismo como nuestro
hermano mayor (1 Tesalonicenses 4:17).
El Evangelio Del Reino de Dios:
Lo que La Biblia claramente enseña
es que el propósito final de
la fe cristiana o la meta de la vida
cristiana es “el reino de Dios”,
o también llamado “el
reino DE (NO, “en”) los
cielos”.
Sí, Jesús habló
muchísimo del ‘reino
de Dios’ o ‘reino de los
cielos’, lo cual ha hecho pensar
a muchísimos eruditos en Biblia
de que este es el tema central de
toda La Biblia.
La Biblia habla de la salvación,
la cual pocos han llegado a comprenderla
en su verdadera dimensión.
Los más de los cristianos suponen
que la salvación no es otra
cosa que recibir el perdón
de nuestros pecados a fin de poder
ganar el cielo. Pero esta idea es
totalmente ajena a las Escrituras,
La Biblia, como ya lo hemos probado.
Lo que La Biblia enseña es
que el evangelio de Cristo tiene poder
para salvar a quienes lo aceptan por
la fe. Es decir, el que cree en el
evangelio de Jesucristo será
salvo.
El apóstol Pablo es claro al
decir que el evangelio es poder de
Dios para salvación para todo
aquel que lo cree, sea judío
o no judío (Romanos 1:16).
La Biblia enseña que sólo
hay un evangelio salvador (Gálatas
1:6-10), y no muchos evangelios como
los que se están propagando
hoy. Pero: ¿Qué significa
evangelio? Es sencillo, significa
“Buenas nuevas” o “buenas
noticias”. De modo que Cristo
vino a traernos buenas noticias que
se traducirán en nuestra salvación
si las creemos de todo corazón.
Ahora bien:
¿De qué se tratan esas
buenas noticias?
Si yo le digo a usted que le traigo
buenas noticias, y no le digo de qué
se tratan, ¿le servirá
de algo? Por cierto que no. Así
que, como creyentes, averigüemos
ahora mismo de qué se tratan
esas buenas noticias de Jesucristo.
De esa tarea depende nuestra salvación
eterna! Veamos algunos textos cruciales:
Marcos 1:1,14, 15:
“Principio del evangelio de
Jesucristo, Hijo de Dios. Después
que Juan fue encarcelado, Jesús
vino a Galilea predicando el evangelio
del reino de Dios, diciendo: El tiempo
se ha cumplido y el reino de Dios
se ha acercado, arrepentíos,
y creed en el evangelio”.
Lucas 4:43:
“Pero él les dijo: Es
necesario que también a otras
ciudades anuncie el evangelio del
reino de Dios; porque para esto he
sido enviado”.
Mateo 24:14:
“Y será predicado este
evangelio del reino en todo el mundo,
para testimonio a todas las naciones;
y entonces vendrá el fin”.
Lucas 9:2:
“Y los envió a predicar
el reino de Dios, y a sanar a los
enfermos”.
Lucas 8:1:
“Aconteció después,
que Jesús iba por todas las
aldeas, predicando y anunciando el
evangelio del reino de Dios, y los
doce con él.”
Hechos 8:12:
“Pero cuando creyeron a Felipe,
que anunciaba el evangelio del reino
de Dios y el nombre de Jesucristo,
se bautizaban hombres y mujeres”.
Hechos 19:8:
“Y entrando Pablo en la sinagoga
habló con denuedo por espacio
de tres meses, discutiendo y persuadiendo
acerca del reino de Dios”.
Hechos 20:25:
“Y ahora, he aquí, yo
sé que ninguno de vosotros,
entre quienes he pasado predicando
el reino de Dios, verá más
mi rostro”.
Hechos 28:23, 30, 31:
“Y habiéndole señalado
un día, vinieron a él
muchos a la posada, a los cuales les
declaraba y les testificaba el reino
de Dios desde la mañana hasta
a tarde, persuadiéndoles acerca
de Jesús, tanto por la ley
de Moisés como por los profetas.
Y pablo permaneció dos años
enteros en una casa alquilada, y recibía
a todos los que a él venían,
predicando el reino de Dios y enseñando
acerca del Señor Jesucristo,
abiertamente y sin impedimento”.
Hechos 14:22:
“…Es necesario que a través
de muchas tribulaciones entremos en
el reino de Dios”
Lucas 9:60:
“Jesús le dijo: Deja
que los muertos entierren a sus muertos;
y tú vé, y anuncia el
reino de Dios”.
1 Corintios 15:50:
“Pero esto digo, hermanos: Que
la carne y la sangre no pueden heredar
el reino de Dios, ni la corrupción
hereda a incorrupción”.
Juan 3:3,5:
“Respondió Jesús
le dijo: De cierto, de cierto te digo,
que el que no naciere de nuevo no
puede ver el reino de Dios. Respondió
Jesús: De cierto de cierto
te digo, el que no naciere de agua
y del Espíritu, no puede entrar
en el reino de Dios”.
Santiago 2:5:
“Hermanos míos amados,
oíd: ¿No ha elegido
Dios a los pobres de este mundo, para
que sean ricos en fe y herederos del
reino que ha prometido a los que le
aman?”.
Marcos 12:34:
“Jesús entonces, viendo
que había respondido sabiamente,
le dijo: No estás lejos del
reino de Dios…”
Mateo 25:31,34:
“Cuando el Hijo del Hombre
venga en su gloria, y todos los
santos ángeles con él,
entonces se sentará en su
trono de gloria. Entonces el rey
dirá a los de su derecha:
Venid, benditos de mi Padre, heredad
el reino preparado para vosotros
desde la fundación del mundo”.
Mateo 6:33:
“Mas buscad primeramente el
reino de Dios y su justicia, y todas
estas cosas os serán añadidas”.
1 Tesalonicenses 1:5:
“…para que seáis
tenidos por dignos del reino de
Dios, por el cual asimismo padecéis”.
2 Pedro1:11:
“Porque de esta manera os
será otorgada amplia y generosa
entrada en el reino eterno de nuestro
Señor y salvador Jesucristo”.
Gálatas 5:19,21:
“Y manifiestas son las obras
de la carne: adulterio, fornicación,
inmundicia, lascivia…los que
practican tales cosas no heredarán
el reino de Dios”.
Hechos 1:3:
“A quienes también,
después de haber padecido,
se presentó vivo con muchas
pruebas indubitables, apareciéndoseles
durante cuarenta días, y
hablándoles acerca del reino
de Dios”.
Lucas 13:29:
“Porque vendrán del
oriente y del occidente, del norte
y del sur, y se sentarán
a la mesa en el reino de Dios”.
Lucas 18:24:
“Al ver Jesús que se
había entristecido mucho,
dijo: ¡Cuán difícilmente
entrarán al reino de Dios
los que tienen riquezas!”.
Todas estas citas bíblicas
nos prueban que el evangelio o “buenas
noticias” tienen que ver con
algo llamado el reino de Dios. Usted
encontrará esa frase en muchísimos
textos bíblicos, como una
promesa para los creyentes consagrados
al Señor. Es algo que se
puede ver y entrar, además
es algo que Cristo reinaugurará
en su segunda venida con sus discípulos.
Al reino no se le puede ingresar
con este cuerpo mortal, ya que requiere
antes su transformación cuando
Cristo regrese. El Reino es algo
que viene a la tierra, y un asunto
que debemos buscar y pedir diariamente.
El Reino de Dios es el Gobierno
de Cristo en la Tierra:
También el reino de Dios
tiene que ver con un gobierno en
la tierra, pues en innumerables
pasajes a Jesús se le llama
“Príncipe de paz”,
“Hombre noble”, “Rey”,
“Deseado de todos los pueblos”,
“Salvador”, “Mesías”,
“Juez”, etc.
Sí, Jesús vino predicar
un nuevo gobierno mundial liderado
por él y su iglesia leal,
pues también se nos revela
que su gobierno será global,
desde los ríos y mares más
lejanos de la tierra. Dice el Salmo
72:7, 8:
“Florecerá en sus días
justicia, y muchedumbre de paz,
hasta que no haya luna. Dominará
de mar a mar, y desde el río
hasta los confines de la tierra”.
Así es, Jesús ha prometido
traer la justicia y la paz a la
tierra — ¿cómo?
— con su gobierno mundial
o también llamado: “el
Reino de Cristo”.
En una ocasión Jesús
fue interrogado por Pilatos de la
siguiente manera:
“¿Luego, eres tú
rey? Respondió Jesús:
Tú dices que yo soy rey.
Yo para esto he nacido, y para esto
he venido al mundo, para dar testimonio
a la verdad…” (Juan
18:37).
Aquí claramente Jesús
reconoce que es rey, y que vino
al mundo para dar testimonio de
esa verdad. Sin embargo poquito
antes Jesús había
dicho: “Mi reino no es de
aquí” (v.36), o sea
del presente mundo o era maligna
del diablo.
La Esperanza Mesiánica:
Jesús era esperado como el
Mesías que gobernaría
sobre Israel y que depondría
a la tiranía romana sobre
los judíos. Sí, el
Cristo era esperado por los judíos
como el libertador de la tiranía
romana. Este líder era aguardado
como aquel que reanudaría
la dinastía del rey David
en Jerusalén, la capital
del reino de Dios. Y es que el reino
davídico era el reino de
Dios, el cual fue suspendido con
el derrocamiento de su último
rey judío Sedequías
en 586 AC.
Lo que los paisanos de Jesús
no acababan de comprender es que
la presencia de Cristo hace dos
milenios tenía el propósito
de llamar y de preparar a los herederos
del reino, es decir, a sus elegidos
o su iglesia. Jesús vino
a traer consuelo, y a salvar a los
pecadores, para hacerlos dignos
y aptos para su reino venidero de
justicia. Recuerde Santiago 2:5,
en donde Santiago enseña
que Dios escogió a los pobres
de este mundo para convertirlos
en reyes y co-gobernantes en el
reino de Cristo. En Apocalipsis
2:26 se lee:
“Al que venciere y guardare
mis obras hasta el fin, yo le daré
autoridad sobre las naciones”.
La iglesia ha sido llamada para
cumplir con el plan maestro de Dios
para la transformación de
la sociedad humana que se encuentra
en decadencia absoluta. Dice San
Juan en Apocalipsis 5:10:
“Y nos has hecho para nuestro
Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos
sobre la tierra”.
Pues bien, nótese que la
iglesia está llamada a reinar
con Cristo sobre la tierra, y no
desde el cielo, como algunos cristianos
aún creen erradamente. El
Reino de Cristo será en la
tierra, no en el cielo, y durará
mil años o diez siglos corridos.
Dice Juan en Apocalipsis 20:6: “…y
reinarán con él mil
años”. Además,
en Apocalipsis 3:21 hay más
información de la herencia
de la iglesia. Juan escribe lo siguiente:
“Al que venciere, le daré
que se siente conmigo en mi trono,
así como yo he vencido, y
me he sentado con mi Padre en su
trono”.
El Trono de Cristo y su Ubicación:
Siendo que Cristo tiene su trono
propio el cual compartirá
con su amada iglesia, es lógico
preguntarse: ¿Qué
es ese trono, y dónde estará?.
El trono de Cristo es el trono de
David su padre. En Lucas 1:31-33
el ángel Gabriel le dice
a María, la madre de Jesús,
lo siguiente:
“Y ahora, concebirás
en tu vientre, y darás a
luz un hijo, y llamarás su
nombre Jesús. Este será
grande, y será llamado Hijo
del Altísimo; y el Señor
Dios le dará el trono de
David su padre; y reinará
sobre la casa de Jacob para siempre,
y su reino no tendrá fin”.
Este anuncio del ángel Gabriel
no es creído en su forma
literal, y más bien ha sido
“espiritualizado” o
“alegorizado” por el
catolicismo, y aun, por algunas
denominaciones protestantes. Pero
lo cierto es que Cristo tomará
el trono de su ancestro David, y
lo hará suyo, como el legítimo
heredero al trono judío en
Israel (=la casa de Jacob). Es por
eso que el evangelista Mateo comienza
su evangelio diciendo:
“Libro de la genealogía
de Jesucristo, hijo de David, hijo
de Abraham” (Mateo 1:1).
Sí, el reino de David, y
el de sus descendientes, era el
reino de Dios, cuya capital estaba
localizada en la amada Jerusalén
(1 Crónicas 28:5). Esa dinastía
suspendida desde 586 AC será
reanudada con Jesucristo, el hijo
de David. Efectivamente, Jesús
restaurará el reino de su
ancestro David cuando regrese en
gloria desde el cielo (Lucas 19:11,
12; Daniel 7:13, 14: Mateo 25:31,34;
Hechos 1:3, 6, 7).
También Jesús admite
que Jerusalén es la ciudad
escogida y amada del gran rey del
reino de Dios (Mateo 5:33-35). Sí,
Jesús llama a Jerusalén:
La ciudad del gran rey. Y esto va
en concordancia con lo dicho por
Jeremías en el capítulo
3 y verso 17 de su libro: “…llamarán
a Jerusalén, trono de Jehová…”.
Este hecho profético, de
una Jerusalén como el centro
del mundo de mañana, es significativo.
Hoy las naciones árabes quieren
retomar Jerusalén, desde
que esta ciudad pasó a manos
de sus legítimos dueños
en Mayo de 1948. Después
de dos milenios de destierro y diáspora
del pueblo Judío, éstos
han recuperado su territorio de
la promesa. Y en Junio de 1967,
en la guerra de los seis días,
la amada ciudad capital de David,
Jerusalén, es reconquistada.
Esto vino como cumplimiento de la
profecía de Jesús
dada en Lucas 21:24, que dice:
“…y serán llevados
cautivos a todas las naciones; y
Jerusalén será hollada
por los gentiles, hasta que los
tiempos de los gentiles se cumplan”.
Sí, las naciones extranjeras
(romanos, árabes, turcos,
e ingleses), pisotearon Jerusalén
durante el destierro de su gente
judía, hasta que en la segunda
mitad del siglo XX esta amada ciudad
pasó a manos de los judíos.
¡Se cumplió la profecía!
Los Pueblos serán Regidos
con Vara de Hierro:
Cuando Cristo y su iglesia comiencen
a gobernar este mundo, lo harán
con mano firme y con autoridad de
Dios. Sí, La Biblia habla
que Cristo regirá con vara
de hierro, y esto supone que no
será un gobierno débil
o defectuoso. Dice Apocalipsis 12:5:
“Y ella dio a luz a un hijo
varón que regirá con
vara de hierro a todas las naciones…”
Muchos pueblos de la tierra han
sido tratados duramente por sus
gobernantes impíos y ateos,
los cuales no han logrado durar
o ganarse el afecto permanente de
sus simpatizantes. Y es que ellos
mismos no han tenido la sabiduría
que viene de lo alto para corregir
los males de la sociedad humana.
Muchos han gobernado a espaldas
de Dios, y sólo han buscado
su beneficio económico y
de los que los rodean y adulan.
No obstante, el gobierno de Cristo
y de su iglesia, transformada en
divina, y llena del Espíritu
Santo, sabrá solucionar los
males más comunes de la sociedad
humana, como son los crímenes,
las injusticias, las explotaciones,
las miserias, los vicios, las enfermedades,
la polución, el hambre, las
plagas, etc. Estas son buenas noticias
en verdad. Entonces se cumplirá
la profecía de 2 Pedro 3:13,14
que dice:
“Nosotros esperamos según
sus promesas, nuevos cielos y nueva
tierra donde mora la justicia”.
Sí, “una nueva tierra
de justicia” (no “el
cielo”) es nuestra esperanza,
pues Jesús mismo lo dijo:
“Los mansos heredarán
la tierra” (Mateo 5:5).
La Tierra Será un Paraíso:
Dios creó a la primera pareja
humana y la puso en un jardín
hermoso, o también llamado
parque, o “paraíso
edénico”. Adán
y Eva podrían disfrutar de
los frutos de los árboles
y de los productos de la tierra
sin tener que sufrir para ganárselos.
La maldición no era algo
conocido para ellos, sino las bendiciones
del Creador. Sí, la tierra
será un verdadero paraíso
de Dios, pues dice Isaías
51:3:
“Ciertamente consolará
Jehová a Sión; consolará
todas sus soledades, y cambiará
su desierto en paraíso, y
su soledad en huerto de Jehová;
se hallará en ella alegría
y gozo, alabanza y voces de canto”.
Sin duda Dios preparó todo
para los humanos, dándoles
aire puro, animales dóciles,
frutos sanos y sin plagas, agua
pura y sin la contaminación
por los desechos químicos
o bacteriológicos, una tierra
fértil, etc. Y lo más
importante aún es que ellos
no fueron creados para morir, sino
para vivir eternamente. Su desgracia
se originó por su desobediencia
y rebelión hacia Dios y sus
leyes. La salud, la paz, la felicidad,
y la longevidad serán restauradas,
y los animales no serán violentos
ni amenazadores.
Los ejércitos del mundo habrán
desaparecido de la faz de la tierra,
así como los idiomas, las
fronteras, las clases sociales,
la pobreza, las enfermedades, las
plagas, las contaminaciones, los
vicios, la deforestación,
los desiertos, las sequías,
la explotación, los desamparados,
los cojos, los ciegos, los mancos,
los paralíticos, los que
sufren de enfermedades mentales,
los enajenados, los retardados,
los atormentados, los angustiados,
los resentidos, etc.
En el Salmo 115:16 leemos algo que
es muy significativo e iluminador:
“Los cielos son los cielos
de Jehová; y ha dado la tierra
a los hijos de los hombres”.
Aquí hay un plan de Dios.
Los cielos son para Dios, y la tierra
para los hombres. El propósito
de Dios es que la tierra sea habitada
por los hombres que él creó
(Isaías 45:12). Pero también
es cierto que Dios se opone firmemente
a los hombres que están destruyendo
su creación, a través
de la falsa ciencia, que ha originado
la contaminación del agua,
aire, alimentos, etc. (Apocalipsis
11:18).
Un Divino “Nuevo Orden Mundial”
con Gente Recta:
En el Salmo 37 encontramos hermosos
versículos que nos hablan
de una tierra “nueva”
en donde las cosas malas del pasado
habrán desaparecido por completo.
Veamos algunos pasajes:
Verso 9: “Porque los malignos
serán destruidos, pero los
que esperan en Jehová, ellos
heredarán la tierra”.
Verso 11: “Pero los mansos
heredarán la tierra, y se
recrearán con abundancia
de paz”.
Verso 22: “Porque los benditos
de él heredarán la
tierra; y los malditos de él
serán destruidos”.
Verso 29: “Los justos heredarán
la tierra, y vivirán para
siempre sobre ella”.
El hijo del rey David, Salomón,
dijo:
Proverbios 2:21:
“Porque los rectos habitarán
la tierra, y los perfectos permanecerán
en ella”.
Proverbios 10:30:
“El justo no será removido
jamás; pero los impíos
no habitarán la tierra”.
Notemos que el sabio Salomón
afirma que los rectos, justos y
perfectos habitarán la tierra,
y no serán removidos de ella.
Esto es muy interesante, dado que
la teología tradicional ha
enseñado lo contrario, diciendo
que los hombres justos y rectos
serán removidos de la tierra
al cielo para vivir como angelitos
alados, y tocando un arpa celestial.
Pero, ¿quiénes son
los perfectos? La Biblia responde
a esta pregunta muy directamente.
En una ocasión Jesús
les dijo a sus discípulos:
“Sed, pues, vosotros perfectos,
como vuestro Padre que está
en los cielos es perfecto”
(Mateo 5:48). Aun Jesucristo, el
Hijo de Dios, hará de la
tierra su habitación, pues
él mismo es el más
grande justo de todos los tiempos.
Dice La Biblia que Jesús
era un hombre justo en Mateo 27:19,24;
Lucas 23:47; Hechos 7:52; 22:14.
También se afirma que los
cristianos son justos, y en consecuencia,
son ellos los que heredarán
la nueva tierra de justicia en el
reino de Cristo (Romanos 3:26; 5:19).
El Reino de Dios es Básicamente
para los Desposeídos del
Mundo:
Es lógico suponer que los
ricos no se interesen por un mundo
de justicia y de prosperidad para
todos, ya que ellos tiene todo lo
que alguno quisiera tener ahora.
Ellos no tienen mayor necesidad
material o espiritual, pues se creen
los amos y señores del mundo.
Dice Santiago 2:5 que “Dios
escogió a los pobres de este
mundo para que sean ricos en fe,
y herederos del reino que ha prometido
a los que le aman”.
También encontramos la sentencia
de Jesucristo para los ricos de
este mundo: “¡Cuán
difícilmente entrarán
al reino de Dios los que tienen
riquezas!” (Lucas 18:24).
De modo que aquí tenemos
que el reino o gobierno de Cristo,
en la era venidera, estará
compuesto mayormente por personas
que hoy no tienen casi nada, y que
no han recibido, probablemente,
una educación formal en un
colegio, o en alguna universidad.
Recordemos que los discípulos
de Cristo estaban constituidos por
gentes iletradas, o del vulgo, pero
que aceptaron la esperanza del reino
o gobierno de Cristo como un niño
acepta una promesa o un regalo.
Dice Jesús:
“De cierto os digo, que el
que no recibe el reino de Dios como
un niño, no entrará
en él.”
(Lucas 18:17).
Hoy las naciones ricas explotan
a las pobres otorgándoles
préstamos que se les hacen
imposibles de pagar. Éstas
sólo pueden pagar parte de
los intereses, que de hecho ya son
altos.
Los gobernantes no tienen la posibilidad
de lograr el contentamiento de sus
gobernados, pues tienen que destinar
la mayor parte de sus ingresos al
pago de la deuda externa. Siempre
habrá inconformidad e insatisfacción
dentro de cualquier nación
del mundo donde pesa la deuda externa.
Un Mensaje Poco Popular:
El mensaje de Cristo sobre un reino
en la tierra, con un rey que viene
del cielo para regir el mundo desde
Jerusalén, no es creído
tan fácilmente. Y es que
después de haberse enseñado
por siglos una doctrina totalmente
distinta, y fuera de este mundo,
a las personas se les hace difícil
aceptar una doctrina que concentra
las esperanzas cristianas en la
tierra. Para esas personas, nuestra
propuesta cristiana sabe a “Judaísmo”
y no a “cristianismo ortodoxo”.
Pero los tales se olvidan que Cristo
era un Judío, e igualmente
todos sus apóstoles. La primera
iglesia en Jerusalén era
judía, y aun las Escrituras
Hebreas que se usaban y se usan
aún hoy son precisamente
eso — Hebreas. Incluso el
Nuevo Testamento fue escrito mayormente
por Hebreos, con excepción
del evangelista Lucas.
La Salvación Viene de los
Judíos:
Sí, los “antisemitas
cristianos” debieran recordar
lo dicho por el mismísimo
Jesús, su Señor y
Maestro:
“Vosotros adoráis lo
que no sabéis; nosotros adoramos
lo que sabemos; porque la salvación
viene de los judíos”
(Juan 4:22).
Esta es una crucial declaración
de nuestro Señor Jesucristo
que ha sido ignorada por el catolicismo
romano y por algunas denominaciones
protestantes. Los católicos,
por muchísimos siglos, han
mantenido una posición antisemita,
o antijudía, persiguiendo
y matando a miles de Judíos
en Europa y cerrando los ojos ante
la barbarie Nazi de la Segunda Guerra
Mundial.
Los católicos ahora piden
perdón por su ignorancia
pasada contra los judíos,
aunque en la práctica no
llegan a entender que al pueblo
Hebreo Dios le ha prometido la tierra
santa, y no a los árabes
(Génesis 12:3, 13:15; 15:18;
21:10). Ahora los católicos,
a través de su representante,
el Papa, están impulsados
hacer de Jerusalén una ciudad
dividida o internacionalizada para
que sea gobernada por árabes
y judíos por igual, ignorando
así las Palabras de Dios
sobre el asunto.
En Romanos 11:1,2 el Hebreo Pablo
afirma que Dios no ha rechazado
a su pueblo al cual conoció
primero. Estas son sus palabras:
“Digo, pues: ¿ha desechado
Dios a su pueblo? EN NINGUNA MANERA.
Porque también yo soy israelita,
de la descendencia de Abraham, de
la tribu de Benjamín. NO
ha desechado Dios a su pueblo, al
cual desde antes conoció…”
Además, él mismo afirmó:
“Que son israelitas, de los
cuales SON (NO “eran”)
la adopción, la gloria, el
pacto, la promulgación de
la ley, el culto y las promesas”
(Romanos 9:4).
Por otro lado, Pablo sostiene que
el actual estado de incredulidad
hacia Cristo de los judíos
tiene como fin el ingreso de los
no judíos al pueblo de Dios.
Los que desecharon a Jesús
son reemplazados por los cristianos
gentiles o no judíos, y de
ese modo el pueblo de Dios es un
pueblo mixto de creyentes que han
aceptado el evangelio salvador de
Cristo. No obstante, el apóstol
Pablo sigue afirmando que el árbol
de olivo, que representa al pueblo
Hebreo, y su rica savia, que representa
los pactos y promesas de Dios, “nutren”
a los gentiles y no al revés
(Romanos 11:17-25).
Las promesas judaicas serán
también compartidas por los
creyentes que no son judíos,
porque han creído en Cristo
y en su evangelio del reino. Leer
también Efesios 2:11-19 para
hallar más luz sobre este
tema profundo. Yo espero que el
Espíritu Santo pueda guiar
al lector de este estudio para que
comprenda el plan de Dios.
Si, el pueblo Hebreo o llamado también
Judío o israelita, tiene
una preferencia o predilección
de parte de Dios. Pablo vuelve a
decir:
“Así que en cuanto
al evangelio, son enemigos a causa
de vosotros; pero en cuanto a la
elección, son amados por
causa de los padres” (Romanos
11:28).
¿Quiénes son los padres?
La respuesta es que son los patriarcas
Abraham, Isaac y Jacob, y también
David. A Abraham, Dios le dijo que
él sería bendición
para toda la humanidad (Génesis
12:1) — ¿Cómo?
A través de su simiente o
descendencia.
Sí, Abraham procrearía
un hijo, el cual, a su vez, procrearía
a otro hasta llegar a Jesucristo,
el hijo de la promesa final.
A Abraham Dios le promete, además,
darle una tierra, la cual sería
la sede de su reino — el reino
milenario de Dios (Génesis
13:15; 15:18; 1 Crónicas
28:5). Sí, Dios le dijo a
Abraham que tendría un hijo
especial que sería para la
bendición del mundo entero.
Este hijo sería un gobernante
o soberano mundial que traería
la justicia y la paz nunca antes
vistas por hombre alguno.
Es por eso que Mateo comienza su
evangelio diciendo que Cristo es
hijo de Abraham e hijo de David,
pues de ambos desciende. Nótese
que desciende de un rey —
¡David! Eso quiere decir que
Cristo es de linaje real, un hombre
noble, un príncipe heredero
del trono de David, por ahora suspendido.
Así como Jordania tiene un
rey o una monarquía real,
así también lo tendrá
Israel cuando regrese del cielo
el heredero del trono de David,
el Señor Jesucristo (Léase
Mateo 25:31,34).
Si, Israel será nuevamente
un estado monárquico con
Cristo a la cabeza de su reino restaurado.
Usted Puede ser Un Hijo de Abraham:
Si usted se hace judío espiritual
por medio de convertirse en un hijo
adoptivo de Abraham por la fe en
Jesucristo, usted será un
protagonista en el gobierno mundial
y milenario de Cristo. Este es su
potencial como un hijo de Dios y
el propósito de su vida en
Cristo. Dice Pablo en Gálatas
3:16,29:
“Ahora bien, a Abraham fueron
hechas las promesas, y a su SIMIENTE.
NO dice: Y a las simientes como
si hablase de muchos, sino como
de uno: Y a tu simiente, la cual
es Cristo. Y si vosotros sois de
Cristo, ciertamente linaje de Abraham
sois, y herederos según la
promesa”.
Y también Pablo dice:
“Sabed, por tanto, que los
que son de fe, éstos son
hijos de Abraham. De modo que los
de la fe son bendecidos con el creyente
Abraham” (Gálatas 3:7,9).
Sí, usted puede ser un hijo
de Abraham, y ser bendecido con
él de las promesas de Dios.
Recuerde que Dios le prometió
a Abraham lo siguiente:
“Porque toda la tierra que
ves, la daré a ti y a tu
descendencia para siempre”
(Génesis 13:15).
Y como ya vimos en Gálatas
3:16,29, la descendencia principal
y singular es Cristo. Por tanto
Abraham y Cristo heredarán
el mundo. También dice Pablo
de Jesús:
“Porque NO POR LA LEY fue
dada a Abraham o a su descendencia
la promesa de que sería heredero
del mundo, sino por la Justicia
de LA FE” (Romanos 4:13).
No obstante, si usted es un cristiano
(de Cristo), y cree en el mensaje
del evangelio del reino, usted es
constituido inmediatamente en otro
hijo de Abraham, y también
en hijo de Dios y con iguales derechos
que Cristo para heredar las promesas
de la herencia del mundo. Dice Pablo
al respecto:
“Y si hijos, también
herederos; herederos de Dios y coherederos
con Cristo, SI es que padecemos
juntamente con él, para que
juntamente con él seamos
glorificados” (V.R.V. 1960)
(Romanos 8:17).
Si mi amigo, ni Jesús, ni
nosotros, viviremos en el cielo
con Jesús. Lo que La Biblia
en verdad enseña es que viviremos
en esta tierra hecha nueva, con
Cristo y los salvos, es decir: Los
que han creído en Cristo
y en su evangelio del reino, y han
hecho de éstos, el objeto
o la razón de su existencia.
Cristo y su iglesia están
llamados a regir el venidero mundo
de justicia, cuando se reinaugure
el gobierno o reino de Dios en la
tierra, al regreso de Cristo a la
tierra con gloria y poder desde
los cielos. Este es el destino final
de los elegidos de Dios —
¡NO una estadía eterna
en el cielo!.
El Cielo NO fue la Promesa de Cristo:
En Juan capítulo 13, y verso
33, Jesús fue claro al decirles
a sus discípulos:
“Hijitos, aún estaré
con vosotros un poco. Me buscaréis;
pero como dije a los judíos,
así os digo a vosotros ahora:
A donde yo voy, vosotros no podéis
ir”.
¡Sorprendente! Jesús
fue claro al decirnos que NOSOTROS
NO PODEMOS IR AL CIELO donde él
regresaba. Entonces, si no podemos
ir al cielo: ¿dónde
iremos o estaremos con Jesús?
La respuesta la da Jesús
en el siguiente capítulo
(el 14) y verso 3:
“Y si me fuere y os preparare
lugar, vendré otra vez, y
os tomaré a mí mismo,
para que donde YO ESTOY, ustedes
también estéis”.
Nótese que Jesús es
claro al decir que nosotros estaremos
en el mismo lugar donde él
está cuando pronuncia la
promesa. Ahora bien, Jesús
no estaba en el cielo, sino en la
tierra prometida. De modo que la
frase: “para que DONDE YO
ESTOY” no es el cielo, sino
la tierra. Y es en la tierra prometida
donde él va a estar con nosotros
— ¡NO en el cielo!
Muchos cristianos no se han puesto
a meditar seriamente en lo dicho
por Jesús en Juan 14:3. Además,
Jesús va al cielo para prepararnos
un lugar — ¿qué
lugar es ése? ¿Se
contradice Cristo? De ningún
modo! Ahora regresemos a los versículos
1 y 2 de Juan 14, para adquirir
más luz y entendimiento del
lugar que Jesús nos está
preparando en el cielo. Dicen los
versículos 1 y 2 así:
“No se turbe vuestro corazón;
creed en Dios, creed en mí.
En la casa de mi Padre muchas moradas
hay; si así no fuera, yo
os lo hubiera dicho; voy, pues,
a preparar lugar para vosotros”.
La Biblia no se contradice, y menos
Cristo. De modo que tenemos que
armonizar Las Escrituras escudriñando
cada palabra del texto. En primer
término, Jesús dice
que él estaba por regresar
al cielo en donde se halla algo.
Ese algo es: ‘La casa de su
Padre’. Sí, Jesús
regresó a la casa de Su Padre
que está localizada en el
cielo. Como toda casa o mansión,
ésta tiene necesariamente
aposentos o habitaciones para los
hijos del Padre, y los invitados.
Obviamente, Dios, como Padre de
familia, tiene su propia habitación,
y también un gran salón
donde tiene su trono.
Ahora bien, esto parece increíble,
pero recordemos que Jesús
mismo dijo que el templo de Jerusalén,
al cual se le había convertido
en un mercado de ladrones, era la
casa de su Padre. Lea por favor
lea Juan 2:16. Aquí Jesús
dice, al momento que expulsaba a
los mercaderes del templo:
“…y no hagáis
de la casa de mi Padre casa de mercado”.
Ahora note que al templo de Jerusalén,
Jesús lo llama: “la
casa de mi Padre”. Sí,
el templo de Jerusalén era
la casa de Dios el Padre. ¡Sorprendente!
Un Dios con su propia casa en la
tierra. Los Judíos adoraban
al Padre en ese templo, aunque no
tenían acceso al santísimo,
donde moraba él por medio
de su Espíritu. Sólo
el Sumo Sacerdote tenía acceso
a él, no el pueblo. Con ese
templo, los judíos sentían
la presencia de Dios en sus vidas,
y lo “veían”
cerca de ellos.
Pero en Juan 14:2, Jesús
habla de que en el cielo hay otra
casa de Dios Padre. Esa casa tiene
moradas, así como el templo
judío las tenía. Además,
esa casa celestial tiene las características
del templo en Jerusalén de
los tiempos de Jesús, con
lugares sagrados, y aposentos para
los diferentes servidores. Aún
ese templo o casa celestial tiene
un lugar llamado el Santísimo,
donde mora Dios.
Esta verdad de un templo, casa o
edificio celestial se deja ver en
Hebreos 9:24. Pablo dice:
“Porque no entró Cristo
en el santuario hecho de mano FIGURA
DEL VERDADERO, sino al cielo mismo
para presentarse ahora por nosotros
a Dios”.
Nótese que en el cielo hay
un santuario VERDADERO, el cual
tuvo uno pequeño (como figura)
en la tierra de Israel. Así
como el Sumo Sacerdote entraba en
el santuario terrenal para ofrecer
sacrificios por los pecados de los
judíos; así Cristo,
como Sumo Sacerdote, se ofreció
a sí mismo por los pecados
del mundo, y tiene todo el derecho
de estar ante la presencia de Su
Padre Dios, y de abrirnos el paso
a nosotros hacia el trono de la
gracia igualmente.
Ahora somos parte de la familia
de Dios como hijos suyos, y con
el derecho de estar frente a él
y de morar en su casa o santuario
verdadero, el cual es más
amplio. Dice Pablo en Hebreos 9:11:
“Estando ya presente Cristo,
sumo sacerdote de los bienes venideros,
por el más amplio y más
perfecto tabernáculo, no
hecho de manos, es decir, no de
esta creación”.
El Santuario Bajará a la
Tierra:
He aquí el punto crucial:
Nosotros no iremos al cielo para
entrar al santuario o tabernáculo
verdadero, ¿Por qué?
¡Porque éste bajará
a la tierra, y Dios estará
con los hombres! Esta es una verdad
ignorada por las iglesias tradicionales
que han vivido a espaldas de Las
Escrituras Sagradas. Veamos algunos
textos:
“Y yo Juan vi la santa ciudad,
la nueva Jerusalén, descender
del cielo de Dios, dispuesta como
una esposa ataviada para su marido.
Y oí una voz del cielo que
decía: He aquí el
tabernáculo de Dios con los
hombres, y él morará
con ellos; y ellos serán
su pueblo, y Dios mismo estará
con ellos como su Dios”.
Nótese que se habla de que
este tabernáculo está
estrechamente relacionado con una
ciudad celestial (¿la casa
del Padre?), y que desciende a la
tierra para que Dios more con los
hombres.
Por eso, no es de extrañar
que Abraham, el padre de la fe,
esperara por esta ciudad o tabernáculo
de Dios para que Dios reine entre
los hombres finalmente. Dice Pablo
de Abraham, nuestro padre de la
fe, lo siguiente:
“Por la fe Abraham, siendo
llamado, obedeció para salir
al lugar que había de recibir
como herencia; y salió sin
saber a dónde iba. Por la
fe habitó como extranjero
en la tierra prometida, morando
en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos
de la misma promesa; porque esperaba
la ciudad que tiene fundamentos,
cuyo arquitecto y constructor es
Dios” (Hebreos 11:8-10).
Por eso Pablo pudo decir con confianza:
“Porque no tenemos aquí
ciudad permanente, sino que buscamos
la porvenir” (Hebreos 13:14).
Es claro, entonces, que hay un futuro
promisorio para nuestro planeta,
cuando Dios y sus ángeles
(los verdaderos extraterrenos) radiquen
en nuestro mundo para transformar
el orden de cosas presentes que
es diabólico.
Contrario a lo predicado por las
religiones de hoy, Jesús
sí volverá a pisar
este mismo planeta para transformarlo.
Recordemos la promesa de los dos
ángeles, cuando Jesús
ascendía al cielo:
“…varones galileos,
¿porqué estáis
mirando al cielo? este mismo Jesús,
que ha sido tomado de vosotros al
cielo, así vendrá
como lo habéis visto ir al
cielo” (Hechos 1:11).
Por eso San Pablo pudo decirle a
Tito con verdad sobre este extraordinario
suceso:
“Aguardando la esperanza bienaventurada
y la de nuestro gran Dios y salvador
Jesucristo”
(Tito 2:13).
También le dijo a Timoteo:
“Pablo, apóstol de
Jesucristo por mandato de Dios nuestro
Salvador, y del Señor Jesucristo
nuestra esperanza” (1 Timoteo
1.1).
También Pablo expresó
confiadamente lo siguiente al joven
Timoteo:
“Te encarezco delante de Dios
y del Señor Jesucristo, que
juzgará a los vivos y a los
muertos en su manifestación
y en su reino… Porque yo ya
estoy para ser sacrificado, y el
tiempo de mi partida está
cercano. He peleado la buena batalla,
he guardado la carrera, he guardado
la fe. Por lo demás, me está
guardada la corona de justicia,
el cual me dará el Señor,
juez justo, en aquel día;
y no sólo a mí, sino
también a todos los que aman
su venida” (2 Timoteo 4:1,6-8).
El Significado de La Gloria:
El apóstol Pedro dijo: “Mas
el Dios de toda gracia, que nos
llamó a su gloria eterna
en Jesucristo, después de
que hayáis padecido un poco
de tiempo, él mismo os perfeccione,
afirme, fortalezca, y establezca”
(1 Pedro 5:10).
Y Pablo también dice lo mismo
cuando escribió: “Y
os encargábamos que anduvieseis
como es digno de Dios, que os llamó
a su reino y gloria” (1 Tesalonicenses
2:12).
En otros pasajes, la palabra “reino”
es intercambiable con la palabra
“gloria”, como se puede
descubrir comparando Mateo 20:21
y Marcos 10:37.
Mateo 20:21 dice: “Él
le dijo: ¿Qué quieres?
Ella le dijo: Ordena que en tu reino
se sienten estos dos hijos míos,
el uno a tu derecha, y el otro a
tu izquierda”.
Marcos 10:37 dice: “Ellos
le dijeron; Concédenos que
en tu gloria nos sentemos el uno
a tu derecha, y el otro a tu izquierda”.
Entonces la gloria prometida a los
cristianos no es otra cosa que participar
como protagonistas en el reino de
Cristo. Esta glorificación
no puede suceder antes de que aparezca
Cristo en el mundo por segunda vez,
pues dice Pedro:
“Y cuando aparezca el Príncipe
de los pastores, vosotros recibiréis
la corona incorruptible de gloria”.
Y también Pablo dice: “Pues
tengo por cierto que las aflicciones
del tiempo presente no son comparables
con la gloria venidera que en nosotros
ha de manifestarse” (Romanos
8:18).
De modo que Pablo y Pedro, dos grandes
apóstoles del Señor,
esperaban su gloria futura cuando
Cristo apareciese en el mundo a
resucitarlos en el día final
del mundo.
La Inmortalidad de los Creyentes:
No hay gloria sin inmortalidad,
ni inmortalidad sin gloria. Pablo
establece muy claramente esta verdad
al decir:
“El cual pagará a cada
uno conforme a sus obras: vida eterna
a los que, perseverando en bien
hacer buscan gloria, y honra, e
inmortalidad” (Romanos 2:6,7).
Notemos que si la gloria es aún
futura, también lo es la
inmortalidad. Esto significaría
que ningún hombre tiene un
alma inmortal inherentemente en
él. Y si esta conclusión
es razonable, entonces ningún
difunto parte al cielo, o al infierno,
o en el mejor de los casos, al purgatorio,
a través de sus supuestas
“almas inmortales”.
Nótese que Pablo dice que
estamos en la búsqueda de
la inmortalidad, lo cual claramente
implica que no la tenemos ahora.
Además, ya hemos visto que
la vida eterna se recibirá
cuando Cristo regrese por segunda
vez, y no antes. Dice Jesús
al respecto:
“Cuando el Hijo del Hombre
venga en su gloria, y todos los
santos ángeles con él,
entonces se sentará en su
trono de gloria… e irán
éstos (“las cabras”)
al castigo eterno, y los justos
a la vida eterna” (Mateo 25:
31,32, 46).
Si los justos difuntos están
ahora en el cielo como “almas
inmortales”, ¿qué
sentido tendría que estos
difuntos reciban la vida eterna
si ya la tienen al momento de “ascender
al cielo” en ocasión
de sus muertes?
La Naturaleza Divina:
Dice Pedro sobre nuestra futura
naturaleza divina, así:
“Como todas las cosas que
pertenecen a la vida y a la piedad…
nos ha dado preciosas y grandísimas
promesas, para que por ellas llegaseis
a ser participantes de la naturaleza
divina… porque de esta manera
os será otorgada amplia y
generosa entrada en el reino eterno
de nuestro señor y salvador
Jesucristo” (2 Pedro 1: 3,
4, 5, 6, 11).
Nótese que entrar al reino
venidero es adquirir la naturaleza
divina, lo que también significa:
Inmortalidad. Y es que los mortales
no pueden entrar al reino, pues
tienen que adquirir la naturaleza
divina en la resurrección
— ¡no en la muerte!
(ver 1 Corintios 15: 53).
La Salvación Venidera y Final:
La mayoría de cristianos
supone que ya son salvos desde su
conversión, ignorando que
aún queda una última
y final salvación cuando
Cristo vuelva a la tierra. Dice
Pablo en Hebreos 9:28:
“Así también
Cristo fue ofrecido una sola vez
para llevar los pecados de muchos;
y aparecerá por segunda vez,
sin relación con el pecado,
para salvar a los que le esperan”.
De igual parecer es Pedro, cuando
dice:
“Que sois guardados por el
poder de Dios mediante la fe, para
alcanzar la salvación que
está preparada para ser manifestada
en el tiempo postrero” (1
Pedro 1:5).
Pero, ¿qué significa
esa salvación del tiempo
postrero? La respuesta se deja encontrar
en el diálogo del joven rico
con Jesús en Mateo 19:16,
23, 25, donde se lee:
“Entonces, vino uno y le dijo:
Maestro bueno, ¿qué
bien haré para tener la vida
eterna?… Jesús le dijo:
Si quieres ser perfecto, anda, vende
todo lo que tienes, y dalo a los
pobres… oyendo el joven esta
palabra, se fue triste, porque tenía
muchas posesiones. Entonces Jesús
dijo a sus discípulos: De
cierto os digo que difícilmente
entrará un rico en el reino
de los cielos… sus discípulos
oyendo esto, se asombraron de gran
manera, diciendo: ¿quién,
pues, podrá ser salvo?”.
Nótese lo interesante de
este diálogo. Aquí
hay tres puntos importantes, que
son: “vida eterna”,
“reino de los cielos”,
y “salvo”. Es decir,
que la salvación no es otra
cosa que ‘tener la vida eterna
en el reino de Dios’.
Y otro texto que relaciona la salvación
con el reino venidero es Apocalipsis
12:10, que dice:
“Entonces oí una gran
voz en el cielo que decía:
Ahora ha venido la salvación,
el poder, y el reino de nuestro
Dios”.
Estas evidencias bíblicas
son más que suficientes para
demostrarnos que la salvación
es participar en el reino de nuestro
Dios. Un reino que “no es
de este mundo” (Juan 18:36),
sino del “venidero”
(Lucas 18:29,30).
La Esperanza de José de Arimatea:
Hablemos ahora de José de
Arimatea. ¿Qué importancia
tiene este hombre que sepultó
a Jesús? Dice el texto de
Marcos 15:43 lo siguiente:
“José de Arimatea,
miembro noble del concilio, que
también esperaba el reino
de Dios, vino y entró osadamente
a Pilato, y pidió el cuerpo
de Jesús”.
Mateo dice de José de Arimatea,
así:
“Cuando llegó la noche,
vino un hombre rico de Arimatea,
ciudad de Judea, que también
había sido discípulo
de Jesús…” (Mateo
27:57).
El evangelista Lucas habla de José
de Arimatea, así:
“Había un varón
llamado José, de Arimatea,
ciudad de Judea, el cual era miembro
del concilio, varón bueno
y justo” (Lucas 23:50).
Aquí vemos lo que esperaba
un discípulo de Jesús:
¡El Reino de Dios! Y nótese
que dice que él “también
esperaba el reino de Dios”,
lo que quiere decir que él
no era el único discípulo
que creyó y esperó
el reino de Dios. Esta es la prueba
de lo que un verdadero cristiano
esperó en el primer siglo
de la Era Cristiana: ¡El reino
de Dios!
Satanás y el Evangelio del
Reino:
Como es de esperarse, el diablo
no está nada contento con
las buenas noticias del reino de
Dios. Y la razón es que el
reino de Dios es el fin del reino
del diablo en este mundo malo. La
táctica del diablo es obscurecer
la mente y la razón del potencial
creyente, para que no le brille
la luz del evangelio. Dice así
Pablo:
“En los cuales el dios de
este siglo cegó el entendimiento
de los incrédulos, para que
no les resplandezca la luz del evangelio
de la gloria de Cristo, el cual
es la imagen de Dios”
(2 Corintios 4:4).
Y el mismísimo Señor
Jesucristo también dijo al
respecto:
“Y los de junto al camino
son los que oyen, y luego viene
el diablo y quita de su corazón
la palabra, para que no crean y
se salven” (Lucas 8:12).
Como dijimos antes, a muchas personas
incrédulas les parece que
el evangelio del reino es una completa
locura, o una fantasía de
mentes hiperactivas. Pero esas personas
no se dan cuenta de que ellas están
cegadas por una fuerza mayor y más
sutil llamada el diablo o Satanás.
Sin duda alguna, aquellas personas
que tercamente rechazan el evangelio
del reino de la gloria de Cristo,
están poniendo seriamente
en juego su salvación eterna.
Su destino será la perdición
eterna junto con el diablo y sus
demonios.
Los que aman la verdad de Cristo
deben cerciorarse si en verdad La
Biblia enseña “una
partida de nuestras almas inmortales
al cielo cuando morimos”.
Tener esperanzas que no se encuentran
en La Biblia pueden traernos trágicas
consecuencias en nuestras vidas
futuras.
Cualquiera que enseña otro
evangelio diferente de aquel enseñado
por Jesús está desviando
de la luz a los hombres.
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Que Dios le bendiga en el nombre
del Señor Jesús.
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